De la niñez a la adultez en el ámbito científico femenino

El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una conmemoración establecida por la Asamblea General de la ONU para reconocer la importancia de las mujeres en el desarrollo científico y tecnológico. Esta fecha nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre cuán cerca estamos de lograr un entorno verdaderamente inclusivo en estos ámbitos. Aunque hemos progresado, las estadísticas muestran que la igualdad de género en ciencia y tecnología aún es un desafío pendiente.

En Chile, de acuerdo con el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, aunque las mujeres constituyen más del 50% de las matrículas en educación superior, solo uno de cada cuatro estudiantes en áreas de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) es mujer. Las disciplinas tecnológicas presentan retos particularmente significativos: apenas un 9% de las matrículas en ingeniería eléctrica son ocupadas por mujeres, y, en general, la presencia femenina en estas carreras sigue siendo excepcional. Esta limitada representación conlleva a una ausencia de modelos a seguir, perpetuando un ciclo histórico que dificulta el acceso de las niñas a las carreras científicas y tecnológicas desde sus etapas formativas.

Asimismo, las brechas salariales entre campos dominados por mujeres y aquellos adultos por hombres persisten. Mientras que las mujeres graduadas en disciplinas como educación básica o enfermería perciben un sueldo promedio de $814.315 al segundo año de egreso, sus pares en ingeniería civil eléctrica o computación e informática, que son mayormente hombres, ganan un promedio de $1.408.522 durante el mismo periodo. Esta diferencia de más de $594.000 no es solo un tema económico, sino que también subraya la necesidad de continuar avanzando.

El techo de cristal también se manifiesta en el ámbito académico, donde en Chile las mujeres representan solo el 22% de las profesoras titulares. Las dificultades para equilibrar la vida profesional y familiar, junto con las exigencias del sistema académico, explican en parte esta desigualdad. Sin embargo, este contexto no debe ser un obstáculo para seguir impulsando un cambio real que permita a las mujeres ocupar posiciones de liderazgo en la investigación científica.

La pregunta que debemos plantearnos es: ¿Qué acciones estamos tomando como sociedad para modificar esta realidad? El papel de la educación superior es esencial en este proceso. Es vital crear un entorno inclusivo que promueva la participación activa de las mujeres en todos los campos del conocimiento, especialmente en aquellos donde la representación femenina es escasa.

Consideramos que las políticas institucionales deben traducirse en acciones concretas que fomenten la igualdad de oportunidades, el acceso a mentorías, y la visibilidad de mujeres científicas que puedan servir como referentes para las futuras generaciones.

Es crucial que las niñas no solo reconozcan su potencial en el ámbito científico, sino que también dispongan de los recursos, el apoyo y la confianza necesarios para desarrollarlo. Esto implica transformar los estereotipos de género y las estructuras laborales que aún obstaculizan la inclusión plena de las mujeres. Si no lo conseguimos, corremos el riesgo de perder valiosas aportaciones a la innovación y al progreso en sectores clave como la tecnología, la salud y la sustentabilidad, entre otros.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia debería ser una ocasión para reconsiderar cómo hacer de la ciencia un campo accesible y atractivo para todos, sin importar su género. Debemos seguir trabajando de manera sistemática y constante para que más mujeres lleguen a posiciones de decisión, laboratorios, empresas tecnológicas y proyectos de investigación.

Lo que se busca no es preparar a las niñas para que «rompan barreras» solas; se trata de que el sistema les ofrezca las herramientas, el respaldo y las oportunidades necesarias para que, sin obstáculos, puedan desarrollarse en cualquier campo del conocimiento que elijan. La ciencia y la tecnología deben ser, y seguir siendo, áreas inclusivas para todos.

Con Información de www.elperiodista.cl

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