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¿Qué hace a alguien un teórico de la conspiración? ¿Es la falta de educación, una imaginación desbordante o un sombrero de papel aluminio? Según un estudio reciente, no se trata de nada de eso, sino de algo psicológicamente revelador: una profunda inseguridad sobre el mundo que habitan.
El estudio, publicado en la revista Applied Cognitive Psychology, examinó 14 variables en demografía, ideología y personalidad para encontrar conexiones con el pensamiento conspiratorio. Se reclutaron 253 adultos para participar en el estudio, principalmente de Reino Unido, EE.UU., Canadá y Sudáfrica, con una edad promedio de 49 años.
Los investigadores estaban interesados en explorar los factores que podrían influir en si una persona tiene «creencias sobre encubrimientos». Esta es la idea general de que organizaciones o colectivos poderosos están ocultando la verdad al mundo, la cual solo los que tienen una mentalidad conspirativa pueden descubrir.
“He estado interesado en las teorías de conspiración durante mucho tiempo, habiendo publicado alrededor de 20 artículos sobre el tema en la última década”, comentó el autor principal del estudio y profesor de psicología en la Escuela de Negocios de Noruega, Adrian Furnham, a PsyPost. “Pocos, si es que hay, investigadores han tenido en cuenta la perspectiva de ‘encubrimiento’ de los creyentes en conspiraciones.”
Para medir el pensamiento conspiratorio de manera consistente, los investigadores crearon una escala de 10 puntos, basado en respuestas a afirmaciones como “los políticos generalmente no nos dicen los verdaderos motivos de sus decisiones” y “las agencias gubernamentales monitorean de cerca a todos los ciudadanos.” Los participantes también realizaron una evaluación de personalidad llamada High Potential Trait Indicator (HTPI), que mide seis rasgos, incluyendo competitividad y tolerancia a la ambigüedad.
Al finalizar el estudio, uno de los principales factores encontrados fue una fuerte correlación entre la aceptación de teorías conspirativas y una característica intrigante: una baja tolerancia a la ambigüedad.
En otras palabras, las personas que se sienten inseguras o incómodas al no tener todas las respuestas, o que no pueden entender que algunas situaciones son complejas, multidimensionales y desconcertantes incluso para los expertos, son más propensas a aceptar una teoría conspirativa poco sensata que ofrezca una respuesta sencilla, aunque sea incorrecta o una simplificación excesiva.
También se encontró una correlación significativa entre quienes creen que el mundo es fundamentalmente injusto —desde un punto de vista “de la naturaleza humana” — y aquellos que suscriben teorías extravagantes. Los que creen en un «mundo injusto», encontraron los investigadores, son más propensos a creer en grupos oscuros que mueven los hilos.
Contrario a lo que muchos podrían pensar, los investigadores no hallaron correlación entre el nivel educativo de una persona y su capacidad para creer en conspiraciones absurdas. Básicamente, esto sugiere que la inteligencia no es un factor determinante para que alguien caiga en una trampa conspirativa, lo que pinta un retrato muy diferente de los teóricos de conspiración al que normalmente se tiene.
De cara al futuro, se necesita más investigación con un tamaño de muestra mucho mayor para expandir los hallazgos. Aún así, es una fascinante mirada a los factores que podrían moldear el pensamiento conspiratorio: evidencia concreta de que, cuando nos enfrentamos a la incertidumbre, algunos de nosotros realmente preferimos mentiras simples a verdades complicadas.
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Con información de https://futurism.com/health-medicine/conspiracy-theories-psychology