Daniela Valdebenito Valdebenito
Profesora de la Carrera de Nutrición y Dietética
Universidad San Sebastián, sede De la Patagonia
A comienzos de este año, Estados Unidos presentó una actualización importante de sus recomendaciones alimentarias: las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030, desarrolladas por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA). Estas directrices orientan las políticas públicas, los programas alimentarios y los consejos clínicos en todo el territorio nacional.
Uno de los cambios más significativos y debatidos es la nueva representación gráfica en forma de pirámide alimentaria invertida, que reemplaza el modelo vigente desde 2011. En esta nueva pirámide, los alimentos más recomendados se encuentran en la parte superior, priorizando las proteínas de origen animal y vegetal, lácteos enteros, grasas saludables, así como frutas y verduras. En la base, más estrecha, se sitúan los granos integrales, mientras que se aconseja evitar o limitar los carbohidratos refinados, azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados.
Este diseño representa una evolución conceptual hacia el “consumo de alimentos naturales o mínimamente procesados” y “alimentos ricos en nutrientes”, promoviendo así una dieta centrada en productos “reales” con alta densidad de nutrientes.
Además, se subraya la importancia de aumentar la ingesta de proteínas, sugiriendo su inclusión en cada comida. También se fomenta el consumo de grasas saludables provenientes de nueces, semillas, aceitunas y palta, además de respaldar el consumo de lácteos enteros, en contraposición a las recomendaciones anteriores que favorecían las versiones bajas en grasa.
No obstante, algunos especialistas advierten que la representación de las carnes rojas podría dar lugar a interpretaciones erróneas, sugiriendo una recomendación universal sin tomar en cuenta el contexto clínico individual. Sin embargo, estas guías están dirigidas principalmente a personas sanas, con un enfoque preventivo más que terapéutico.
La evidencia actual no muestra una asociación consistente entre el consumo de lácteos enteros y un mayor riesgo cardiovascular. La pirámide también incluye carnes blancas, pescados, huevos y otros, lo que permite adaptar las recomendaciones a realidades locales, como la chilena, caracterizada por una alta prevalencia de enfermedades crónicas y cáncer.
Los nuevos desafíos que enfrentan estas guías consisten en asegurar su implementación equitativa, proporcionar una comunicación clara y práctica, equilibrar la salud con la sostenibilidad ambiental, y respetar la evidencia científica.
En resumen, las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030 promueven una alimentación basada en alimentos “reales”, ricos en nutrientes esenciales y mínimamente procesados, redefiniendo el papel de las grasas, cuyo impacto (ya sea positivo o negativo) será evaluado detenidamente por nutricionistas, la comunidad científica y la sociedad en su conjunto.
Con información de osornoenlared.cl
Con Información de chilelindo.org