Rutinas flexibles y una dosis de previsibilidad son esenciales para el bienestar de los jóvenes neurodivergentes durante las vacaciones, según una experta de la U. Andrés Bello
Durante las vacaciones, los adolescentes tienden a perder la estructura habitual que proporciona la escuela, lo que puede llevar a un desorden. Esto se traduce en la desaparición de horarios fijos, rutinas estables y un entorno social predecible. Para los jóvenes neurodivergentes, esta transformación puede resultar en una sobrecarga mental y emocional, ya que deben tomar más decisiones a diario, enfrentar un mayor número de estímulos y lidiar con expectativas sociales menos claras.
Según Paulina Fermandois Poblete, profesora de Terapia Ocupacional de la U. Andrés Bello (UNAB), sede Viña, el descanso académico no siempre implica un descanso completo. La continua necesidad del adolescente de decidir actividades, cómo organizar su día o con quién socializar puede generar un aumento en la demanda cognitiva, resultando en fatiga, desregulación emocional y sensación de agobio.
Rutinas de vacaciones: flexibilidad con previsibilidad
La experta recomienda establecer una rutina de vacaciones más flexible que la escolar, pero que incluya un grado de previsibilidad. «Mantener cierta regularidad puede ayudar a disminuir la carga de decisiones diarias. Una estrategia útil es crear, junto al adolescente, una lista de deseos para las vacaciones, que contenga actividades que le interesen, así como estímulos a evitar, como el calor extremo o ruidos fuertes», sugiere Fermandois.
Con esta lista, las familias pueden organizar actividades y estructurar la semana, incluyendo horarios aproximados para comidas y descansos, tiempos para decidir qué hacer y espacios para regular las emociones.
Alimentación y sueño: pilares del bienestar
La especialista enfatiza que la alimentación y el sueño son cruciales durante el receso. «En el año escolar, los horarios son muy estructurados. Cambios bruscos en vacaciones pueden alterar las señales de hambre y saciedad, provocando irritabilidad o incluso aversión a la comida. Conservar hábitos relativamente estables contribuye al bienestar general«, afirma.
Normas claras para fomentar la autonomía
Para promover la autonomía y participación, Fermandois sugiere establecer reglas claras al inicio del verano, como la disponibilidad de cuidadores, responsabilidades diarias o semanales y límites en salidas y horarios. “Estas pautas reducen la incertidumbre y aligera la carga mental de tomar decisiones constantemente, especialmente en relación a la lista de deseos”, menciona la académica de la UNAB.
Anticipación y cuidado del entorno sensorial
Durante las vacaciones, la dinámica social también cambia. Se disminuye la interacción cotidiana con compañeros y profesores y surgen contextos masivos o impredecibles, como paseos familiares o actividades grupales, lo que puede resultar abrumador a nivel sensorial.
«Anticipar lo que sucederá, ajustar el tiempo de exposición y ofrecer opciones para retirarse un momento son estrategias que previenen crisis y fomentan la participación sin comprometer la seguridad emocional», concluye Fermandois.
Señales de alerta y acompañamiento respetuoso
La especialista aconseja a los cuidadores estar atentos a señales de sobreestimulación, como cansancio inusual, irritabilidad sin explicación, rechazo a actividades cotidianas, aislamiento, trastornos del sueño, cambios en el apetito o conductas evasivas y rigidez mental.
«Ante estos signos, es crítico pausar, reducir las demandas y validar lo que siente el adolescente. No debemos caer en la trampa de considerar que se trata de una ‘mala actitud’. Reducir estímulos, permitir un descanso y reestructurar los planes priorizando la seguridad es mucho más efectivo que insistir en seguir la agenda a toda costa», recalca.
«Las vacaciones pueden ser una excelente oportunidad para la recarga emocional, siempre que prioricemos la previsibilidad, la regulación sensorial y la participación acompañada», concluye Paulina Fermandois.
Con Información de chilelindo.org
