Claro, aquí tienes el contenido reescrito:
El antecedente de la intervención de Estados Unidos en Venezuela podría ser utilizado por Moscú y Pekín como argumento retórico en el futuro para reinstaurar la Doctrina Brezhnev en sus respectivas áreas de influencia (Trump en América Latina, Putin en Europa del Este y Xi Jinping en Asia).
La Doctrina Brezhnev (también conocida como doctrina de la soberanía limitada) sostiene que una potencia tiene el derecho a intervenir (incluso militarmente) en los asuntos internos de los países dentro de su zona de influencia. Esto apunta a una convergencia hacia un mundo dividido en esferas de influencia, donde las grandes potencias reclaman el derecho a intervenir (incluso militarmente) en su «patio trasero», limitando la soberanía de los países menores.
Rusia: Doctrina Brezhnev
Con Putin, se implementa el oficialismo: una doctrina política que amalgama las ideas expansionistas del nacionalismo ruso, el apoyo de la poderosa Iglesia Ortodoxa, la influencia del FSB (sucesor del KGB), los abundantes recursos financieros de las empresas energéticas (como GAZPROM) y elementos del pensamiento jruschoviano que simbolizan un poder autocrático y personalista.
Asimismo, Putin combina la Doctrina Brezhnev con la asistencia a minorías étnicas rusas oprimidas (como en Donbás, Crimea y Ossetia) junto con el chantaje energético, la disuasión nuclear y la intervención militar, justificando oficialmente que cualquier tendencia pro-occidental en estos países pone en peligro la seguridad de Rusia.
Estados Unidos: Doctrina Monroe 2.0
La intervención militar en Venezuela, que busca la captura de Maduro, refleja un regreso a la política del «Gran Garrote», ideada por el presidente estadounidense Theodore Roosevelt. Esta estrategia ha dominado la política hegemónica de Estados Unidos en América Latina desde comienzos del siglo XX, alineándose con la Doctrina Monroe, “América para los Americanos”.
Estados Unidos pretende aplicar el «caos constructivo de Brzezinski» a través de la teoría kentiana del “palo y la zanahoria”, presentada por Sherman Kent en su obra “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949). Kent argumenta que “la guerra no siempre es convencional” y que gran parte de la misma se ha llevado a cabo con «armas no convencionales», es decir, políticas y económicas, las cuales se materializan en bloqueos, congelaciones de fondos, boicots y embargos por un lado, mientras que por el otro se ofrecen subsidios, préstamos, tratados bilaterales y convenios comerciales.
China
La relación entre China y Taiwán está marcada por una tensión constante, debido a las reclamaciones de Pekín sobre la isla, que considera su reunificación como “ineludible” y no descarta el uso de la fuerza para lograrlo. Además, reclama casi la totalidad del mar del Sur de China como parte de su historia, afirmando que “los asiáticos deben garantizar la seguridad asiática”.
China incrementa periódicamente la presión militar mediante grandes ejercicios alrededor de la isla, que incluyen el uso de barcos de guerra y aviones, simulando bloqueos. Taiwán, a su vez, refuerza sus propias fuerzas y sistemas defensivos. Esta disputa tiene repercusiones globales debido a la posición estratégica del Estrecho de Taiwán, vital para las rutas comerciales marítimas, así como el dominio de Taiwán en la producción mundial de semiconductores, lo que sugiere que un conflicto podría impactar significativamente la economía global.
Por lo tanto, el próximo quinquenio será crucial para determinar si se establece un G3 integrado por Estados Unidos, Rusia y China como hegemones en la gobernanza global o si se desencadena la Tercera Guerra Mundial.
La publicación original del artículo “Sauce for the goose, sauce for the gander” se encuentra en Página 19.
Con Información de pagina19.cl