En Chile existen espacios educativos donde las aulas se encuentran con las estrellas del desierto, los valles montañosos o la neblina del océano austral. Son lugares donde un único maestro se presenta cada mañana, toca la campana y representa al Estado, en escuelas que frecuentemente reciben de dos a cinco estudiantes. Estos profesionales, con un notable compromiso, se alimentan de la inspiración de Gabriela Mistral, recordando que “no podemos renunciar a educar”.
Para honrar la dedicación de más de 900 unidocentes en todo el país, el Ministerio de Educación lanzará del 8 al 22 de febrero, a través de sus plataformas sociales, la serie “Profes del fin del Mundo, Unidocentes”, un documental que explorará lugares de Chile donde solo un educador sostiene el derecho a aprender.
Cuatro historias en un país que enseña desde sus rincones
En Moquella, en la quebrada de Camiña, la maestra Beatriz Tapia enseña a sus 12 estudiantes, inmersa en tradiciones aymaras y actividades que conectan a los niños con los petroglifos de la zona. Cada viernes, Beatriz viaja cinco horas a Iquique para reunirse con su familia, y cada lunes regresa a abrir su escuela, como quien retoma un libro antiguo que le pertenece.
A cientos de kilómetros al sur, pero con el mismo espíritu, Eduardo Pérez imparte clases en la escuela Carmen Prat en Monte Patria. Allí, rodeado de viñedos y aguas del Río Grande, trabaja con seis niños de distintas edades en una única sala, combinando objetivos comunes con actividades adaptadas. Eduardo es maestro, director y coordinador de un microcentro rural donde los docentes locales comparten sus aprendizajes. Es un heredero de una tradición familiar de educadores públicos que llegan donde otros no lo hacen.
Siguiendo el camino hacia la cordillera de Petorca se encuentra la escuela El Crucero. El profesor Andrés Gallardo da clases a dos hermanos, Catalina y Vicente, y muchas veces los acompaña en su recorrido a casa para evitar que caminen solos los cinco kilómetros por la zona rural. Para él, la escuela es un lugar donde los niños pueden descubrir otras realidades y participar en ferias científicas y actividades deportivas, incluso en un entorno que parece limitado. Su convicción es que la geografía no debería ser una barrera para las oportunidades.
Finalmente, la serie documental visitará Isla Toto en la Región de Aysén, donde la profesora Soledad Ubilla recibe cada mañana a dos alumnos que llegan en bote desde otra isla. En un entorno de pasarelas de madera sobre el mar, sin calles y con ballenas jorobadas que pasan junto a la escuela, Soledad enseña utilizando metodologías activas, caminatas por el bosque y con una representación estatal que se limita a dos instituciones: la posta y su escuela. Allí, la educación es más que un derecho: es un compromiso cotidiano.
Datos sobre los establecimientos unidocentes
De acuerdo con datos del Centro de Estudios Mineduc, las escuelas unidocentes en Chile forman un ecosistema educativo donde trabajan 928 docentes, de los cuales 66,5% son mujeres y 33,5% hombres. La mayoría de estos educadores opera en zonas rurales, que albergan el 76,6% de estos establecimientos (711 escuelas), mientras que el 23,4% restante se localiza en áreas urbanas.
En cuanto a la dependencia, predominan las escuelas municipales (44%), seguidas por las particulares subvencionadas (28%), los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) (18,8%) y, en menor medida, las particulares pagadas (9,3%).
Territorialmente, estos establecimientos están más representados en las regiones de Coquimbo (17%), Los Lagos (16,9%), La Araucanía (15,2%), Biobío (9,2%) y Los Ríos (8,1%).
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