Las autoridades de Irán anunciaron este miércoles que más de 3.000 personas, incluidos menores, han fallecido durante las protestas antigubernamentales que comenzaron a fines de diciembre en medio de una crisis económica. Teherán, sin embargo, atribuyó estas muertes a “incidentes terroristas” y no a la represión por parte de sus fuerzas de seguridad.
Según la Fundación de Asuntos Mártires y Veteranos, un total de 3.117 individuos “alcanzaron la gracia del martirio”. De ellos, 2.427 eran civiles y miembros de la seguridad, sin especificar la identidad de aproximadamente 700 personas más, según un comunicado de la televisión estatal.
El organismo comunicó que “la sangre inocente de la juventud fue derramada cruelmente por elementos terroristas entrenados”, añadiendo que transeúntes y manifestantes fueron disparados por “grupos organizados” infiltrados en las protestas. También condenaron actos de extrema violencia, incluidos incendios, decapitaciones y ataques selectivos.
Asimismo, afirmaron que Irán “no perdonará a los terroristas asociados al régimen sionista criminal”, acusando a Estados Unidos de proporcionar apoyo y armamento, y vinculando a Israel con estos actos. “Los responsables de la muerte de los niños de esta patria, así como sus cómplices, rendirán cuentas por sus acciones”, manifestaron.
El Consejo de Seguridad Nacional iraní corroboró la cifra oficial y explicó que, tras la llamada “Guerra de los Doce Días” iniciada por Israel y posteriormente respaldada por Estados Unidos, el “enemigo” concluyó que el uso exclusivo de medios militares no lograría forzar la rendición de la nación iraní. Según el organismo, esto llevó a un cambio de estrategia para “quebrar la cohesión social”.
El Gobierno describió inicialmente protestas pacíficas en algunas ciudades, seguidas entre el 9 y el 17 de enero por episodios violentos generados por “células del caos organizado”. Posteriormente, entre los días 18 y 19 de enero, se habrían registrado “numerosos actos terroristas” que incluyeron ataques armados y daños a propiedades públicas y privadas.
Las autoridades denunciaron daños en mercados, centros de salud, bancos, lugares sagrados, ambulancias y transporte público, calificando esos hechos como “crímenes al estilo de Estado Islámico”.
Este es el primer informe oficial sobre el número de víctimas mortales presentado por el gobierno iraní. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos afirman que el total de fallecidos confirmados supera los 4.500, y que se investigan otros 9.000 casos posibles, en un entorno caracterizado por interrupciones en las telecomunicaciones.
Recientemente, Teherán indicó que la escalada de violencia parecía buscar una “excusa” para que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llevara a cabo una intervención militar, aunque también mencionó estar abierto al diálogo y “preparado” para enfrentar un conflicto bélico.
Con Información de www.elperiodista.cl