Los incendios forestales en el sur de Chile han desencadenado una alarmante crisis, con vastas áreas devastadas, hogares dañados y comunidades evacuadas en regiones como Biobío, La Araucanía y Ñuble. Este problema se ha vuelto habitual en los últimos años, y expertos lo atribuyen al cambio climático y al aumento de olas de calor extremas.
Roberto Chávez, académico del Instituto de Geografía y director del Laboratorio de Geo-información y Percepción Remota de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, enfatiza que estas emergencias no son eventos aislados. “Desafortunadamente, nos enfrentamos a una realidad que se repite y es probable que continúe debido al cambio climático y a las olas de calor más frecuentes”, aseguró.
El experto destacó que uno de los problemas más críticos es la deficiente planificación territorial, especialmente en zonas donde las plantaciones forestales están próximas a áreas urbanas. “Lo que ocurrió en Lirquén es comparable a incidentes anteriores en Viña del Mar, Villa Alemana y Quilpué durante el verano de 2024, así como al devastador incendio en Empedrado en 2017. En todas estas situaciones, un incendio forestal de alta energía radiante se expande de manera incontrolable hacia la ciudad”, explicó Chávez.
En este sentido, rescató que los sistemas de prevención deben centrarse en tres aspectos clave: el monitoreo de la carga de combustible vegetal, las condiciones meteorológicas extremas y las fuentes de ignición. “El escenario 30-30-30 —temperaturas superiores a 30 grados, vientos de más de 30 km/h y menos del 30% de humedad— representa una combinación peligrosísima que se repite cada vez más”, aclaró.
Chávez añadió que dos de estos factores pueden ser monitorizados con la tecnología actual. “La carga de combustible y las condiciones climáticas se pueden evaluar a través de imágenes satelitales y datos meteorológicos. Sin embargo, identificar la fuente de ignición es el desafío mayor, ya que detectar a quienes inician un incendio es prácticamente imposible”, advirtió.
El investigador enfatizó la necesidad de evaluar la carga de combustible desde el invierno anterior al verano. “Si hay abundantes lluvias, crecerá pasto que luego se secará, aumentando su inflamabilidad en verano. Las imágenes satelitales permiten medir ese crecimiento y crear mapas de combustible superficial que podrían elaborarse a principios de diciembre para anticipar incendios estivales”, explicó.
Según el experto, los pastizales secos son cruciales en el inicio y rápida propagación del fuego. Sin embargo, al expandirse hacia áreas boscosas, la situación cambia drásticamente. “Se transforman en incendios forestales de alta temperatura y gran radiación, que son casi imposibles de controlar y que, al dirigirse rápidamente hacia las zonas urbanas, dejan poco tiempo para una respuesta efectiva”, advirtió.
Frente a esta realidad, la planificación territorial se vuelve fundamental para la adaptación. Chávez subraya la importancia de mantener cortafuegos y franjas libres de vegetación entre zonas forestales y urbanas. “Estas deben ser gestionadas de forma continua, ya que la vegetación vuelve a crecer cada año. Pueden ser de origen natural, como el lago Peñuelas, o áreas urbanas, como plazas o estacionamientos que sirvan como barreras”, agregó.
Además, el académico resaltó la necesidad de fortalecer la investigación científica. A lo largo de su análisis, Chávez enfatizó que la información recogida a través de imágenes satelitales, como los informes basados en datos de la NASA, no solo permite evaluar los daños tras las emergencias, sino que también es una herramienta clave para anticipar, reducir riesgos y guiar decisiones públicas. Ante incendios cada vez más frecuentes y severos, la ciencia y la planificación territorial son esenciales para proteger a las comunidades y sus territorios.
Con información de osornoenlared.cl
Con Información de chilelindo.org