El impacto del mercado en el pensamiento crítico y el retroceso de las ciencias sociales en la ultraderecha.



 

Recientemente, el presidente argentino Javier Milei, dentro de su cruzada cultural contra las ciencias sociales, decidió priorizar el desarrollo tecnológico y eliminar lo que considera “gastos innecesarios” en áreas sociales y politológicas. Esta decisión ha sido objeto de críticas por parte de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), quienes han señalado el riesgo que representa para la democracia tener unas Ciencias Sociales y Politológicas debilitadas. En la cumbre de Davos, Milei reafirmó su postura, comenzando su discurso con una frase controversial: “Maquiavelo ha muerto”. Este no es un simple desliz retórico, sino una forma de afirmar que las relaciones sociales están determinadas únicamente por las dinámicas del mercado, una visión que, al convertirse en políticas de Estado, afecta negativamente al pensamiento crítico.

Comprender una sociedad regida solamente por criterios de mercado implica aceptar un desdén por las dimensiones sociales, culturales y políticas. En este contexto, las disciplinas que cuestionan el poder hegemónico se convierten en un inconveniente: para algunos, porque favorecen el pensamiento crítico; para otros, porque no se alinean con la lógica de la rentabilidad inmediata.

Si Maquiavelo ha muerto —como asegura el presidente argentino— será cada vez más complicado entender cómo los autoritarismos llegan al poder y socavan la democracia desde adentro, y más simple aceptar que el mercado rige nuestras relaciones sociales. En la actualidad, parece más sencillo descartar a Maquiavelo que cuestionar a Adam Smith, asumiendo que el pensamiento crítico es un gasto superfluo en la riqueza de las sociedades.

¿Qué consecuencias podría tener la expansión de este tipo de ideas para el desarrollo de las ciencias sociales en Chile? Esta pregunta es urgente y relevante en un contexto donde sectores conservadores y radicales de ultraderecha influirán en la formulación de políticas públicas educativas. La victoria del candidato republicano y su significativa representación parlamentaria generan incertidumbre para disciplinas cuya esencia es la reflexión crítica sobre el poder, la democracia y los derechos humanos, ámbitos que ya enfrentan un desarrollo frágil.

En años anteriores, los cambios en el currículo escolar impactaron negativamente las ciencias sociales y humanidades, con efectos adversos sobre la percepción de la democracia y la educación cívica. Además, las inscripciones en las disciplinas de ciencias sociales, aparte de derecho y psicología, han disminuido. Según datos oficiales, en 2025 las ciencias sociales representaron solo el 11% de la matrícula nacional a nivel de pregrado, y un 9.5% de las matriculas de primer año, cifras que podrían seguir bajando, generando consecuencias fatales para la continuidad de programas o carreras de pregrado.

Frente al avance de la ultraderecha, caracterizada por prácticas autoritarias y desdén por la política democrática y los derechos humanos, es fundamental contar con ciencias sociales fortalecidas y universidades comprometidas con su rol público, capaces de enfrentar criterios deterministas promovidos por gobiernos como el de Milei en Argentina, Trump en Estados Unidos y, posiblemente, Kast en Chile.

Las ciencias sociales han exigido democracia con firmeza durante la dictadura y, en circunstancias mucho más adversas, contribuyeron a crear un sentido crítico frente al poder autoritario. Más disciplinas de ciencias sociales se traducen en más herramientas para interpretar conflictos, desigualdades y procesos políticos complejos. Hoy enfrentaremos no solo la ofensiva autoritaria y fascista de la ultraderecha, incluida la defensa de los valores democráticos, sino también la necesidad de preservar una visión de sociedad en la que el debate social y político no sea relegado a un segundo plano frente a las dinámicas del mercado.

Con Información de pagina19.cl

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