El ascenso de la ultraderecha y sus implicaciones en el orden global.

 


Identificar los factores que han contribuido al auge de la ultraderecha a nivel global no es sencillo. Sin embargo, podemos plantear algunas hipótesis que nos permitan entender este fenómeno. A continuación, se exponen algunos procesos que pueden ayudarnos a explicar la llegada de gobiernos de derecha más radicales.


  • Las derechas no han desaparecido, al igual que las izquierdas. Desde la posguerra, hemos vivido alternancias en los gobiernos entre ambas ideologías. En Occidente, los partidos de centro también han gobernado, a menudo con el apoyo de fuerzas de derecha o izquierda.

  • La socialdemocracia ha sido un paraguas que ha abarcado ideologías tanto de izquierda como de derechas moderadas. Su adherencia a los sistemas económica e institucionales le ha permitido gobernar durante décadas. Hoy, enfrenta una crisis debido a su incapacidad para diferenciarse y cumplir con sus promesas de cambio.

  • Un fenómeno notable actual es el surgimiento de la ultraderecha, que ha ganado fuerza y ha utilizado estrategias populistas para legitimar su acceso al poder, apoyándose en los miedos y necesidades de la ciudadanía.

  • Esta ultraderecha cuenta con el respaldo de sectores del capital, que ven sus intereses amenazados por procesos que podrían poner en jaque su hegemonía. El giro de 180 grados en la política de EE. UU., especialmente en su enfoque económico que recurre al poder presidencial, es reflejo de la crisis de ese imperio, con implicaciones para el sistema económico global.

  • EE. UU. ha perdido su hegemonía mundial y muestra signos de agotamiento en los mecanismos que le permitieron dominar. Este desgaste se manifiesta en su creciente deuda y gasto, llevando al gobierno a paralizar pagos en un contexto de crisis. El recorte del gasto estatal está afectando el acceso a servicios básicos para millones.

  • La competencia internacional ha desplazado a EE. UU. de mercados donde tradicionalmente fue fuerte. Su déficit comercial creciente llevó a Trump a reconfigurar la política comercial, imponiendo aranceles unilateralmente, lo que contradice las normas del comercio internacional.

  • La economía es un factor clave en la reconfiguración del mapa geopolítico. Este proceso, que podría desencadenar un conflicto bélico global, se ve agravado por la inercia de la ONU. Esto ha llevado a potencias a invadir territorios, buscando expandir su dominio sobre recursos valiosos en el contexto industrial actual.

  • En este contexto, las derechas han buscado reforzar la defensa de los capitales nativos, tanto internos como externos. Esto se refleja en la íntima relación entre las derechas más duras y los multimillonarios. Un ejemplo es Elon Musk, quien apoya a la ultraderecha alemana para fomentar lazos globales, argumentando contra el socialismo y a favor de recortes en el gasto público para beneficiar a la inversión y aumentar el gasto militar.

  • La hipótesis principal plantea una crisis global en la coexistencia del gran capital y el futuro del trabajo. Un Estado autoritario podría ser la fuerza que frene intentos de reducir las desigualdades que genera la concentración de la riqueza. La automatización impulsada por la AI plantea serios riesgos de desempleo masivo y posibles reacciones sociales violentas contra las instituciones que resguardan el gran capital.

  • Los países no industrializados, que siguen siendo proveedores de materias primas, se convierten en objetivos codiciados, sujetos a la dominación de potencias industriales en el nuevo mapa geopolítico. En este contexto, la capacidad militar de las potencias industriales es crucial para establecer su dominación, tanto en términos de acceso a recursos como en la producción de material bélico.

  • ¿Estamos ante un nuevo orden mundial? Sin duda, nos enfrentamos a un fenómeno global que anticipa cambios en la dinámica de poder. Se observan avances significativos en áreas como las nanociencias y la física espacial. El nuevo conocimiento y tecnologías emergentes están impulsando un ciclo recursivo de descubrimiento y desarrollo.


No obstante, esto no se refleja en los valores y principios humanos. Las potencias mundiales priorizan su poderío militar, mientras la ciencia y la tecnología, en alianza con sectores industriales privados, dirigen su atención hacia la fabricación de armamento, a menudo con potencial destructivo global. Aunque la medicina se beneficia, no es la prioridad en el gasto gubernamental, a pesar de los altos beneficios de la industria farmacéutica.


Este nuevo orden ha dejado a la ONU sin capacidad para gobernar e intervenir pacíficamente en conflictos, erosionando la relevancia de los derechos humanos y los principios que fundamentaron su creación. Las normas básicas para la convivencia y el comercio pacífico están siendo obviadas por potencias que imponen nuevas reglas, generando incertidumbre y caos. Líderes como Putin y Trump desafían al mundo sin que surja un contrapeso que detenga sus ambiciones.


La ola de ultraderecha es una respuesta a la crisis de la democracia frente a poderes fácticos y élites que perpetúan una desigualdad creciente. Las derechas contemporáneas ven en gobiernos fuertes un medio para contener y suprimir movimientos sociales que amenacen el estatus del gran capital.


El nuevo orden que estamos observando es un modelo de dominación de las élites, sustentado en la oligarquía tecnomilitar, que recurre a la fuerza y al control de redes sociales para mantener la vigilancia sobre la población, un enfoque que la democracia como sistema político no puede aceptar. La respuesta a este fenómeno aún está por definirse, sin olvidar que la mayoría de los países, si no todos, comparten una matriz fundamental proveniente de la ONU, que fomenta la colaboración y cooperación necesaria para contrarrestar el neocolonialismo en expansión.

Con Información de pagina19.cl

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