Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Andrea Pinto Vergara, Doctoranda en Educación y profesora del Departamento de Matemática y Ciencia de la Computación de la Usach.

Desde 2015, cada 11 de febrero celebramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una iniciativa de la ONU que busca romper estereotipos y disminuir la brecha de género en los campos científico y tecnológico. Aunque hoy muchas niñas sueñan con ser científicas, astronautas o ingenieras, aún existen barreras invisibles que dificultan su camino.

Este 2026, los sueños de muchas se reflejan en el espacio. En marzo, la NASA lanzará la misión Artemis II, que llevará a cuatro astronautas a orbitar más lejos que nunca en la historia. Entre ellos estará Christina Koch, quien a sus 47 años, y siendo una niña, quedó impresionada por un póster de Earthrise (la Tierra vista desde el espacio). Esta imagen fue crucial en su trayectoria. Ahora, su sueño de llegar a la Luna se está cumpliendo.

Con su participación, demostramos que las mujeres también podemos alcanzar la Luna… y mucho más. Los techos (ya sean imaginarios, impuestos por la sociedad, de cristal o de atmósfera) son rompibles, aunque su derrumbe aún requiera esfuerzo.

Sin embargo, no siempre fue sencillo. Durante siglos, las mujeres que estudiaban el cielo o los ciclos lunares eran vistas con desconfianza. Aquellas que poseían el conocimiento para «leer el cielo» eran consideradas brujas, castigadas, rechazadas o incluso quemadas. No por hacer daño, sino por atreverse a saber. Aglaónike de Tesalia es un claro y documentado ejemplo donde la sabiduría astronómica fue catalogada como hechicería.

Una de ellas fue Hypatia de Alejandría, matemática, filósofa y astrónoma del siglo IV, que impartía clases de geometría, álgebra y astronomía en la famosa Biblioteca de Alejandría. Fue una de las primeras mujeres científicas documentadas. En un contexto de creciente fanatismo, su conocimiento se consideró arriesgado. Para una mujer, saber era un peligroso desafío.

A lo largo de los siglos, otras mujeres miraron también hacia las estrellas. Caroline Herschel, matemática y la primera astrónoma profesional, buscó cometas y descubrió varios entre 1786 y 1797; junto a su hermano, identificó más de mil estrellas dobles. Marie Amélie Le Francais de Lalande, conocida como Amélie, fue astrónoma y matemática, y desarrolló tablas de horarios navales que ayudaron a los marineros a determinar su posición en el mar al calcular la altura del Sol y las estrellas. Amélie, además, catalogó 10,000 estrellas.

Más tarde, Mary Somerville hizo contribuciones significativas a la astronomía mediante la matemática y la divulgación científica. Su obra Mechanism of the Heavens facilitó el entendimiento de la mecánica celeste al público general, ganándose el reconocimiento de la comunidad astronómica de su época. Y ya en el siglo XX, Katherine Johnson realizó cálculos esenciales que hicieron posible el programa Apolo y el alunizaje, vinculando la matemática con la exploración espacial moderna.

A día de hoy, seguimos enfrentando prejuicios y estructuras que intentan dictar qué es «adecuado» para las mujeres. Aún escuchamos que la ciencia es complicada, que la programación es fría, que la física es dura o que las matemáticas son solo para mentes lógicas y no emocionales. Sin embargo, esto no es cierto. La ciencia también está llena de pasión, asombro, sensibilidad e imaginación.

Como educadora, mujer, madre y profesora, he presenciado el brillo en los ojos de numerosas jóvenes que disfrutan resolver problemas, que se apasionan por la química, la biología, las matemáticas, la física y la tecnología, que aman programar y hacen preguntas que abren mundos. Pero también he notado cómo muchas se detienen, ya sea por mil razones o simplemente porque nadie les dijo que sí podían.

Este 11 de febrero, recordémosles que sí pueden. Que la ciencia también es su lugar. Que pueden ser científicas, matemáticas, astronautas, ingenieras, inventoras, profesoras, físicas, químicas, tecnólogas, biólogas o lo que deseen. Ya no serán vistas como brujas por observar el cielo, sino como líderes, innovadoras y pioneras.

Y si alguna niña o joven está leyendo esto, quiero que sepas:

No estás sola.

No estás loca.

Y no, no es imposible.

Mira a Christina. Mira a Hypatia. Mira la Luna.

Apunta aún más alto. ¡Tú puedes!


Andrea Pinto Vergara, Doctoranda en Educación y profesora del Departamento de Matemática y Ciencia de la Computación de la Usach.



Con Información de www.lanacion.cl

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