Analista internacional de Foco LATAM.
Locutor y presentador en Radio Camagüey y Radio Habana Cuba.
Profesor de Historia Universal y candidato a Doctorado en la Universidad de Tarapacá.
Cuba enfrenta uno de los periodos más complicados de su historia moderna. No se limita a una crisis energética temporal ni a un nuevo conflicto con Estados Unidos. Lo que está ocurriendo en la isla refleja la fusión de presiones internas y externas que han llevado a un punto crítico, cuyos efectos trascienden el ámbito nacional y afectan a toda América Latina.
Desde Moscú, el análisis fue contundente: la situación cubana es «realmente crítica”, refiriéndose al bloqueo de suministros energéticos. Más allá del discurso diplomático, esta afirmación revela una realidad palpable: la energía se ha convertido nuevamente en un instrumento de coerción geopolítica. Estados Unidos, siguiendo la estrategia de máxima presión de la administración de Donald Trump, ha reforzado un esquema de sanciones que no solo limita el acceso a combustibles, sino que también disuade a otros países y empresas mediante amenazas económicas y comerciales.
En febrero de 2026, una orden ejecutiva bajo Donald Trump, implementada por el secretario de Estado, Marco Rubio, resultó en la suspensión de los envíos de PEMEX desde México, dejando a Cuba con reservas mínimas de combustible. Esta crisis, lejos de ser resoluble a través de la diplomacia, se ha exacerbado por la falta de negociaciones significativas, a pesar de las declaraciones públicas de disposición al diálogo por parte de la propuesta cubana (Grim, Kulwin y Granados Ceja, 2026).
En un escenario regional caracterizado por la lucha de influencias y la reconfiguración del sistema global, Cuba vuelve a ocupar un papel fundamental, no solo por su ubicación geográfica en el Caribe, sino también por su significado simbólico como un ejemplo del uso de la economía como una herramienta política.
Ajuste interno: gestionar la escasez sin romper el tejido social
Confrontando esta situación, la respuesta del Estado cubano ha sido principalmente adaptativa. En lugar de paralizarse, el Gobierno ha optado por gestionar la escasez con la intención de prevenir un colapso social descontrolado.
La reducción de la jornada laboral a cuatro días en sectores no esenciales, la promoción del teletrabajo, la reorganización del sistema de salud con énfasis en la atención primaria, y los ajustes educativos hacia modalidades híbridas son estrategias destinadas a redistribuir el impacto energético en lugar de negarlo.
Según informes de France 24 y Drop Site News, estas medidas surgieron en un contexto donde la crisis energética había reducido hasta un 40% la capacidad industrial, afectando gravemente a los sectores alimentario y farmacéutico, y las reservas de combustible de aviación se cuantificaban en apenas un día de suministro.
El costo social de esta crisis es evidente. Sin embargo, la lógica política detrás de estas decisiones es clara: priorizar lo esencial, ganar tiempo y evitar rupturas irreversibles en la cohesión social.
Los 37 parques solares: un avance tangible, impacto limitado y la necesidad de acelerar
En este contexto, la transición energética se convierte en un elemento clave. A principios de 2026, Cuba operaba 37 parques solares fotovoltaicos, cada uno con una capacidad aproximada de 21.8 MW, que se integran al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
En términos generales, estos parques permiten picos de generación diurna de más de 500 MW, aliviando parcialmente la presión sobre el sistema durante el día y reduciendo la dependencia de combustibles fósiles importados.
Sin embargo, su impacto estructural es insuficiente frente a un déficit de alrededor de 1,700 MW en el horario pico nocturno, cuando ya no hay generación solar disponible.
Este dato es crucial para entender la situación actual: la transición energética avanza, pero no al ritmo que la crisis exige. El plan oficial contemplaba la instalación de 51 parques solares para finales de 2025, un objetivo que no se ha cumplido debido a limitaciones financieras, logísticas y tecnológicas, muchas de las cuales están vinculadas al régimen de sanciones.
Además, hay una limitación técnica importante: la falta generalizada de sistemas de almacenamiento energético. Sin baterías a gran escala (BESS), la electricidad generada durante el día no puede ser utilizada por la noche, lo que disminuye considerablemente el impacto social de estos parques. Especialistas citados por OnCuba News subrayan que la aceleración paralela en el desarrollo de nuevos parques y sistemas de almacenamiento es esencial para que la energía solar pase de ser un alivio temporal a convertirse en un pilar real del sistema.
El factor Rubio: cuando la negociación se bloquea desde dentro
Investigaciones periodísticas recientes han revelado que, tras la aparente inalterabilidad de la política de máxima presión, se encuentra una estrategia deliberada del secretario de Estado, Marco Rubio, diseñada para impedir cualquier solución negociada.
Según Drop Site News, Rubio habría informado al presidente Trump sobre conversaciones que nunca existieron con altos funcionarios cubanos, con el fin de presentar un fracaso diplomático y legitimar únicamente la opción del cambio de régimen.
La secuencia es clara: una orden ejecutiva del 29 de enero de 2026 que advierte sobre aranceles a países que comercien con Cuba; la suspensión inmediata de envíos de PEMEX; y, paralelamente, el bloqueo activo de cualquier canal diplomático que pudiera reducir la presión.
Cuba ha reiterado públicamente su disposición al diálogo sin condicionantes. Hasta el momento, sin embargo, los contactos bilaterales se han restringido a temas técnicos y migratorios. No existe, a pesar de las aseveraciones de Washington, una negociación política en curso.
Este aspecto es fundamental: no se trata simplemente de un bloqueo heredado, sino de un sabotaje diplomático activo, impulsado desde el interior del propio aparato ejecutivo de EE. UU.
Migración: cuando se restringen las válvulas de escape
En este contexto de tensión acumulada, la suspensión del libre visado de Nicaragua para ciudadanos cubanos introduce una nueva capa de presión social. Durante años, Nicaragua sirvió como un escape migratorio que permitía gestionar expectativas individuales y aliviar tensiones internas. Su cierre no solo limita la movilidad, sino que también restringe las opciones sociales.
Datos de la ONEI indican que la emigración neta cubana creció un 23 % entre 2022 y 2023. Informes de France 24 documentan cómo, tras las restricciones en Nicaragua, la migración se ha desviado hacia rutas más peligrosas, en un patrón regional donde las sanciones económicas, las crisis energéticas y el endurecimiento de las fronteras generan flujos migratorios más irregulares y costosos en términos humanos.
El falso dilema del castigo colectivo
Detrás de todo este panorama emerge una tesis persistente y altamente cuestionable: la idea de que el sufrimiento social inducido puede llevar a cambios políticos favorables. La historia de América Latina demuestra lo contrario.
Las sanciones prolongadas no fortalecen a la ciudadanía; la agotan. No empoderan a la sociedad civil; la fragmentan. La experiencia cubana, después de más de seis décadas de embargo, confirma esta realidad.
El castigo colectivo no ha logrado su objetivo declarado, pero sí ha generado una economía defensiva, una cultura de resistencia y una profunda desconfianza hacia las intenciones externas.
Cuba y América Latina: alternativas ante la asfixia
Analizar Cuba desde la perspectiva latinoamericana implica ir más allá del reflejo ideológico automático. Lo que ocurre en la isla anticipa dilemas que afectan a toda la región: dependencia energética, el uso de sanciones como herramienta política y migración forzada.
Desde una izquierda latinoamericana democrática, la pregunta no es cómo intensificar la presión, sino cómo reducir las vulnerabilidades compartidas. Esto implica avanzar en:
- Fondos regionales para acelerar el desarrollo de energías renovables y sistemas de almacenamiento.
- Mecanismos de cooperación técnica que eviten bloqueos financieros.
- Corredores migratorios seguros y ordenados.
Cuba no enfrenta solo una crisis energética, sino también una prueba de resistencia social, política y ética en condiciones excepcionales. Los 37 parques solares en operación son un claro indicador de voluntad estratégica, pero su limitado impacto muestra que es esencial acelerar la instalación de nuevos montajes, expandir el almacenamiento y reducir la presión externa, para que la transición energética sea efectiva.
Lo que ocurra en Cuba continuará siendo un espejo incómodo para América Latina, recordándonos que la soberanía no solo se proclama, sino que se edifica; y que el castigo colectivo jamás ha sido, ni será, un método legítimo para generar cambios.
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