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Chile se enfrenta a un dilema demográfico que va más allá de simples cifras y presupuestos. La disminución sostenida de la natalidad no es solo un fenómeno estadístico, sino un reflejo de una fractura profunda en la estructura del cuidado, una herida sistémica que amenaza con afectar la salud mental colectiva y el futuro del país.
Esta crisis es sólo la parte visible de un malestar arraigado en la desprotección del vínculo primario, la mercantilización de la vida íntima y la transmisión generacional del trauma. Enfrentarla requiere ir más allá de soluciones técnicas y embarcarse en una reparación radical, guiada por la neurobiología del apego, la psicotraumatología y una visión de la vida como un sistema autopoiético.
La Biología del Desamparo: Cuando el sistema nervioso Aprende que el mundo no es seguro
El desarrollo cerebral y la regulación emocional de un individuo se fundamentan en los primeros años de vida, a través de la interacción con sus cuidadores. La Teoría Polivagal de Stephen Porges plantea que un bebé requiere señales neuroceptivas de seguridad—como una voz cálida, una mirada afectuosa y un contacto respetuoso—para activar su sistema vagal ventral, lo que promueve la calma y la conexión social.
Porges argumenta que el nervio vago, que conecta el cerebro con diferentes órganos, tiene dos ramas principales: la ventral (más reciente en términos evolutivos) y la dorsal (más primitiva). Cuando la rama ventral se activa, se fomenta lo que Porges llama «compromiso social»: la capacidad de estar presente y emocionalmente conectado. Si se ofrece un cuidado sensible, el sistema nervioso del bebé reconoce al mundo como un lugar seguro, y esta rama se convierte en su estado operativo predominante.
Por el contrario, si el cuidado es inconsistente o hostil, el sistema nervioso del niño, en su instinto de supervivencia, se desplaza hacia estados defensivos. Se activa el sistema simpático (lucha/huida), manifestándose a través de hipervigilancia y ansiedad, o se colapsa hacia la rama dorsal, resultando en desconexión emocional y disociación. Este tipo de patrones defensivos, cuando se convierten en habituales, afectan la percepción del mundo, incluso años después de que la amenaza real haya desaparecido.
Este es el rastro neurobiológico que el psicotraumatólogo Franz Ruppert describe como la «tríada fatal» del trauma temprano: no ser deseado, no ser amado y no ser protegido. A través de su investigación, Ruppert constató que estas experiencias configuran heridas profundas en la psique infantil. La experiencia de no ser deseado comunica al niño que su existencia es un problema; la falta de amor le envía el mensaje de que no es valioso; y la ausencia de protección le enseña que el mundo es un lugar peligroso y hostil. Ante estas heridas, la psique se fragmenta para poder sobrevivir.
Ruppert también menciona una división entre la Parte Sana, que contiene el potencial de vida y conexión genuina; la Parte Traumatizada, que alberga el dolor y las memorias del trauma; y las Estrategias de Supervivencia, que son mecanismos desarrollados para evitar el dolor, incluyendo la represión y la disociación. Estas estrategias son útiles en la infancia, pero se convierten en patrones disfuncionales en la edad adulta, dificultando la confianza y fomentando relaciones destructivas.
Como señala Bessel van der Kolk, «el cuerpo lleva la cuenta». El trauma no es simplemente un recuerdo doloroso, sino una alteración fisiológica que se manifiesta en el ritmo cardíaco y en la química del cerebro. Este trauma altera la forma en que el cerebro maneja percepciones y emociones, volviendo hipersensible el circuito de alarma y disminuyendo la capacidad de las áreas responsables de la regulación emocional. Esto puede resultar en hiper-reactividad o en un profundo embotamiento emocional.
En Chile, un alto porcentaje de mujeres embarazadas sufre de trastornos mentales, cifra que aumenta considerablemente en contextos de pobreza. El estrés materno y el trauma perinatal afectan el desarrollo del sistema nervioso fetal a través de mecanismos epigenéticos, predisponiendo a la próxima generación a una mayor reactividad al estrés y problemas de apego. Este ciclo se perpetúabiológicamente y relacionalmente.
La transmisión transgeneracional y los órdenes del amor fracturados
Los problemas no solo provienen de vivencias individuales, sino también de un legado familiar no resuelto. Bert Hellinger, en su trabajo con Constelaciones Familiares, identificó que los sistemas familiares están guiados por «Órdenes del Amor», principios que buscan el equilibrio y la pertenencia de cada miembro. Cuando estos órdenes son violados—por exclusiones, secretos familiares o injusticias no reparadas—los síntomas individuales emergen de raíces sistémicas.
Un miembro posterior puede repetir destinos dolorosos por lealtad invisible al sistema familiar, cargando con culpas o fracasos que no le corresponden. La soledad materna y paterna moderna puede reflejar exclusiones pasadas donde el soporte comunitario se perdió por diversas circunstancias.
La investigación en epigenética respalda esta transmisión, mostrando que las experiencias traumáticas de antepasados pueden dejar marcas químicas que alteran la expresión de genes en las generaciones siguientes. No solo heredamos historias, sino una predisposición biológica a ciertos patrones reactivos.
Dentro de este contexto, la crianza ha sido progresivamente mercantilizada. Desde la educación infantil hasta las actividades extracurriculares, todo se encuentra bajo una presión económica creciente. El cuidado necesario para un apego seguro no tiene un valor económico en un sistema que prioriza el trabajo remunerado. Esto impide que los padres ofrezcan la atención y la regulación emocional necesarias que promueven un desarrollo saludable en sus hijos.
La Paradoja Económica: Un sistema que socava sus propios fundamentos
El problema radica en una lógica económica que convierte cada aspecto de la vida, incluso el cuidado, en una oportunidad de negocio. Este sistema resulta hostil a las necesidades básicas del apego seguro, que demanda tiempo y presencia no mercantilizada. La precaria condición laboral, los altos costes de vida y el endeudamiento crónico son agresiones constantes al sistema nervioso de quienes cuidan, afectando su capacidad para sintonizar con las necesidades de sus hijos.
La estructura familiar no se desintegra por valores morales, sino porque el capitalismo tardío la ha tratado como una unidad consumidora y productiva, donde cada individuo es a la vez trabajador y consumidor. La ansiedad y depresión no son fallas individuales, sino respuestas normales a un entorno que prioriza la acumulación sobre el bienestar.
Como sugiere la antropóloga feminista Rita Segato, la desprotección y la violencia no son eventos aislados, sino manifestaciones de un mandato patriarcal y colonial que ha mercantilizado el cuidado. Segato advierte sobre una «pedagogía de la crueldad» que normaliza la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y perpetúa la desigualdad, desmantelando las redes de apoyo comunitario.
La soledad de los cuidadores modernos, enfrentando la tarea de criar sin apoyo, contrasta con el modelo de crianza comunitaria que existía anteriormente, donde la labor se compartía entre varios adultos. La situación actual de familias nucleares aisladas es una anomalía que genera patologías.
Hacia una Reparación Autopoiética: Políticas informadas en neurociencia y trauma
La reparación requiere un cambio de paradigma. Inspirados en la biología del conocimiento de Humberto Maturana y Francisco Varela, comprendemos que un ser vivo es un sistema autopoiético, que se auto-genera continuamente. El trauma interrumpe esta auto-organización natural, creando disonancia autopoiética, donde el sistema pierde su capacidad de autorregulación.
Esto exige intervenciones a múltiples niveles:
Nivel Neurobiológico y del Apego: Es crucial implementar políticas de salud mental perinatal universales que acompañen a las familias desde el embarazo hasta los primeros años de vida, abarcando atención psicológica y educación en apego seguro. Licencias parentales extendidas e igualitarias no son un lujo, sino una inversión en prevenir el trauma generacional.
Nivel Comunitario y Relacional: Es imperativo reconstruir redes comunitarias de apoyo a la crianza, creando espacios horizontales donde se normalicen las experiencias de sufrimiento y dificultad. La curación ocurre en contextos de encuentro auténtico y co-regulación emocional.
Nivel Sistémico y Económico: Hay que desafiar la mercantilización de la vida, reconociendo el valor del cuidado no remunerado. Implementar políticas que garanticen vivienda digna y rediseñar el trabajo para que no choque con la crianza es necesario para estabilizar los vínculos familiares.
Nivel Transgeneracional: Es esencial fomentar el acceso a terapias informadas sobre el trauma, permitiendo a los adultos procesar sus heridas y romper ciclos de transmisión del dolor. Capacitar a profesionales en enfoques terapéuticos que reconocen el trauma almacenado en el cuerpo es crucial para la sanación social.
Conclusión: Del Círculo Vicioso al Círculo Virtuoso
La baja natalidad es un mensaje del alma colectiva, indicando que una sociedad que no puede proteger el vínculo vital entre el bebé y su cuidador ha perdido la fe en su futuro. No se soluciona con incentivos económicos que no alteran las condiciones estructurales, ni con discursos que culpabilizan a las mujeres.
La solución radica en una revolución del cuidado, basada en la ciencia del apego y el trauma, sustentada por una transformación política y económica radical. Invertir en condiciones de apego seguro es la inversión más provechosa que una sociedad puede realizar, promoviendo ciudadanos resilientes y reduciendo costos en salud mental. La filosofía de Hellinger nos recuerda la importancia de integrar nuestra historia, honrando lo que hemos vivido para crear un entorno que permita a las nuevas familias prosperar sin el peso de lo no resuelto.
Humberto del Pozo López, Magister en Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Católica de Lovaina, Magister en Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México.
Bibliografía
- Bowlby, J. (1989). Una base segura: Aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Paidós.
- Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E., & Target, M. (2002). Affect Regulation, Mentalization, and the Development of the Self. Other Press.
- Hellinger, B. (2002). Órdenes del amor. Editorial Herder.
- Levine, P. (2015). Trauma and Memory: Brain and Body in a Search for the Living Past. North Atlantic Books.
- Maturana, H., & Varela, F. (2003). El árbol del conocimiento. Lumen.
- Mitchell, S. A. (2003). Relacionalidad: Del apego a la intersubjetividad. Editorial Ágora Relacional.
- Porges, S. W. (2017). La teoría polivagal: Fundamentos neurofisiológicos de las emociones, apego, comunicación y autorregulación. Eleftheria.
- Ruppert, F. (2012). Trauma, vínculo y constelaciones familiares: La terapia del trauma orientada a la identidad. Desclée De Brouwer.
- Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.
- Van der Kolk, B. (2016). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.
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Espero que esta versión cumpla con tus expectativas.
Con Información de desenfoque.cl