Este proyecto busca instalar especies elegidas por su capacidad de retener nutrientes y mejorar la calidad del agua, promoviendo además la participación de la comunidad en el trabajo territorial.
Los humedales son esenciales para la regulación del agua, la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas, pero actualmente enfrentan una creciente presión por la sobrecarga de nutrientes y la actividad humana. En respuesta a esta problemática, investigadores de la Universidad de O’Higgins, en colaboración con municipios y comunidades locales, han puesto en marcha una estrategia de restauración ecológica utilizando plantas nativas como herramienta para mejorar la salud de estos ecosistemas.
Esta iniciativa es parte del proyecto “Laboratorio de Ecosistemas de Humedales”, respaldado por el Gobierno Regional de O’Higgins a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC). El proyecto se fundamenta en el uso de especies autóctonas de humedales, seleccionadas por su habilidad para absorber y retener nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, que en exceso pueden afectar negativamente la calidad del agua y el funcionamiento de los ecosistemas. A diferencia de intervenciones meramente ornamentales, estas plantas desempeñan una función ecológica activa a lo largo del tiempo.
El Gobernador Regional de O’Higgins, Pablo Silva Amaya, manifestó: “Es gratificante apoyar un proyecto enfocado en el cuidado del medio ambiente. Como Gobierno Regional, estamos comprometidos con esta área, promoviendo proyectos del FIC y desarrollando iniciativas propias como los Planes de Acción Comunal de Cambio Climático y la conservación de humedales. Nos complace contribuir a la protección de la naturaleza”.
En esta fase del proyecto, se han distribuido 600 plantas nativas para su instalación en áreas priorizadas, con la meta de establecer intervenciones que generen efectos sostenidos a lo largo del tiempo.
El equipo de investigación subraya que esta etapa representa un avance significativo en el trabajo realizado en los últimos años. Tras un monitoreo y análisis exhaustivo de los humedales, el proyecto está pasando del diagnóstico a la implementación de soluciones basadas en la naturaleza que generen impactos duraderos.
La directora del proyecto, Dra. Gemma Rojo, comentó: “Es emocionante que estemos avanzando del diagnóstico a la acción en el terreno. Esta fase busca consolidar la restauración y asegurar efectos prolongados. Estamos trabajando con plantas nativas del humedal para reforzar su cobertura y apoyar funciones clave, como la retención de nutrientes y la calidad del agua, en colaboración con municipios y comunidades”.
Uso de plantas nativas para mejorar la calidad del agua
“La meta es que estas intervenciones sean más que demostrativas; deseamos que se integren en el territorio y continúen funcionando incluso después de que finalice el proyecto, lo que resultará en un mejoramiento de la calidad del agua y la salud del ecosistema”, explica Luis Araya, miembro del equipo del proyecto.
La implementación se lleva a cabo en humedales prioritarios en la región, donde los municipios juegan un papel fundamental tanto en la instalación como en el cuidado posterior de las especies. Esta acción incluye humedales costeros como la Laguna Petrel y la Laguna de Cáhuil en la comuna de Pichilemu, así como humedales interiores asociados al embalse Rapel, como el humedal Llallauquén y el sector Cubeta de Alhué en la comuna de Las Cabras, además de los humedales San José y Las Juntas en Pichidegua.
En Las Cabras, esta actividad se enmarca dentro de una visión más amplia de protección y valorización de estos ecosistemas.
Simultáneamente, el equipo continúa con un monitoreo mensual que incluye mediciones fisicoquímicas del agua, censos de aves y el uso de cámaras trampa, para evaluar cambios y guiar decisiones de manejo en cada sitio.
“El humedal de Llallauquén es un corredor biológico crucial para nuestra comuna. La restauración contribuye a mejorar la calidad del agua, favorece la oxigenación y refuerza un espacio que es parte de nuestra identidad local”, señala Stephanie Vidal, encargada de Medio Ambiente de la Municipalidad de Las Cabras, destacando la importancia de promover la gobernanza y la corresponsabilidad en el cuidado de estos espacios.
Participación comunitaria y educación ambiental
El componente comunitario es un eje central de la iniciativa. La participación de organizaciones y vecinos locales busca fortalecer el vínculo entre las personas y los humedales, valorando estos espacios tanto como áreas naturales como lugares de aprendizaje y encuentro.
Desde las organizaciones territoriales, el proyecto se considera una oportunidad para recuperar y proyectar estos ecosistemas hacia el futuro. “Buscamos que la comunidad conozca el humedal, comprenda su valor y lo cuide. Estas acciones permiten que niños y adultos se acerquen a la biodiversidad y entiendan la importancia de protegerla”, afirma Manuel Santander, representante de la Agrupación Pro Mantención del Humedal.
La experiencia en O’Higgins intenta establecer las bases de un modelo replicable, donde el conocimiento científico se traduzca en acciones concretas en el territorio. A través de la restauración ecológica con plantas nativas, el proyecto busca incrementar la resiliencia de los humedales y consolidarlos como aliados naturales ante los desafíos ambientales actuales.
El llamado del proyecto es a reforzar la protección de estos ecosistemas y evitar acciones que los deterioren. La participación comunitaria, el trabajo municipal y el monitoreo científico son esenciales para asegurar que la restauración se mantenga y traduzca en mejoras reales para los humedales y su biodiversidad.
Con Información de chilelindo.org
