Desde Madrid
Al concluir un año y dar la bienvenida al siguiente, es habitual hacer un repaso de lo sucedido y plantear expectativas para el futuro. A menudo, este momento nos lleva a reflexionar sobre la humanidad y las pérdidas provocadas por conflictos bélicos, muchos de ellos justificados por decisiones arbitrarias de líderes corruptos o ignorantes.
El año que acaba de finalizar ha estado marcado por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca estadounidense, un acontecimiento que ha alterado drásticamente el equilibrio de las relaciones internacionales. Las amenazas, la falta de respeto e incluso la violencia militar como solución a los problemas son malas señales para el futuro, representando un claro retroceso en la convivencia global.
No es posible proporcionar una cifra exacta de muertes en guerras en 2025 debido a la falta de datos fiables. Por ejemplo, el conflicto israelí-palestino ha dejado más de 71,000 muertos, según el Ministerio de Salud de Palestina, evidenciando la magnitud de la tragedia.
En Ucrania, la ocupación rusa ha complicado aún más la situación, con ambas naciones sin ofrecer cifras precisas sobre las pérdidas humanas. Las autoridades británicas estiman que alrededor de 500,000 muertes han ocurrido, incluyendo a civiles, niños, mujeres y ancianos que no han podido escapar. Este conflicto continúa activo, sin señales de un alto al fuego adecuado.
Según reportes de medios y Wikipedia, hay actualmente unos 56 conflictos armados en curso en diversas partes de África y Asia. Las guerras representan un pésimo precedente, y el coste en vidas humanas debería ser motivo de preocupación y vergüenza. Por ello, debemos cuestionarnos: ¿A quién beneficia la prolongación de estos conflictos? Sin duda, a los fabricantes de armas y a quienes promueven la violencia por intereses oscuros, así como a aquellos que buscan socavar la Democracia desde adentro.
A pesar de este desalentador panorama, se presentan datos alentadores que, si son verídicos, infunden esperanza. La esperanza de vida global ha aumentado a 73 años en los últimos 25 años, y la pobreza extrema ha disminuido del 36% al 10%. La cantidad de niñas que acceden a la educación secundaria ha pasado del 47% al 68%, alcanzando paridad con los varones en el ámbito universitario.
Asimismo, el acceso a la electricidad ha crecido del 78% al 92% a nivel global, y las energías renovables han superado al carbón como fuente de electricidad, con un 34% frente al 33%. Esto podría llevar a que las emisiones proyectadas para 2040 sean un 40% inferiores a las de hace una década.
Finalmente, investigaciones científicas destacan los avances médicos de los últimos 50 años, que han reducido las muertes por infartos del 40% al 10%, además de duplicar la tasa de supervivencia al cáncer.
En resumen, a pesar de los líderes engañosos que parecen dirigir el mundo, debemos mantener una visión optimista sobre los logros silenciosos y constantes de la ciencia. Por ello, es momento de ser positivos: ¡Felicidades en el 2026!
Con Información de desenfoque.cl