La región se desenvuelve en un nuevo orden internacional en el que el «poder duro» y el cálculo estratégico han reemplazado al derecho y la diplomacia convencional. El interés de EE.UU. por Groenlandia refleja un amplio desorden global y la competencia por controlar nuevas rutas comerciales estratégicas, como las del Ártico. Su conclusión es clara: «No se trata solo de política, es la era de los estrategas», tal como mencionó hoy en Radio 13C el politólogo, ex embajador de Chile, ex subsecretario de Defensa, FFAA y Guerra, y analista político-estratégico, Gabriel Gaspar.
Para América Latina, esto significa que su supervivencia dependerá de su capacidad para desarrollar visiones estratégicas a largo plazo, fortalecer la cohesión económica interna y los vínculos intrarregionales, así como adaptarse a un mundo donde las grandes potencias actúan bajo una lógica de poder descarado, viendo a Sudamérica como un terreno de competencia y oportunidades.
La visita del canciller boliviano a Chile representa la necesidad práctica de colaborar frente a desafíos comunes (como la seguridad, migración e infraestructura) que superan las disputas históricas. La política de diálogo que intentan promover Chile y Bolivia se convierte, en este contexto incierto, en un activo para la seguridad nacional.
Estamos atentos al almuerzo de Trump con la Nobel de la Paz, María Corina Machado: ¿se traducirá esto en un apoyo genuino hacia la transición democrática o es solo un espectáculo? ¿Podría ello resultar en que le «regalen» el Premio Nobel? El respaldo operativo y la calificación de «fantástica» hacia la presidenta encargada Delcy Rodríguez destacan que el objetivo principal es el control de la producción petrolera bajo la supervisión de Washington. Esta dualidad deja de lado las aspiraciones democráticas inmediatas y establece un modelo de gobernanza a distancia, donde una administración local afín asegura el acceso a recursos estratégicos, incluso sacrificando reformas políticas o soberanía. Asimismo, la ausencia de un listado oficial de excarcelados una semana después del anuncio resalta la naturaleza instrumental de tales gestos de apertura.
Los honores de Estado a los 32 militares fallecidos en la operación de captura de Maduro, junto con la convocatoria a una gran manifestación antiestadounidense, confirman el papel central de La Habana. La confrontación ideológica y de seguridad alcanzará un punto máximo. Sin embargo, este clímax de tensión coexiste con un gesto calculado de Washington: el envío de ayuda humanitaria directa tras el huracán, diseñado para desestabilizar al gobierno cubano y conectar directamente con la población. Este contraste entre máxima presión y caridad genera un escenario de incertidumbre. Paralelamente, el anuncio de la reunión Petro-Trump sugiere una desescalada pragmática con Colombia, buscando cooperación en seguridad.
El panorama regional presenta oportunidades frágiles y riesgos crecientes con acuerdos que podrían ofrecer una vía hacia la estabilidad económica y ayudar a contener la erosión interna de la seguridad y cohesión política, que amenazan con socavar cualquier avance tangible, pero: ¿a qué costo?
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