Análisis crítico de la psiquiatría desde la perspectiva de Humberto Maturana.

En una era marcada por el enfoque biomédico que limita el sufrimiento humano a desequilibrios químicos o condiciones objetivas, las propuestas de Humberto Maturana Romesín nos invitan a reconsiderar no solo la biología, sino también nuestra comprensión del malestar psíquico. Este biólogo chileno, junto a Francisco Varela, desarrolló la teoría de la autopoiesis, promoviendo una epistemología que centra la relación, el lenguaje y el amor como pilares del vivir humano, cuestionando así las perspectivas convencionales de la psiquiatría.

Maturana nos mostró que los seres vivos somos sistemas autopoiéticos, operativamente cerrados, que nos definimos a través de la interacción con nuestro entorno. La realidad no es algo exterior e independiente del observador; se construye en el ámbito del conocimiento. En el contexto psicológico, esto significa que los denominados “trastornos mentales” no son entidades universales localizables en el cerebro como enfermedades físicas, sino experiencias que emergen de nuestras historias relacionales y emocionales.

Desde esta “objetividad entre paréntesis”, Maturana critica el racionalismo moderno, que desliga al sujeto del objeto y busca causas externas o biológicas absolutas para el sufrimiento. En la psiquiatría dominante prevalecen diagnósticos etiquetadores y tratamientos farmacológicos que “corrigen” presuntas anomalías, ignorando muchas veces el contexto relacional y emocional del individuo. Para Maturana, el dolor psíquico a menudo surge de la negación sistemática del otro y de uno mismo, y de la pérdida de la “biología del amor”: esa aceptación mutua que es la base de nuestra convivencia social.

No es casual que sus ideas hayan impactado profundamente en enfoques terapéuticos sistémicos, constructivistas y posracionalistas, donde la psicoterapia no impone una verdad objetiva, sino que acompaña al paciente hacia un convivir armónico. El cambio se produce en la interacción conversacional, respetando la singularidad de cada persona y guiando hacia el abandono de la negación y el reencuentro con el amor como emoción central.

En mi experiencia personal, el intenso miedo al juicio ajeno —ser evaluado, ridiculizado o rechazado en interacciones cotidianas— ha sido diagnosticado por la psiquiatría como “fobia social” o “trastorno de ansiedad social”, categorías del DSM que lo presentan como un déficit individual, supuestamente relacionado con desequilibrios neuroquímicos o predisposiciones genéticas que necesitan ser corregidos farmacológicamente y/o a través de terapias cognitivo-conductuales.

Sin embargo, desde la perspectiva de Maturana, este malestar que he experimentado no es una patología objetiva en mi cerebro, sino una respuesta dolorosa derivada de mi contexto relacional. Este miedo al juicio de los demás no es un “trastorno” inherente, sino una respuesta defensiva ante un convivir que exigía ocultar las emociones. Solo al explorar espacios terapéuticos relacionales y nuevas experiencias en las que fui acogido sin juicios, comenzó a transformarse en una mayor flexibilidad y autonomía, sin necesidad de medicación.

Todo lo mencionado pone de manifiesto que, en tiempos de crisis ecológica, social y civilizatoria, donde el individualismo y la competencia exacerban el aislamiento y el sufrimiento, retomar a Maturana implica cuestionar un modelo psiquiátrico racionalista, cerebrocéntrico y medicalizador que patologiza emociones legítimas e incluso acepta prácticas aberrantes como la terapia electroconvulsiva. Por ello, es fundamental optar por terapias más relacionales, empáticas y centradas en los vínculos, que interpreten el malestar no como un defecto individual, sino como una señal de un convivir herido.

En definitiva, considerar seriamente esta biología del conocimiento y del amor podría transformar no solo la psiquiatría, sino también nuestra manera de habitar el mundo: promoviendo el cuidado mutuo, la empatía y la aceptación del otro. Solo así podremos recuperar la visión de un vivir democrático y amoroso que Maturana deseó hasta sus últimos días.

Con Información de pagina19.cl

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