Análisis crítico de la falacia autoritaria y reaccionaria en el contexto de un mundo multipolar

 

En un artículo reciente titulado «El fin del derecho internacional y el regreso de la guerra mundial», publicado el 3 de enero de 2026, el filósofo ruso Alexander Dugin presenta una visión alarmante y autoritaria del orden mundial. Según su perspectiva eurasianista, sostiene que el colapso del derecho internacional es inevitable a causa de la incompatibilidad entre sistemas de poder rivales, lo que podría llevar a una Tercera Guerra Mundial.

No obstante, esta narrativa es en realidad una justificación ideológica para el expansionismo ruso, disfrazada de un discurso de realismo geopolítico que ignora las raíces imperiales de las acciones de Moscú y que promueve un multipolarismo que, lejos de ser liberador, sirve como una herramienta de dominación sobre pueblos que buscan vivir en paz en sus territorios.

Dugin, cercano al régimen de Vladimir Putin y una figura central en el pensamiento de la extrema derecha rusa (frecuentemente catalogado como «fascismo ruso»), ofrece una interpretación selectiva del derecho internacional. Comienza con el sistema de Westfalia de 1648, navega por el bipolarismo de la Guerra Fría y llega al «momento unipolar» posterior a 1991, donde Occidente, guiado por Estados Unidos, impone su hegemonía a través de la globalización y organizaciones como la ONU, que él califica de obsoletas.

Hasta aquí, su análisis podría resonar con críticas descolonizadoras desde el Sur Global, como las que emergen en América Latina al cuestionar el colonialismo, el extractivismo y el intervencionismo estadounidense. Sin embargo, Dugin toma un giro reaccionario al defender un multipolarismo basado en «estados-civilizaciones» como Rusia, China e India, donde la soberanía se valida a través de la fuerza bruta.

Esta visión es tanto hipócrita como peligrosa. Dugin se queja del «caos» actual con cinco sistemas incompatibles, desde la soberanía nominal de la ONU hasta la hegemonía unilateral de Estados Unidos, pero omite convenientemente el papel activo que Rusia ha jugado en este caos. La invasión a Ucrania en 2022, respaldada por Dugin, violó de manera flagrante el derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas que él mismo cita como un relicto. ¿Dónde queda la soberanía de los pueblos cuando los tanques rusos arrasan ciudades ucranianas bajo pretextos de «desnazificación»?

Lo que se presenta no es un choque inevitable entre polos, como propone Dugin, sino una agresión imperial que reproduce patrones coloniales. En América Latina, somos testigos de intervenciones disfrazadas: desde el golpe en Chile de 1973 hasta las recientes maniobras en Venezuela, con potencias como EE.UU. y Rusia compitiendo por recursos y dejando a los pueblos convertidos en meras «zonas de influencia», tal como Dugin las describe despectivamente.

Además, el multipolarismo que Dugin propone no es progresista ni descolonizador; es autoritario y patriarcal. Influenciado por su «Cuarta Teoría Política», que mezcla bolchevismo nacional, eurasianismo y elementos fascistas, su visión promueve un mundo dividido en bloques civilizatorios donde la diversidad cultural se reduce a jerarquías de poder. Esto desatiende las luchas feministas, socioambientales y de derechos humanos que traspasan fronteras.

En un contexto donde la crisis climática y las desigualdades globales exigen cooperación multilateral, Dugin opta por la confrontación, prediciendo que 2026 será un año «crítico» para un conflicto prolongado. ¿No constituye esto una profecía autocumplida que beneficia a regímenes como el de Putin, que utiliza la retórica antioccidental para justificar represión interna y expansión externa?

Lamentablemente, la narrativa de Dugin resuena en ciertos sectores de una izquierda autoritaria que, en su obsesión antiimperialista contra Occidente, termina apoyando figuras como él y regímenes opresores como el de Putin. Esta izquierda, atrapada en un binarismo simplista, ignora las violaciones a los derechos humanos en Rusia o China y prioriza alianzas geopolíticas sobre los principios de emancipación social y solidaridad internacional. Esto revela cuán perdida está esta corriente, pues reproduce las mismas lógicas autoritarias que dice combatir, socavando cualquier proyecto transformador desde el Sur Global.

Desde una perspectiva latinoamericana, como lo planteó Aníbal Quijano con su concepto de colonialidad del poder, debemos rechazar esta falsa dicotomía entre unipolarismo occidental y multipolarismo autoritario. Lo que realmente necesitamos es criticar todos los imperialismos, reformar la ONU para dar una voz real al Sur Global, desmilitarizar las relaciones internacionales y priorizar la sostenibilidad ecológica sobre el «derecho del más fuerte». Dugin, con su perspectiva, no ofrece soluciones; solo justificaciones para más violencia.

En tiempos de crisis, como la reciente escalada de violencia en Venezuela e Irán, donde la hipocresía de posturas de izquierda y derecha abunda, es urgente una crítica constante: condenar todo imperialismo, ya sea de Washington, Moscú o Beijing. Solo así construiremos un mundo pluriversal que albergue múltiples realidades, lejos de las guerras que Dugin parece anhelar.

Con Información de pagina19.cl

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