Por Rafael Bautista
El asalto a Venezuela es solo el comienzo de algo mucho más ominoso. Lo que se avecina, y que Washington ha decidido implementar como un deber sionista, es amenazar a Irán. Esto implica una guerra mundial (en los ámbitos energético, financiero y nuclear). El plan incluye desgastar a China en Taiwán y a Rusia en Ucrania (tras el intento de atentado contra Putin); así, nuestra región queda desprotegida y a merced del destino.
Las tibias reacciones de Petro y Scheinbaum reflejan el temor que permea el hemisferio; el ataque imperial ocurre justo después de la visita de Qiu Xiaoqi (enviado especial de China para América Latina) a Caracas. Es el monroeísmo en acción: “cualquier intervención extranjera en América será considerada un acto hostil”. Así, detrás de la estrategia de Trump se encuentran Marco Rubio y el lobby de los «gusanos», que representan, por definición, el cúmulo religioso del dólar y los intereses antinacionales de las élites latinoamericanas.
Por lo tanto, la nueva demolición planificada de nuestra región, a través de guerras cibernéticas, narrativas distorsionadas, colapsos estatales y balcanización, prevé que ninguna otra potencia se entrometa, mientras Washington logra saldar los gastos de guerra, endeudando infinitamente a nuestros países.
Esto significa que el juego imperial redefine el tablero geopolítico y organiza las piezas a su conveniencia. En esta guerra no declarada contra el Sur Global y los BRICS, Trump los lleva al escenario del MAD o “Destrucción Mutua Asegurada”. Esta es la tendencia suicida que marca la decadencia imperial. Como lo expresó Paul Craig Roberts (exsecretario de Estado de Reagan): “si Rusia confía en Washington, solo muestra que no ha aprendido nada de la Guerra Fría y permanece en la inocencia”.
Enredados en guerras por delegación, China, Rusia e Irán se ven obligados a mantenerse dentro de sus fronteras. En este contexto, la destrucción de Sudamérica podría activarse inminentemente, mientras la supervivencia de Brasil y cualquier otra potencia sería tolerada, siempre que su resistencia se limite a discursos. Así, el ataque a Venezuela y a la revolución bolivariana representa una trampa siniestra para el emergente mundo multipolar.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/y-los-tambores-de-guerra-seran-coreados-por-el-aplauso-de-burdas-masas-acefalas/