
A pocos meses de las Elecciones Generales de abril de 2026, Perú se encuentra en un contexto de profunda crisis de confianza. El descontento hacia la clase política se manifiesta no solo en discursos, sino también en las urnas, en las calles y en redes sociales, donde el voto nulo, el voto en blanco y movimientos como #PorEstosNo reflejan claramente el hartazgo ciudadano.
Por: Melissa Rubio.
La desafección política en el Perú es evidente. Según una reciente encuesta de DATUM, el 61% de los peruanos votará “con escepticismo o rechazo” en 2026, mientras que el 84% no confía en los candidatos. Esta desconfianza se traduce en votos en blanco y nulos; para muchos, marcar la papeleta de forma inválida se considera una clara forma de protesta contra la mala política, incluidas críticas hacia la ex presidenta Dina Boluarte y sus aliados.
DATUM advierte que este descontento podría traducirse en un “alto nivel de votos nulos o en blanco” en las próximas elecciones.
No obstante, hay una paradoja: el elevado número de votos inválidos reduce la base sobre la que se calculan los porcentajes y, sin querer, puede reforzar la legitimidad numérica del candidato ganador. Al quedar fuera del cómputo de “votos válidos”, el voto nulo o en blanco no es contabilizado, lo que beneficia a aquellos candidatos que no cuentan con el apoyo popular. Esto puede favorecer a candidatos poco respaldados.
#PorEstosNo
Otra forma de protesta es la campaña #PorEstosNo, que señala a partidos y figuras acusados de proteger la impunidad y malversar recursos públicos —incluyendo Fuerza Popular, APP, Renovación Popular, Avanza País, Somos Perú, Acción Popular, Perú Libre, APRA, PPC, Juntos por el Perú y Podemos—. El hashtag llama a no votar por estos partidos.
No obstante, solo gritar «no» en la urna no es suficiente. Desde una perspectiva humanista, como promueve Pressenza, #PorEstosNo debe ir acompañado de denuncias y propuestas concretas: listas verificadas, educación cívica, mecanismos de rendición de cuentas y planes reales para frenar la corrupción política y proteger los derechos humanos. El voto nulo o viciado es un testimonio del descontento, pero corresponde a la ciudadanía transformarlo en vigilancia activa y en alternativas viables, en lugar de permanecer en un silencio cómplice.
El voto de protesta no es neutral; representa un indicador de deslegitimación. Expertos y organizaciones de monitoreo afirman que estos votos no alteran candidaturas, pero son cruciales como indicador político: reflejan la pérdida de confianza y la debilidad del sistema democrático. En este sentido, el voto protesta es una señal de alerta para quienes deben gobernar con transparencia.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/voto-nulo-o-viciado-castigo-simbolico-de-un-electorado-indignado/