
El crecimiento de las fuerzas políticas de derecha es innegable. Desde una perspectiva crítica, es importante cuestionar si esto es simplemente un fenómeno temporal, una reacción histórica a un periodo de avance en los derechos y libertades, o si representa una aceptación duradera de ideas reaccionarias en la conciencia colectiva de los pueblos.
A pesar del descontento que provocan las apariciones mediático-digitales de ciertos representantes ultraconservadores, es evidente que la regresión y la violencia no pueden constituir una base sólida para alcanzar el bienestar común. Esto es especialmente cierto para aquellos en el poder que fomentan la violencia a expensas de los beneficios acumulados por la humanidad.
Por el contrario, las señales actuales sugieren que estamos llegando al final de una época caracterizada por un materialismo radical, que en su momento sustituyó a un prolongado periodo de dictadura tradicionalista, controlada por entidades religiosas y organizadas como dinastías divinas.
En este sentido, podría estar por llegar un momento de síntesis que, a partir de una integración armónica que incluya las diferencias y los logros progresivos de épocas anteriores, busque un nuevo paradigma que una cuerpo y espíritu, materia y energía, justicia social y desarrollo existencial y espiritual. Desde esta óptica, las viejas polaridades podrían unirse temporalmente hasta que una nueva ola de rebeldía desafíe y cuestione el statu quo alcanzado.
Este fenómeno tiene una gran relevancia política.
Las tendencias retrógradas
Los elementos que influyen en el giro político conservador son diversos y, aunque actúan de forma conjunta, deben ser analizados individualmente.
En una primera fase de análisis, el colapso del mundo unipolar, encabezado por Estados Unidos, sucesor de los colonialismos europeos, no pasa desapercibido. Este quiebre está vinculado al ascenso del multilateralismo, que busca su lugar en la comunidad internacional. Paradójicamente, en esta nueva era, las potencias emergentes se refugian en sus propias tradiciones como forma de resistir la dominación cultural del imperialismo occidental.
A la vez, el poder financiero, cuya estructura de concentración se mantiene, intenta evitar la redistribución de sus riquezas ilegítimas fomentando el caos y la violencia. El resultado de esta estrategia es la precarización de amplios sectores de la población, lo que puede llevar a la delincuencia o a la autoexplotación como formas de subsistencia. En respuesta a este fenómeno, se intensifican el control y la represión, así como la militarización social. La mentalidad de «cada uno por su cuenta» dificulta la capacidad para organizarse en proyectos políticos colectivos con una visión de justicia social.
Sin embargo, como ocurrió durante las épocas de dominación colonial, la fuerza bruta no es suficiente para apaciguar la indignación popular. La dominación subjetiva se hace evidente en la distracción a través de contenidos vacíos en redes sociales, discursos de odio que dividen a la sociedad y la demonización de modelos positivos, promoviendo la «mano dura» que puede dar lugar a victorias políticas engañosas, presentadas como «renovación».
Es crucial también abordar otro nivel de análisis, relacionado con la recepción que hallan las propuestas regresivas en la conciencia popular. No se puede atribuir únicamente al poder de manipulación la capacidad de la derecha para ganar apoyo temporalmente.
Desde un enfoque generacional, la contraofensiva conservadora combina dos tendencias. Por un lado, un amplio grupo de jóvenes se rebela contra los proyectos de transformación que comenzaron en la segunda mitad del siglo pasado. Como toda nueva generación, no se identifica con la memoria y el legado de sus padres, demandando cambios que reflejen los tiempos actuales. Al mismo tiempo, en diversas regiones, se experimenta un envejecimiento de la sociedad, con un sector significativo sintiéndose desubicado y hostil a los rápidos cambios sociales.
Frente a la incertidumbre y la falta de perspectivas, la búsqueda de un refugio se vuelve esencial, lo que lleva a recurrir a un pasado que, aunque ya no está presente, se percibe como un puerto imaginario de salvación.
Así, en distintos contextos, se hace hincapié en fórmulas pasadas que puedan ofrecer estabilidad en tiempos de tempestad. Sin embargo, estas no serán suficientes para frenar el avance de la historia, que siempre demanda respuestas más significativas.
Es hora de reconocer: la inseguridad que la mayoría de las personas experimentan proviene de la falta de certezas existenciales. Ni la situación socioeconómica, ni las relaciones personales o familiares, ni el apego a dogmas obsoletos, ni los modelos políticos brindan respuestas satisfactorias a una conciencia deseosa de horizontes claros. Todo parece efímero, volátil e incierto. En medio de este panorama, la humanidad busca inspiración para generar nuevas referencias y propuestas a futuro, que no surgirán de los espacios que han producido la crisis actual.
Nuevas certezas
Si mantenemos la tesis sobre el advenimiento de un nuevo momento que integre armónicamente cuerpo y espíritu, materia y energía, equidad social y desarrollo, entonces este será el camino a seguir y construir en cada acción.
Es crucial reconocer que podemos identificar este principio fundacional en diversas iniciativas ya existentes. Estas semillas de renovación, como ha sucedido en el pasado, brotan pequeñas y frágiles, pero eventualmente conectan con las necesidades de las masas. La nueva realidad comienza a gestarse antes de que los ciclos anteriores hayan terminado de agotarse. Esta nueva realidad está aquí, activa y presente, aunque la resistencia de lo viejo complica su visibilidad.
Apoyar, promover, fortalecer y hacer convergir los impulsos de estas nuevas realidades es el camino a seguir. Estas nuevas revoluciones buscan dejar atrás la violencia, la imposición, la discriminación y la exclusión. No solo pretenden generar cambios externos en la organización social y en los valores individuales y colectivos, sino también transformar a la humanidad en un sentido solidario y pacífico, contribuyendo así a la evolución general de la vida.
En este proceso histórico de crecimiento humano, un nuevo humanismo desempeñará un papel crucial por su capacidad integradora, heredera de aquellos momentos en que se promovió la dignidad humana y sus oportunidades en cada cultura del planeta, aunque con distintos nombres. En esta era de interconexión entre pueblos y culturas, en el surgimiento de la primera civilización humana de la historia, esa contribución es indispensable.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/certezas-existenciales-y-nuevas-revoluciones/