La reciente captura de Maduro por fuerzas especiales estadounidenses ha generado asombro a nivel mundial, a pesar de que su eventual caída era predecible. La sorpresa radica en la forma en que se llevó a cabo, con Trump desoyendo las Naciones Unidas, el derecho internacional y la opinión pública global.
En realidad, esta conducta no debería ser nueva para nosotros; el historial de intervenciones del gobierno de EE. UU. es bien conocido. Normalmente, las realizaban a través de intermediarios, pero esta vez no encontraron aliados dentro de las fuerzas armadas venezolanas, lo que les llevó a actuar de manera directa.
La situación recuerda la captura del general Manuel Noriega en Panamá a principios de la década de 1990 y la del nazi Adolf Eichmann en 1960 por parte del Mossad. Ambos fueron atrapados en operaciones secretas sin un respeto por las normativas internacionales. En cada caso, se implementó la ley del más fuerte, algo que Trump parece aplicar con firmeza.
Eichmann fue llevado a Israel, juzgado, condenado a muerte y ejecutado en 1962; mientras que Maduro será trasladado a Nueva York, donde enfrentará cargos de corrupción, conspiración para importar cocaína y narcoterrorismo por parte del Departamento de Justicia de EE. UU., acusaciones similares a las que se hicieron en su momento contra Noriega.
Esto era previsible. Trump ya había lanzado «avisos» mediante bombardeos de embarcaciones en el Caribe, sin intervención judicial ni los debidos procesos. Es posible que intentara sobornar a altos oficiales venezolanos sin éxito hasta el momento. Su argumento se basa en la necesidad de proteger a la población del narcotráfico, aunque muchos lo ven como una excusa para apoderarse de las riquezas petroleras de Venezuela.
El panorama político y social observa con desconcierto lo sucedido. Habrá protestas y movilizaciones, pero es poco probable que generen un impacto significativo. El gobierno venezolano protestará, las fuerzas armadas se movilizarán, y las organizaciones internacionales harán llamados, pero el mundo seguirá su curso como lo ha hecho en otras ocasiones de intervenciones similares.
Es importante recordar que esto se produce en un nuevo contexto mundial que aún no se define con claridad. Tras la Segunda Guerra Mundial, emergió un balance bipolar dominado por EE. UU. y la URSS. Con la caída de la URSS, se dio paso a un orden multipolar, que parece estar terminando con la aparición de China, el declive de EE. UU., y el intento de Rusia de establecerse en esta nueva era.
La llegada de Trump y las acciones de Putin parecen intentar recuperar influencias pasadas, mientras que China avanza con calma. Europa pareciera no tener claro su papel en este nuevo escenario.
¿Asistirán Rusia y China con pasividad ante la intervención estadounidense en Venezuela? Probablemente así sea. Se podría especular que Rusia tomará control sobre Ucrania, mientras EE. UU. se distrae, dejando a Europa en una situación complicada. Por su parte, China podría intentar recuperar Taiwán. Así, nos adentraríamos en un nuevo mundo tripolar, cuyas características aún son difusas.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/venezuela-finalmente-cayo-maduro/