Veinte años de poesía y destierro.

Literatura

Recordar es reencontrarse con lo vivido. Algunos recuerdos, indelebles, nos acompañan siempre. Uno de esos instantes que quedan grabados para siempre es aquel caluroso día en Madrid, el 9 de julio de 2005, cuando varios escritores y poetas formaron la Generación de la Amistad Saharaui. Su propósito: llevar la palabra en forma de versos a diversos rincones del mundo y combatir la desmemoria y el olvido, convirtiendo el lenguaje en un territorio que desafía fronteras.

Los versos de esta Generación se transformaron en libros, un nuevo oasis que rinde homenaje a Tiris y sus paisajes infinitos. La hasanía se fusiona con el castellano, creando poemas junto a la hoguera, donde Beibuh y Badi dan vida a sus versos tras la lluvia o las tormentas de arena. En esos momentos, los poetas del exilio entablan diálogos con la poesía de Limam Boicha, Zahra Hasnaui y Bahía Mahmud Awah.

La Radio Nacional Saharaui, desde el exilio, resonaba con una voz nítida que unió a los poetas de la Generación de la Amistad. El programa «Poemario por un Sahara Libre» mantenía la esperanza del territorio perdido, convirtiéndose en un espacio intangible de conexión. Desde Madrid, Conchi Moya Fernández, periodista y escritora, se convirtió en la antóloga de estos poetas, desentrañando su literatura con una mirada profunda.

Nunca imaginaron que sus versos serían leídos en la lengua de Shakespeare, Molière, Dante Alighieri o Bernardo Atxaga.

La palabra ha estado indisolublemente ligada al exilio y a la dolorosa pérdida de un territorio, especialmente en los versos de la Generación de la Amistad. Imágenes de acacias, huellas de dromedarios y pozos de agua evocan la inmensidad y el calor de una hoguera bajo un cielo estrellado.

Palabras como Aagla, Tiris, Dajla y Aaiún fluyen en sus versos, buscando en la memoria poética una identidad perdida. La poesía, como un territorio, atraviesa fronteras y florece en árboles de mangos y olivos, revelando cada forma de humedad. Nada escapa a este viento de arena ni a la lluvia que se desató hace dos décadas en Madrid.

Nunca antes una generación había luchado tanto por no desaparecer en el olvido. Sus versos marcan el camino hacia el mar y hacia el territorio que habita en la memoria de cada poeta, un legado eterno.

Veinte años de antologías, libros y universidades han dado voz a un pueblo del que intentan robar la narrativa, querer aplacar sus versos en hasanía y castellano, tratando de borrar sus raíces y silenciar la historia de sus pensadores.

En el “Libro del nomadeo” o “Kitab Albadía” del sabio Chej Mohamed Elmami, se revela cómo la tierra saharaui está impregnada de versos que viajan como la arena hacia la montaña de Tangat, donde se alzan como una esperanza inquebrantable.

La Generación de la Amistad Saharaui deja un legado de veinte años de memoria, versos y poesía. Una melodía que vive en el corazón del Tiris y resuena en cada grano de arena.

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Tiris en el recuerdo

En la memoria permanecen,

las entrañas del Tiris

su cielo vibrante de estrellas,

sus dunas blancas

y sus cumbres oscuras.

Del Tiris brota la arena,

el agua clara,

el viento que abraza la tierra

y hace cantar a las montañas.

Los demonios y diablesas

son lagartos

que conversan bajo la luna

en busca del calor del fuego.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/generacion-de-la-amistad-saharaui-veinte-anos-de-versos-y-exilio/

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