
Reflexiones sobre el reciente documental *Uyariy*, dirigido por Javier Corcuera, que aborda la masacre de Juliaca – Puno, acontecida en Perú el 9 de enero de 2023. Una obra imprescindible.
Por: Lucas Z. Granda.
Me conmoví profundamente al iniciar la película. Eran lágrimas de impotencia, de injusticia y un llanto de resignación por un país que parece hundirse cada vez más en un abismo oscuro y sucio que no parece tocar fondo. El lamento de las víctimas es el lamento de todos los peruanos, de Puno y del sur, donde mueren la meritocracia y la institucionalidad, y nuestro pueblo sufre en una democracia que ya no lo es, y en una justicia que ha dejado de ser justicia.
Entre el 7 y el 9 de enero de 2023, el gobierno de Dina Boluarte asesinó a 18 compatriotas en la región de Puno. Durante las protestas tras su llegada al poder, se reportaron 49 asesinatos, la mayoría en el sur del país. En este contexto, se mueve el dolor de la historia, y la lancha surca el lago Titicaca.
Entre las víctimas había muchos jóvenes, incluso niños que simplemente estaban viviendo un día normal, pero la policía disparó a quemarropa mientras el helicóptero lanzaba bombas lacrimógenas. Aún hay quienes, frente a un micrófono, piensan que pueden cambiar la historia repitiendo mentiras. Especialmente quienes como la Sra. Milagros Leiva, deshonran la memoria de los asesinados. Rolo no parece contar con las fuentes adecuadas durante sus entrevistas, y debería recordar su propia herencia, no debe menospreciar nuestra inteligencia ni dar la espalda a su pueblo.
Es importante honrar la lucha de nuestros abuelos en Puno y de todos nosotros, los migrantes, quienes pelearon por derechos fundamentales como la educación, la libertad, y la posibilidad de elegir. Sabían que un “indio leído es un indio peligroso”. Las manifestaciones no nacen del ocio o del deseo de hacer política, sino de la necesidad de enfrentar un poder opresor que censura la voluntad popular en favor del interés de unos pocos. Ningún cambio es gratuito; todo se gana luchando.
Es un orgullo pertenecer al sur y tener amigos y familiares quechuas y aymaras, miembros de una nación del altiplano que, a pesar de los constantes asesinatos y la represión estatal a lo largo de la historia, desde la colonización hasta hoy, saben que deben luchar, progresar y permanecer unidos ante las adversidades que buscan dividirnos y colonizarnos nuevamente.
Clamar justicia por nuestros muertos, por los hijos y hermanas que hemos perdido, es un desafío en un sistema donde la mejor parte siempre va a parar a quienes dominan el país: medios de comunicación, la CONFIEP, y otros grupos que mercantilizan los recursos naturales sin reinvertir en el país. Sin embargo, la lucha se renueva cada año, con cada nueva generación y con cada cultura viva que llega a nuestras ciudades.
Los que se oponen, desde la seudo derecha extranjera con sus peones en Perú, dirán que esta es una película para los rojos o para fomentar el odio. Solo les aconsejo que vean la película y se pregunten: ¿y si la bala perdida me hubiera alcanzado a mí? ¿Y si mi hijo hubiera muerto tratando de ayudar a un herido? Puno no es solo parte de Perú; sin Puno, Perú no sería lo que es, sin sus regiones ni su pueblo.
Debemos prepararnos para recuperar la patria de las universidades que engañan a nuestras juventudes y de las organizaciones políticas que operan como criminales. Debemos restaurar nuestros medios de transporte para el turismo local. Hay que recuperar la dignidad peruana y sentirnos orgullosos de nuestro sistema de justicia, de nuestro Congreso y de nuestras autoridades locales.
Y sí, hay divisiones en Perú: el pueblo y los que se oponen a él, los mismos que coaccionan las decisiones que afectan a todos. Ahora entiendo por qué inicialmente se canceló la película: quieren que el recuerdo de nuestra historia se disuelva. No debemos rendirnos ante el poder hegemónico ni retroceder. Los que censuraron este documental tienen miedo: miedo a que sigamos organizándonos, a que sigamos leyendo y a que nos indignemos. Porque llegará el día en que todo se canalice, lo sabemos, la justicia que el pueblo anhela desde hace más de 200 años llegará. Quienes trabajamos en ella tal vez no lo veamos, como dicen nuestros paisanos en Juliaca, pero no dejaremos de luchar. Esperamos que, cuando llegue nuestro momento, ya no mueran más compatriotas por reclamar sus derechos, por exigir oportunidades y por lograr un país con justicia.
[1] Periodista de un medio local, conocida por su información sesgada.
[2] Productor de la periodista Leiva.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/uyariy-escucha-para-que-luches/