La intervención de Estados Unidos en Venezuela representa un cambio político significativo que trasciende el contexto venezolano. No es solo una operación específica, sino un antecedente: la decisión de actuar al margen del derecho internacional y asumir abiertamente las consecuencias políticas. Este giro transforma el panorama global. Aunque no todo sucederá de inmediato, lo que antes parecía impensable ahora emerge como plausible.
El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca acelera esta transformación. No tanto por su retórica, sino porque representa un enfoque de poder que ya no intenta justificar sus acciones bajo convenciones internacionales. La señal es evidente: cuando la hegemonía siente que está perdiendo terreno en lo económico, tecnológico o comercial, puede optar por imponer reglas de facto, incluso a costa de desmantelar un discurso que ha mantenido durante años.
Desde este punto de inflexión, surgen al menos seis escenarios plausibles que merecen un análisis detenido.
### Escenario 1: Persecución política extraterritorial
La criminalización de figuras políticas extranjeras ya no es una excepción. Estados Unidos amplía el uso de su legislación interna para perseguir o sancionar a personas fuera de su jurisdicción. El caso de Francesca Albanese, relatora de la ONU para los territorios palestinos, es un ejemplo preocupante. La línea entre la crítica diplomática y la persecución personal se vuelve borrosa, convirtiendo a presidentes, jueces y activistas en objetivos de campañas de desprestigio.
### Escenario 2: Intervención indirecta en América Latina
Gobiernos autónomos o críticos se convierten en blanco de presión. El presidente colombiano Gustavo Petro, defensor de reformas estructurales y crítico de la política antidrogas estadounidense, enfrenta constante vigilancia. La presión puede no manifestarse como un golpe clásico, sino a través de chantajes económicos, bloqueos de cooperación, acciones mediáticas o incentivos a divisiones internas.
### Escenario 3: “Guerra contra las drogas” como pretexto
Bolivia, como productor de litio, es un blanco vulnerable para ser etiquetada como un “narcoestado” o “amenaza regional”. Una intervención podría justificarse bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico, aunque el verdadero interés resida en el control de recursos estratégicos.
### Escenario 4: Control de infraestructuras estratégicas
El canal de Panamá emerge como un punto crítico. En un contexto de competencia por rutas comerciales, el control de estas se convierte en una herramienta de presión. Las tensiones en torno al puerto de Chancay en Perú y corredores bioceánicos entre Brasil y el Pacífico añaden complejidad, donde Estados Unidos puede influir sin necesidad de bloquear físicamente las infraestructuras.
### Escenario 5: Presión sobre aliados
Incluso los aliados tradicionales, como Canadá, enfrentan tensiones internas. El sector petrolero de Alberta, con narrativas secesionistas, puede ser utilizado para generar inestabilidad. Groenlandia también es objeto de interés estratégico por su control sobre rutas en el Ártico.
### Escenario 6: Proyección coercitiva en África
África, en especial el Sahel, se presenta como área de intervención bajo el manto de la lucha contra el terrorismo. La retirada de actores europeos puede abrir espacios para acciones agresivas. Sudáfrica, miembro del BRICS, podría ser blanco de sanciones si se alinea más con China y Rusia.
### Un tablero sin reglas claras
Estos escenarios no son profecías, sino posibilidades que derivan de un cambio de fase. La situación en Venezuela no señala el inicio de una nueva era de legalidad, sino la erosión de límites confiables. La lección para América Latina es clara: la neutralidad no garantiza protección. La diversificación de alianzas y el control sobre infraestructuras se vuelven esenciales para la supervivencia política.
El juego ha cambiado, y tras Venezuela, nadie puede alegar ignorancia.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/despues-de-venezuela-seis-escenarios-plausibles-del-nuevo-tablero-en-el-juego-de-tronos/