Reescribe este titular Viaje a Cuba entre apagones y solidaridad

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5 de marzo, primer día en La Habana de mi viaje de 2026. Ya he estado aquí antes, pero cada vez que vuelvo mi amor por este país, por su historia y por su revolución no hace más que aumentar; por eso, si todo sale como espero (y haré todo lo posible para que así sea), dentro de poco más de dos años me mudaré aquí definitivamente.

Dicho esto, comencemos a hablar de este país, único en el mundo por su resiliencia, su tenaz defensa de su libertad, su independencia, su soberanía, una resistencia que dura desde hace muchos años, exactamente desde el 1 de enero de 1959, día del triunfo de la revolución, al que siguió poco después lo que comúnmente se denomina embargo, pero que en realidad es un asedio. Es como si Cuba fuera un antiguo castillo encaramado en la cima de una montaña y rodeado por el acosador, que desde entonces ha desplegado todo tipo de agresiones directas e indirectas, coacciones, amenazas y sanciones contra cualquiera que mantenga cualquier tipo de relación con la isla. Solo unos pocos países que prácticamente no tienen relaciones con Estados Unidos y por lo tanto no sufren sus chantajes, logran obstinadamente hacer llegar algo a Cuba.

El asedio, aunque parecía imposible, ha sido recientemente agravado por el actual inquilino de la Casa Blanca (un personaje al que ni siquiera quiero nombrar, tanto me repugna); este agravamiento afecta, como muchos sabrán, la importación de petróleo y derivados. De hecho, Estados Unidos impone todo tipo de sanciones a los países productores que envían petróleo a Cuba. Como es fácil imaginar, esto tiene consecuencias terribles. El transporte es solo la última pieza de un sistema basado casi en su totalidad en la producción de energía eléctrica a partir de centrales termoeléctricas alimentadas con combustibles fósiles. De hecho, los mayores problemas afectan a todas aquellas actividades que, sin energía eléctrica, no pueden satisfacer las necesidades básicas del país, en primer lugar los hospitales. Imaginemos si esto ocurriera en Italia, hospitales y centros sanitarios sin electricidad… Por eso no tengo ningún reparo en hablar de asedio.

Ante la emergencia, el Gobierno cubano ha tomado varias medidas, entre ellas la asignación de los recursos energéticos disponibles a las actividades imprescindibles y el racionamiento de los combustibles para las demás. Con notable visión de futuro, también ha puesto en marcha una política energética fuertemente orientada hacia la producción fotovoltaica: ya en mi primer viaje, en 2023, pude ver varios parques fotovoltaicos que se extendían a lo largo de la carretera central, la larga serpentina que recorre la isla de este a oeste. En aquel entonces se trataba de instalaciones extensas que necesitaban grandes espacios y que, obviamente, no disponían de baterías de almacenamiento, por lo que la energía producida se inyectaba directamente en la red nacional. Hoy en día y dado que aquí no falta el sol, además del continuo aumento de estos parques, se ha puesto en marcha y se ha incentivado –incluso con contribuciones estatales– la instalación de sistemas de almacenamiento en todo tipo de edificios públicos y privados.

Esto se debe sobre todo a la extraordinaria ayuda de China, que como creo que todos saben, posee tecnologías muy avanzadas también en este campo; de hecho, paseando por La Habana se puede ver que muchas zonas de pequeño y mediano tamaño, hasta hace poco tiempo abandonadas, ahora se aprovechan para montar estas instalaciones.

Sin embargo todo esto no es suficiente, porque el camino hacia una liberación energética definitiva es largo y complejo. En la actualidad, la producción de energía a partir de fuentes alternativas solo cubre alrededor del 30 % de las necesidades nacionales, mientras que Estados Unidos está haciendo todo lo posible por asfixiar al país, con efectos lamentablemente muy evidentes. Los apagones duran decenas de horas y dejan a la población en un estado de gran frustración, que se mezcla con la ira por un castigo colectivo inhumano y cruel y, lamentablemente, también con el resentimiento y la desesperación, que amenazan con hacer implosionar la sociedad cubana por la falta de todo tipo de bienes de primera necesidad. Y la situación empeora día a día… Incluso el turismo se ha reducido a la mínima expresión y, con su desaparición casi total, se pierde, si no el principal, al menos uno de los recursos más importantes del país.

Las intervenciones en materia energética no terminan con la energía fotovoltaica. Al caminar por las calles de La Habana se nota inmediatamente un silencio bastante surrealista, tanto porque hay pocos vehículos con motor de combustión en circulación debido al racionamiento de combustible, como porque las calles están llenas de motocicletas y pequeños vehículos de tres ruedas totalmente eléctricos, de fabricación china.

Hoy yo mismo –que estoy aquí también en nombre de la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba (ANAIC), de la que formo parte–, he llevado a cabo una misión que me ha llenado el corazón. Los círculos lombardos de la ANAIC están hermanados desde hace más de treinta años con la delegación del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) de la provincia de Las Tunas. No se trata de un hermanamiento formal, sino de una relación viva y dinámica, gracias a la cual la solidaridad pasa de ser una simple fórmula a convertirse en ayuda concreta. El año pasado, cuando se rompió el único TAC disponible en esa provincia, sin posibilidad alguna de encontrar piezas de repuesto debido al mencionado bloqueo, los círculos de Lombardía se hicieron cargo rápidamente, con numerosas donaciones de los socios, de la compra de las piezas necesarias y de su envío a Cuba. Hoy, en cambio, con una nueva recaudación de fondos entre todos los socios, hemos respondido a su solicitud de ayuda para instalar una planta fotovoltaica con almacenamiento por un importe de 8.000 euros. Entregar personalmente esta ayuda concreta en manos de la secretaria del ICAP de Las Tunas, María Romero Rodríguez, fue para mí un momento muy emotivo.

Siguiendo con el tema de la ayuda concreta, muchos otros viajeros pertenecientes a todo tipo de asociaciones de apoyo a Cuba y yo, nunca venimos aquí con las manos vacías, sino con una o varias maletas llenas de todo tipo de medicamentos que, como podéis imaginar, debido al bloqueo no pueden llegar aquí. Transportamos medicinas para amigos, amigos de amigos, conocidos, familiares, pero sobre todo para hospitales y centros de salud.

Es precisamente cuando las necesidades son mayores cuando la solidaridad se hace más tangible. En La Habana vive desde hace años una italiana a la que definir de extraordinaria es quedarse corto: Barbara Iadevaia, cooperante de la Comunidad Italiana en el Mundo y representante de la ASC (Asociación Suiza Cuba) del cantón del Tesino, constituye el puente de solidaridad entre Europa y Cuba. Se le entrega todo tipo de fármacos, medicamentos y material sanitario, y Barbara se encarga de organizar su distribución por todos los rincones de la isla.

El amor incondicional de Barbara y mío por este país y por este pueblo nos impulsa a hacer lo que hacemos, porque Cuba siempre ha sido solidaria con cualquier otra nación y merece toda nuestra ayuda y nuestro apoyo.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/viaje-a-cuba-entre-apagones-y-solidaridad/

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