Reescribe este titular Un ocho de marzo por las mujeres y la paz mundial

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de Iñaki Chaves

En especial por las más de doce mil mujeres palestinas que nadie volverá a ver porque han sido asesinadas durante el genocidio en Gaza (1).

Han quedado como amplias cifras y simples signos de un crimen. Un dato entre paréntesis, un número entre guiones, un guarismo entre comas. Números sin nombres, mujeres que no conocimos y de las que, salvo algunas excepciones, tampoco sabremos sus nombres y mucho menos sus historias de vida, sus inquietudes, sus anhelos y sus narrativas.

Tampoco conozco Gaza, ni Palestina, y ya no creo que alcance a conocerlas. Al menos, no como eran antes. Antes, ¿cuándo? ¿En los tiempos anteriores a la Nakba?, ¿en los posteriores a la intifada? Ahora, ¿cómo? Asediada, destruida, borrada del mapa geográfico por mor de la política colonialista británica antes y la sionista judía y la expansionista gringa ahora, y con el silencio cómplice de la mayoría del planeta que se alimenta como si tal cosa mientras las cifras y las imágenes dejan constancia del mayor crimen de la historia de la humanidad.

Ya nada será, ni como antes, ni ahora, ni después. No será, y punto. Ese es el signo que más acompaña esta masacre y sus consecuencias, el punto y final. El final de la humanidad del ser humano, el final de la vergüenza y de la ética. El final de la vida de mujeres y niñas víctimas entre escombros y signos. Signos de destrucción, porque el genocidio busca matar la vida, pero también la historia, la memoria y la cultura.

Desconocemos casi todo sobre el arte, el cine y la literatura palestinas. Solamente vemos signos de ellos y que muchas mujeres palestinas quieren mantener con vida. Es el arte de vivir, que es lo más difícil que tiene la vida, sobre todo cuando no te dejan vivirla, y de resistir, de mantener la esperanza de que algún día podrán ser. Ser, sentir y resistir.

La vida es un proceso lleno de signos. Unos le dan sentido, otros, recorrido y otros, destino. De entre esos signos, uno destacado, y que deberíamos seguir gritando alto, es el del reconocimiento a Gaza, a Palestina y a sus mujeres. Seguir escuchando sus voces, entre gritos o entre susurros, en silencio o bajo las bombas, para seguir manteniendo viva la memoria y la realidad de sus historias.

Entre esas voces está la de Todos somos Gaza, seleccionada al premio a mejor largometraje documental en los premios Goya 2026. En la gala sí, muchas mujeres protagonistas y muchas chapas en las solapas, pero poca chicha y poco riesgo en los reconocimientos. Solamente así se explica que esta película se haya quedado en la cuneta. Una grosera indiferencia.

La vida en Gaza, en Palestina, y ahora en Irán, y tal como vamos en buena parte del mundo, seguirá siendo una vida entre paréntesis llena de puntos suspensivos. Hasta que una bala, perdida o dirigida, acabe escribiendo el punto y final.

Por un 8 de marzo, un 30 de abril, un 1 de mayo, un 6 de diciembre o un 25 de noviembre y otros trescientos sesenta días más en reconocimiento de las mujeres, también las palestinas. Porque todas somos Gaza.


(1) Según Oxfam Intermon los números apuntan, en su versión más conservadora, a que “más de 6.000 mujeres y 11.000 niñas y niños» habían perdido la vida en Gaza a manos del ejército israelí durante el primer año del genocidio. Para el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR), según su informe de febrero de 2025, eran más de 12.000 las mujeres asesinadas. Aunque se podría arriesgar una cifra, se desconocen los datos exactos a día de hoy.

El artículo original se puede leer aquí

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/un-ocho-de-marzo-por-las-mujeres-y-la-paz-mundial/

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