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Los miembros palestinos e israelíes de Combatants for Peace estamos profundamente alarmados por la actual escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Como movimiento conjunto comprometido con la noviolencia y con el fin de la ocupación por medios políticos, rechazamos firmemente la creencia de que un aumento de la fuerza militar pueda traer seguridad o estabilidad a nuestra región.
¿Y por qué nos sentimos así?
Hace pocos días, en Cisjordania, dos hermanos palestinos fueron asesinados por disparos de colonos en el pueblo de Qaryut, en el contexto de un aumento documentado de la violencia y de desplazamientos forzados perpetrados por colonos, una situación denunciada reiteradamente por Organizaciones de Derechos humanos y observadores de las Naciones Unidas.
Estos ataques no son episodios aislados de desorden, sino que se producen dentro de un sistema de ocupación que fragmenta la vida palestina, debilita la rendición de cuentas y consolida una realidad de desigualdad que erosiona cualquier perspectiva real de paz.
En Israel, numerosos civiles han muerto o resultado heridos por ataques con misiles iraníes contra zonas residenciales, lo que confirma una dura realidad de que son, siempre, las personas comunes quienes soportan las consecuencias del enfrentamiento entre Estados cuando este se intensifica. El Derecho internacional humanitario es inequívoco: los civiles nunca deben ser objetivo de ataques, y los bombardeos indiscriminados contra áreas habitadas son ilegales. Mientras los gobiernos invocan la disuasión y la seguridad para justificar sus acciones, familias israelíes, palestinas e iraníes lloran a sus seres queridos a medida que la confrontación se expande. Las declaraciones oficiales hablan en términos estratégicos; sobre el terreno, lo que permanece entretanto es el dolor.
Rechazamos la jerarquía del dolor que mide una vida frente a otra, y rechazamos la lógica que convierte las muertes civiles en moneda de cambio dentro de una confrontación más amplia. Lo que une estas realidades no es solo la escalada entre Estados, sino las estructuras políticas que normalizan y perpetúan el daño: ocupación, anexión, castigo colectivo y una política regional de riesgo calculado que trata las vidas civiles como una herramienta de presión y no como seres humanos iguales, con derecho a protección y dignidad.
La claridad moral en este momento exige mantener unidas estas verdades: oponerse a los ataques contra civiles en cualquier lugar y, al mismo tiempo, afrontar la realidad de la ocupación, la opresión y la injusticia arraigada que hacen que la escalada se repita una y otra vez. La expansión de la guerra no resolverá nada; solo amplificará el sufrimiento.
Si realmente queremos proteger la vida de los civiles, debemos comprometernos seriamente a poner fin a los sistemas que la ponen en peligro.
Renovando la esperanza,
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/la-violencia-nunca-es-la-respuesta-correcta/