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El litio es poder. Pero el país con los mayores recursos de litio del planeta importa el 90% de su diésel, cerró 2024 con apenas 47 millones de dólares en divisas líquidas, y la inflación superó el 20% en 2025. Es el resumen de cincuenta años de no entender que el poder hay que ejercerlo.
Por: Andrés Escobar
El 27 de febrero de 2026, un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Boliviana se salió de la pista del aeropuerto de El Alto y mató a 24 personas. Las investigaciones preliminares apuntan a sobrecarga y condiciones de la pista. Pero ese avión tenía casi 50 años de servicio, y Bolivia lleva décadas sin renovar su flota porque no tiene los recursos para hacerlo. Ocho días después del accidente, el presidente Rodrigo Paz viaja a Miami en una línea aérea comercial para reunirse con el presidente estadounidense en el Trump National Doral.
Corolario Trump
La Cumbre Escudo de las Américas del 7 de marzo no es una reunión de vecinos en pie de igualdad. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada a fines de 2025 establece lo que los analistas llaman el “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”: Washington buscará negar a China el control de activos estratégicos en América Latina. El representante comercial Jamieson Greer lo dijo sin rodeos: prefiere una producción ineficiente de un aliado a una producción eficiente de un rival estratégico. Los presidentes invitados —Milei, Kast, Noboa, Bukele, Peña, Asfura, Paz— son convocados como si Trump les ofreciera membresía en un club exclusivo: libertad, seguridad, prosperidad. Lo que no dice la invitación es quién fija las reglas, quién paga la cuota, y qué pasa si un socio decide no renovar.
Bolivia llegó a esta encrucijada en el peor momento económico de su historia reciente. La deuda pública total alcanzó alrededor del 95% del PIB en 2024. Las reservas internacionales, que llegaron a 15.000 millones de dólares en 2014, cayeron a 1.976 millones al cierre de 2024, con solo 47 millones en divisas líquidas. La inflación cerró 2025 en 20,40%, la más alta del siglo XXI en Bolivia. En 2024, el país gastó en importar combustibles más de tres veces lo que ingresó por exportar gas. La urgencia para ceder es enorme. Y ahí está la trampa.
El inicio de las frustraciones
Para entender el momento actual hay que volver a 1989, cuando el gobierno de Víctor Paz Estenssoro tenía todo listo para firmar el contrato con Lithco para explotar Uyuni por 40 años, pero prefirió dejarle el tema a su sobrino Jaime Paz Zamora. Según documenta el periodista Juan José Toro Montoya en Datápolis, Jaime Paz firmó una contratación directa que vulneró la ley que exigía licitación pública. Potosí respondió con una huelga de hambre de nueve días en La Paz y otra de ocho en Potosí. El gobierno cedió, se llamó a licitación, la ganó la FMC Lithium, el contrato se firmó el 14 de febrero de 1992, y trece días después una ley elevó el IVA del 10 al 13%. La empresa se fue. “El inicio de una serie de frustraciones sobre el litio en Bolivia”, concluye Toro Montoya.
Treinta y tres años después, el hijo de Jaime Paz Zamora llega al mismo cruce de caminos con el mismo recurso, las mismas potencias al otro lado de la mesa y el mismo apuro fiscal. Es historia literal, no metáfora.
Sin aristas no hay negocio
Lo que impidió entonces que Bolivia cediera en condiciones desventajosas no fue la sabiduría de ningún gobierno. Fue la resistencia de Potosí. Si Jaime Paz Zamora hubiera logrado lo que quería, Bolivia estaría hoy como Argentina: produciendo litio a escala industrial sin soberanía real sobre ese proceso. La compañía Rio Tinto controla desde octubre de 2024 los principales proyectos del noroeste argentino tras adquirir Arcadium Lithium por 6.700 millones de dólares. Las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca negocian individualmente, cobran regalías del 3 al 5%, y registran tasas de pobreza superiores al 40%. “El régimen tributario del litio solamente está pensado para atraer inversión privada y no para planificar desarrollo, ni mucho menos para cuidar el territorio”, dice la economista Candelaria Oviedo, de la Fundación para el Desarrollo Humano Integral.
Chile produce más, pero su historia es igualmente reveladora. SQM fue privatizada durante la dictadura de Pinochet en beneficio de Julio Ponce Lerou, su yerno, quien desde la CORFO supervisó el proceso y luego consolidó su control mediante un entramado de sociedades que la justicia chilena llamó “cascadas”. La concesión del Salar de Atacama, firmada en 1995, le otorgó a SQM 180.000 toneladas de litio en 30 años a cambio de 15.000 dólares anuales de renta fija y un canon que nadie fiscalizó durante años. Esa privatización nunca fue investigada porque estuvo dentro de los acuerdos que Pinochet firmó con la oposición antes de entregar el poder: fue parte del precio de la democracia chilena. En 2025, el Estado recuperó presencia asociándose con SQM bajo la Estrategia Nacional del Litio del presidente Boric. Lo hizo porque no tenía otra opción: el que llegó primero ya había fijado las condiciones.
Bolivia tiene 21 millones de toneladas de litio cuantificadas como recursos en Uyuni —recursos, no reservas, porque “Bolivia no tiene ni una tonelada de litio en reservas certificadas”, advirtió el investigador Jorge Campanini del CEDIB. Además, las salmueras bolivianas tienen una alta relación magnesio-litio que hace inviable la evaporación solar convencional, la tecnología que Bolivia instaló y que apenas recupera el 30% del litio disponible. La alternativa, la extracción directa de litio, no ha demostrado viabilidad a escala industrial en las condiciones específicas de Uyuni. Esto explica el resultado de la gestión Arce: 1.054 millones de dólares invertidos entre 2021 y 2024, 691 toneladas producidas, 8,6 millones en ingresos. La transferencia tecnológica no es una condición ideológica. Es una necesidad técnica verificable.
Con todo eso sobre la mesa, el potencial sigue siendo real. Si Bolivia alcanzara 100.000 toneladas anuales —escala que Chile y Argentina ya operan— a precios de enero de 2026, los ingresos brutos rondarían los 2.000 millones de dólares al año. Cuatro veces lo que gasta en importar combustibles. El problema nunca fue el recurso.
Equipaje de mano, o las reglas del Club
La crisis no admite esperar. Bolivia no tiene el lujo de aguardar diez años a que madure un proyecto extractivo. Necesita recursos ahora. Y por eso la propuesta debe ser diferente. En 2023, Ecuador refinanció 1.628 millones de dólares de deuda soberana usando como respaldo el valor de conservación de las Galápagos. Bolivia puede hacer lo mismo con un activo más robusto: ofrecer derechos de extracción a tres o cuatro potencias compradoras en competencia, con condiciones comunes no negociables, a cambio de bonos soberanos a 30 años por 10 mil millones de dólares, pagaderos de inmediato. El litio es la garantía real, no la calificación crediticia de un país en crisis. Y si el litio está comprometido con varios países a la vez, ninguno tiene incentivo para desestabilizar al Estado. La diversificación de compradores no es solo una estrategia económica. Es una garantía de soberanía.
Las condiciones deben ser verificables: regalías mínimas del 12%, transferencia tecnológica con cronograma vinculante, procesamiento local creciente, consulta previa a las comunidades de Nor Lípez como requisito de ejecución, fondo soberano del 30% de los ingresos para Potosí y las regiones productoras. Y una cláusula que ningún contrato de litio ha incluido todavía: ningún país que conduzca o financie activamente una guerra de agresión accederá al litio boliviano mientras dure el conflicto. El mineral que debe impulsar la transición energética del planeta no puede financiar su destrucción.
Esta posición no es anti-norteamericana. Es pro-boliviana. Greer lo dijo: Washington prefiere un aliado ineficiente a un rival eficiente. Bolivia tiene poder de negociación real, aunque aún no lo ejerza. Bienvenidos al Club.
Lo que Potosí salvó
“Nosotros que somos los dueños de los minerales, nos quedamos con miserias y contaminación”, dijo Roxana Graz, presidenta del Comité Cívico Potosinista. El COMCIPO ya fijó su condición al gobierno de Paz: no permitirán que salga una sola carga de litio del departamento si el contrato no beneficia a su población. Potosí lleva cinco siglos diciéndolo de distintas maneras. En 1993 lo dijo con una huelga de hambre, y funcionó.
El hijo de Jaime Paz Zamora tiene hoy lo que su padre no tenía: los datos del mercado global, décadas de errores documentados, y la certeza de que el mundo necesita su litio de manera urgente y creciente. Bolivia no renovó sus aviones en medio siglo. Pero Paz viajará, y podría llegar a Miami con la misma convicción que tuvo Potosí en 1993, no como resistencia, sino como propuesta. Si lo hace, habrá roto por fin el círculo.
O la historia anotará que tuvo el litio más valioso del mundo en la maleta, y se le perdió en el aeropuerto.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/ir-a-miami-con-litio-en-la-maleta-y-sin-propuesta-propia/