Reescribe este titular En torno al primer libro de Sol Pozzi-Escot Noriega

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Por Roger Santiváñez

Tenemos ante nosotros Autopsia, primer libro del joven poeta Sol Pozzi-Escot Noriega. En lo que sigue intentaremos un viaje por sus páginas, impresas por Editorial Summa y con carátula del legendario pintor peruano -de la generación dl 70- Carlos Pozzi-Escot SOLRAC. La primera sección del poemario titulada “Demonio” se abre con un texto clave: el fracaso del poeta como pintor (recordemos la frase de Horacio “poiesis picture est”) intento por el cual el sujeto poético no logra pintar sino que le sale un demonio. Esta simbología es clave porque representa muy bien lo que sería el arte y la poesía. Una motivación interna de la persona humana por expresarse pero que la Realidad le saca la vuelta -diríamos- lo que aparecen son las fuerzas oscuras que habitan en todo corazón que se distinga. Y el demonio persigue al poeta, al punto de que se pregunta: “¿debería ofrecerle desayuno?” y este es otro punto del modus poéticus de Pozzi-Escot: plantear la situación con rasgos cotidianos directos.

La segunda parte del libro, “Genealogía” como su nombre lo indica es una suerte de retrato de los orígenes. Primero Lima, la ciudad del poeta.”Soy Lima” nos afirma del saque. Y su posición es crítica aunque al mismo tiempo amorosa. Hay ese amor-odio que en la tradición poética peruana moderna viene quizá desde Antonio Cisneros. Los dos poemas que completan esta sección, están vinculados al orígen carnal del poeta. Con una flagrante sinceridad a toda prueba nuestro autor se lanza a reclamar por la recuperación mejor de sus ancestros: “ devuélveme mi sangre / quieta / ignorante / novel / impoluta” para cerrar la sección con el poema “Madre” muy sentido texto que sobrecoge al lector por la franqueza y valentía con que es capaz de dirigirse a la auotora de sus días, sin pelos en la lengua -como se dice- para alcanzar bella e íntima poesía de gran trascendencia humana: “Envuelve esta carroña / con tu seda negra y tus brazos elásticos” para finalizar con estos versos que reflejan la esperanza de volver a ese paraíso que entraña siempre el espacio materno: “carga esta carroña hasta la playa / hasta que un desborde de mar / haga nuevamente / la primera luz”.

Entramos a la parte tercera que -significativamente- es la que da título al poemario, la cual se abre con una especie de autodefinición del sujeto poético. “Ya no soy yo” dice el poeta, en frase que quizá tenga una referencia contradictoria con la famosa “Yo soy otro” de Rimbaud. Más bien Sol se define con un verso trabajado con un ritmo que -en algún sentido- resuena al Montalbetti de Quasar, pero Pozzi-Escot pone lo suyo así: “ahora soy cosa trofeo absorto salmo oxidado”. Nótese la candencia de un solo segmento sin pausas (lo cual será una característica del estilo de nuestro autor). Como nos tiene acostumbrados, el poeta es muy duro consigo mismo, se practica una autopsia que culmina afirmando: “ya no soy Yo / Yo se metió al río / Yo se fecundó a sí mismo” y con más violencia: “Yo / expulsó un feto / sangre que parió el mañana”. Aunque es pertinente que el último verso tocando el futuro entraña una cierta esperanza.

El texto que sigue constituye un muy interesante poema, distinto en el conjunto del libro, porque se levanta sobre un logrado intertexto con la gran novela de Virginia Woolf “Mrs Dolloway” (1925). Empieza clonando la famosa frase de la novela “Dije que yo compraría las flores” (para una fiesta según el argumento de la ficción) pero Sol se agarra de esto para asumir la personalidad de la Señora Dolloway y desarrollar su poema en torno a las flores y a la posibilidad de comprarlas, divagando alrededor de dicha situación, la cual cobra síntomas de irrealidad, cuando leemos los versos finales: “las flores / que nunca / cogí / entre mis manos”. Se trata entonces de una literaria (y poética por supuesto) configuración lúdica y al mismo tiempo existencial acerca del hecho tremendamente humano de proponerse algo y no poder realizarlo jamás. Los dos poemas que siguen, relacionados de algún modo al que acabamos de comentar, giran alrededor del tiempo: lo vemos desde sus títulos: “Las Horas” uno y “12:59” el otro.Tema de la poesía universal -el paso del tiempo- que no se escapa de la visión autonegadora de Pozzi-Escott: “mis horas calcinadas” , “desfiguran mis convicciones / son el pájaro / …/ que la lluvia disuelve / en un adios petrificado”. En el otro poema, el transcurrir se nos describe como “una serpiente que da mil vueltas / gira en círculo aprieta sobre sí misma / transforma sangre alumbra pólvora” Notemos esa cadencia rítmica sin pausas ni comas del verso último que nos lleva dramáticamente a la muerte en el primer verso de la siguiente estrofa: “La extremaunción balbucea mirándose al espejo” es decir, no hay otro camino que la desaparición final, cuando “una seda azul”, “vomita mientras el útero de un pozo primitivo / dibuja ese destino travestido como garganta”, fuertes imágenes expresionistas que nos van a remitir a visiones abstractas pero muy realistas, incluso de índole político o social: “son pupilas enormes ciegas / postales cautivas / kodak Blockbuster / alzados en armas”.  Y sin embargo al concluir el texto con este verso “ropa que huele a guardada” quedamos ante la verificación cuasi doméstica de una impronta cotidiana sin salidas.

“Mirándome por la ventana” se llama un interesante poema de esta sección, donde la desolación continua: “Esta noche huele a ceniza / a abrazo roto, a muelle bajo el mar” y que incorpora una imagen que vendría del pop-art: “esta noche no perecible en una lata de conserva”. Lo cotidiano presente -como ya lo hemos señalado, y que incluso alcanza hasta la misma poesía: “esta hora no perdona / este silencio no canta”. Poesía que echa raíces en cierto surrealismo como en el texto denominado “Mi lengua era un animal sagrado y se me escapó” que va incluyendo visiones de prosapia religiosa pero colocadas de forma irreverente: “mi lengua buganvilia evaporada / era el epicentro de los colores / de todas las esquinas / era la fusión de los pastorcitos de Fátima” pero Sol es capaz de ofrecernos una hermosa esperanza a pesar de su cuerpo lacerado: “mi lengua era un montón de oro arrepentido / un salón pobrado de cerúleos / una escalera hacia la brisa”. Cerrando la sección vemos que la autopsia se clarifica: “quiero que todo salga expulsado por mi boca / el pasado lo incierto la debacle lo posible” esta radical posición de exteriorizar absolutamente todo puede ser vista como una suerte de Arte Poética de Pozzi-Escot Noriega, es decir la poesía es el camino para sacar todo lo que uno tiene adentro, en una especie de “vómito imposible” que se presenta como una examen tras la muerte que el mismo poeta se autoinflinge.Así comprendemos el apocalípsis que se nos ofrece en el último texto de esta parte: “es el fin / no quedan más palabras / ni mensajes / que detengan el diluvio” O sea, no se salva ni la propia poesía a esta masiva destrucción.

Entremos a la cuarta y última sección del libro, denominada “Fran” básicamente dedicada al amor, la cual empieza con un poema cuyo primer verso es desgarrador: “Mientras te amo me gangreno”, Se plantea así el problema central de una relación amorosa envuelta en el dolor, pero que -a pesar de ello- el poeta insiste en vivirla y nos lo dice de la siguiente forma: “entonces soy ola eterna /que revienta incesante testaruda” y nos da su entorno, cotidiano, doméstico -como ya hemos apuntado- y con cierta simpatía por la ciudad aunque a veces con condición climática adversa: “en mi taza de café / por la mañana / en mi Lima / en mi Lima de neblina”. Nos centraremos en los cuatro poemas que aluden a Fran, personaje depositario de esta parte final del poemario, no sin antes mencionar el texto bautizado como “Natalie Wood” -sin duda- uno de los más bellos poemas del conjunto referido a la gran actriz estadounidense muerta trágicamente en 1981. La separación de los amantes es el tema de la serie sobre Fran.El conflicto se plantea de la siguiente manera: “yo habitándote / para que luego te disuelvas / en el ácido de nuestro esperanto” aunque luego nos enteramos que “en mi cuarto / mi cama ya no huele a ti / pero cada mañana / el sol escribe con sus rayos / tu nombre en todas mis paredes” es decir, el amor persiste en la zona contradictoria del desamor. Ausencia que ha alimentado al poeta ( situación que existe en la poesía castellana por lo menos desde los tiempos del romántico Becquer) y así leemos el poema “Tu risa” dueño de una imaginería que recuerda a Oquendo de Amat: “Es una cascada / unas aguas blancas” .El tercer poema de la serie Fran gira en torno al nombre del personaje, lo que le otorga un carácter mágico, como una admonición. Y que incluso llega a negar la propia expresión: “No quiero lenguaje no quiero palabras” afirma el poeta en actitud rimbaldiana y con más claridad: “y así tus besos aparecieron / y así expiró mi gramática”. Parecería que todo está perdido, sin embargo en el cuarto poema Fran leemos: “intercambiamos humedades” para culminar: “me devuelves a la cronología consensuada / ahora soy el milagro del Génesis / la luz de tu sonrisa”. Es decir, vuelve a crearse el mundo por amor y con esa frase final que entraña la belleza de la pareja: la luz de tu sonrisa. Triunfó el amor y así la poesía.

Febrero 2026 / Orillas del río Cooper sur de New Jersey

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/peru-autopsia-en-torno-al-primer-libro-de-sol-pozzi-escot-noriega/

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