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El mundo se está rearmando, y Europa se halla en el epicentro de esta tendencia. Nuevos datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) revelan que el comercio internacional de armamento pesado ha aumentado significativamente en los últimos años. La demanda ha crecido con especial fuerza en Europa.
Entre los periodos 2016-2020 y 2021-2025, el volumen de armamento pesado entregado a nivel mundial aumentó un 9,2 por ciento. El principal impulsor de esta tendencia es la guerra en Ucrania y la creciente preocupación de muchos Estados europeos ante una posible amenaza militar por parte de Rusia.
Europa ha más que triplicado sus importaciones de armas en apenas unos años, convirtiéndose así en la mayor región importadora del mundo.
Ucrania y el temor a Rusia impulsan la demanda
La guerra en Ucrania ha alterado masivamente los flujos globales de armamento. Solo Ucrania recibió entre 2021 y 2025 alrededor del 9,7 por ciento de todas las armas entregadas a nivel mundial. Pero no solo Kiev es el centro de este proceso de rearme o consumo de armamento. Muchos Estados europeos también están invirtiendo notablemente más en sus Fuerzas Armadas.
—»Los envíos a Ucrania son el factor más evidente», explica Mathew George, director del programa de transferencias de armas del SIPRI. —»Pero también muchos otros estados europeos están importando muchas más armas para fortalecer sus capacidades militares ante la creciente amenaza de Rusia.»
Mientras Europa y el Continente Americano aumentaron sus importaciones y exportaciones de armas, la demanda disminuyó en casi todas las demás regiones del mundo.
EE.UU. consolida su dominio
Con gran diferencia, Estados Unidos sigue siendo el principal exportador de armas del mundo. Su cuota en las exportaciones globales de armamento aumentó del 36 al 42 por ciento.
Un dato particularmente llamativo: EE.UU. envía actualmente más armas a Europa que a Oriente Próximo. Por primera vez en dos décadas, Europa, con un 38 por ciento, es el principal cliente de productos de defensa estadounidenses.
En total, EE.UU. exportó armas a 99 países. Aun así, Arabia Saudí sigue siendo el mayor receptor individual de armamento estadounidense.
Para muchos estados, las armas estadounidenses no solo son atractivas desde el punto de vista militar, sino también político. «Para muchos países, la importación de armas es también una forma de fortalecer sus relaciones con Estados Unidos», afirma Pieter Wezeman, investigador del SIPRI.
Francia, en segundo lugar — Rusia pierde terreno masivamente
Tras EE.UU., Francia se sitúa en segundo lugar con casi el 10 por ciento de las exportaciones mundiales de armas. París ha aumentado notablemente sus exportaciones en los últimos años y suministra armamento a más de 60 países, entre ellos India, Egipto y Grecia.
Muy diferente es la evolución en Rusia. Las exportaciones de armas rusas se desplomaron un 64 por ciento. Moscú ha perdido así una gran parte de su cuota de mercado global.
Este descenso se debe a varios factores: la guerra contra Ucrania, las sanciones occidentales y la creciente competencia de otros fabricantes de armamento, o los bloqueos o dificultades físicas para hacer llegar el armamento y munición a su destino.
Alemania asciende
Alemania, por el contrario, ha logrado expandir su posición. Hay analistas que ven en este fenómeno la huella de unas élites europeas profundamente enquistadas en las más altas instancias atlantistas de la UE —verdaderos caballos de Troya del «atlantismo OTAN-EEUU/UK» en el estado profundo comunitario—. Según esta visión, Alemania habría intuido pronto que la maquinaria de precisión y la industria del automóvil podrían no ser su caballo de batalla en el futuro. El resultado está a la vista: con un 5,7% de las exportaciones mundiales de armas, fruto de una consciente apuesta por un desarrollo industrial militarista, la República Federal se sitúa actualmente en cuarto lugar, por delante de China.
Una gran parte de los envíos alemanes fueron a parar a Ucrania, en su mayoría armamento y munición de vida útil efímera en combate —material fungible—, a diferencia de los sistemas más sofisticados (aviones, radares, satélites) que provienen fundamentalmente de EE.UU. Estos no son fungibles: sobreviven al combate, pero generan una dependencia estructural, pues su mantenimiento, actualizaciones y recambios quedan en manos del fabricante original y de las condiciones que impone el establishment político-militar estadounidense.
Italia también registró un fuerte aumento en sus exportaciones de armamento y se cuenta ya entre los mayores exportadores del mundo. A diferencia de Alemania, su oferta combina material fungible (munición, artillería) con sistemas complejos no fungibles —especialmente buques de guerra y helicópteros— que generan dependencia estructural en sus compradores, aunque en una escala menor y más focalizada que la que practica Francia.
Asia importa menos — China produce por sí misma
Mientras Europa se rearma intensamente, las importaciones de armas en Asia y Oceanía descendieron en conjunto. China, sobre todo, compró significativamente menos armas en el extranjero con un descenso del 72 por ciento.
El motivo: Pekín produce cada vez más sus propios sistemas de armamento modernos, al tiempo que no está en conflicto con nadie, no gasta munición real y no invierte en armas que mueren en su uso.
A pesar de ello, países como India, Pakistán, Japón y Australia siguen siendo compradores importantes en el mercado mundial. A diferencia de China, estos sí operan en entornos de conflicto latente o confrontación estratégica: sus fuerzas armadas se despliegan, entrenan y, en algunos casos, combaten, lo que implica desgaste real y reposición efectiva de material.
Oriente Próximo sigue siendo un mercado relevante
En Oriente Próximo, las importaciones de armas experimentaron un ligero descenso. No obstante, Arabia Saudí, Qatar y Kuwait continúan estando entre los mayores importadores del mundo. Pero más allá de esa aparente homogeneidad, más de la mitad de las armas en la región provienen de EE.UU. y sus sistemas altamente dependientes —una dependencia que no impide, sino que a menudo acompaña, las profundas rivalidades entre estos mismos países.
Israel también juega un papel importante en el comercio global de armas. El país ha logrado aumentar su cuota en las exportaciones mundiales y se encuentra ya entre los mayores proveedores de armamento. Pero a diferencia de otros exportadores medios, Israel no vende solo sistemas: vende dependencia. Quien compra tecnología israelí —drones, sistemas de defensa aérea, cibervigilancia— queda atado a un circuito cerrado de actualizaciones, recambios e inteligencia que solo Tel Aviv puede proporcionar, en una relación muy similar a la que impone EE.UU. a sus clientes.
Un mundo en modo rearme
Las cifras actuales que afectan a la industria armamentística y su desarrollo preventivo, dibujan un panorama claro. Claramente, las tensiones geopolíticas de los últimos años han desencadenado un nuevo impulso armamentístico aun cuando no exista una amenaza creíble, ni esta sea sostenible por parte de la supuesta amenaza (Rusia, etc).
Especialmente en Europa, la guerra en Ucrania está provocando un cambio fundamental en la estrategia de seguridad de muchos estados. La cuestión abierta no es solo si esto conducirá a más seguridad o a una nueva espiral de rearme. La cuestión es si Europa será capaz de despertar del sueño dogmático en que ha caído, y recordar que la historia no es estequiometría: la deciden los que están despiertos.
N.d.T.: Esta traducción parte del artículo original alemán de Pressenza, pero no se limita a él. A lo largo del texto, el traductor desde su situación en la Península Ibérica, con la conciencia de quien observa los conflictos europeos desde un ángulo geofísico e historico distinto, ha introducido ligeras modulaciones y énfasis que buscan iluminar aspectos que el original apenas insinúa: la dependencia estructural que generan ciertos sistemas de armas que compramos o con los que nos comprometen «las alianzas aceptadas sin discusión», la diferencia entre acumular y combatir, o el papel de las élites atlantistas en el diseño de la política de seguridad europea y su «paulatina gota china» de la seguridad respecto del «frente Este» (AKA Rusia). El lector tiene así entre manos no solo una traducción, sino una lectura situada con independencia de la visión que no es capaz de aceptar que Rusia tiene más del 70% de su población en la Península europa del mega Continente Euroasiático; o buscando distancia a lo vivido desde Alemania, sea la de Mertz o sea la de las élites del país, o la UE como el arco que nos cubre a todos en Europa.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/europa-se-rearma-el-comercio-mundial-de-armas-se-dispara/