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24 de febrero 2026, el Espectador
Es horrible culpar a los más vulnerados de los errores cometidos desde altos cargos de poder. Ministros y presidentes pueden equivocarse, pero tienen la obligación de asumirlo y enderezar el rumbo.
Los ministros de Salud del gobierno actual llevan tres años y medio tomando pésimas decisiones, pero nada había sido tan infame como la reacción del ministro Guillermo Alfonso Jaramillo ante la muerte de un niño de siete años que tenía un trastorno de la coagulación llamado hemofilia, y un servicio de salud llamado indolencia. Por cuenta de un sistema fracturado por autoridades impulsadas por el sectarismo y no por el conocimiento, el niño estuvo desde el 2 de diciembre sin recibir un medicamento imprescindible y murió luego de una caída, sin que los ruegos de su familia hubieran sido atendidos.
En sus declaraciones, el ministro de Salud olvidó un mandamiento hipocrático esencial en nuestro juramento: Primum non nocere, “ante todo no hacer daño”. La actuación de Jaramillo en la cartera de salud y sus afirmaciones cada vez más equívocas han sido nefastas para pacientes, médicos y hospitales.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/de-la-indolencia-a-la-infamia/