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Acabo de terminar de leer la entrevista con Guido Zappacosta y todavía me emociona “escuchar” sus palabras. Responde con una naturalidad casi desprevenida, como si cada pregunta abriera una puerta distinta a la memoria, al humor o a la reflexión. Quizás esa es también la imagen que me he formado de él después de leer su obra Ahoradespués, una pieza que se presenta en IATI Theater de Nueva York del 8 al 15 de marzo y que muy pronto podría estar recorriendo otras salas de América Latina.
Ahoradespués tiene algo especial: aunque está escrita para el escenario, también puede leerse como una experiencia íntima. La voz que atraviesa la obra crea una cercanía inmediata con el autor y con los otros espectadores. No se trata solamente de los temas —la relación entre padre e hijo, el fútbol, la muerte— sino de la forma en que se cuentan. Mientras avanzamos por sus páginas o escuchamos su relato en escena, sentimos que caminamos dentro de sus recuerdos: la enredadera que crece libre y obstinada, las casualidades absurdas y casi sobrenaturales que a todos nos ocurren alguna vez, y esa lucha silenciosa por ganar un minuto más para compartir algo con quienes amamos, aunque sea el grito de un gol. Y si ese gol se grita en la Bombonera, entonces el momento parece adquirir una intensidad casi sagrada.
Después de leer la obra y de conversar con su autor, uno tiene la impresión de que el teatro —cuando es honesto— funciona como esas conversaciones que nunca terminamos de tener con las personas que más queremos. Tal vez por eso Ahoradespués resuena con tanta fuerza: porque habla de lo que dejamos para después… cuando el ahora ya se nos está escapando.
Por ahora, queridos lectores, les cuento que estoy invitado a compartir un mate con Guido en Buenos Aires. Pero si ustedes leen la obra o tienen la oportunidad de verla, tal vez ese mate termine siendo colectivo. Y quién sabe: quizás terminemos todos gritando “¡gol!” juntos, por quien sea, pero celebrando la misma cosa.
JS: Guido, empecemos por el principio. Siempre me gusta saber de dónde sale un autor. ¿De dónde sale Guido Zappacosta y cuándo aparece tu interés por el teatro?
GZ: Me crié en Martínez, Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires. Entre el Río de la Plata y el tren Retiro-Tigre. Fui a la escuela pública, me licencié en Publicidad (UCES) y me diplomé en Dramaturgia (C.C Paco Urondo de la Universidad de Buenos Aires).
Durante la carrera de publicidad conocí un profesor (Gabriel Penner) que daba talleres literarios y me anoté. Allí tuve mis primeros intentos de escritura y fue él quien me presentó al grupo de Teatro de mi barrio, el Teatro del Sindicato de Luz y Fuerza, donde poco a poco me empecé a acercar y a ser parte del grupo de trabajo. Allí el director del teatro (Leonel Filgiolo) me ofreció escribir lo que sería la muestra de fin de año de uno de sus grupos y fue ahí donde escribí lo que para mí fue mi primera obra “Pequeña porción de un mundo vertical”. Desde allí no paré de escribir, dedicando mi vida al teatro.
JS: En particular, ¿cómo nació Ahoradespués? ¿Hubo una experiencia personal, una imagen o una historia que encendió la chispa de esta obra?
GZ: “Ahoradespués” nace en el taller de escritura de monólogos de Fabián Díaz durante la pandemia en 2020. Fue un taller virtual que incentivó mucho mi escritura.
De todos modos, el germen de la obra es una situación vinculada a la enfermedad y muerte de mi padre. Cuando él cayó internado en la recta final de un cáncer, su mejor amigo lo fue a visitar a la clínica. A los pocos días su amigo muere de una repentina neumonía y luego también mi padre. Fue así que ninguno se enteró de la muerte del otro. Conviví con esa situación desde 2008 (año que murió mi padre) siempre con el deseo de hacer algo y esa historia encontró su cauce en esta obra, junto con otros episodios autobiográficos.
JS: Cuando uno lee algo que le gusta mucho ocurre algo curioso: uno siente que el autor es casi un amigo. Se crea una especie de confianza, como si uno conociera a la persona detrás de las palabras. A mí me pasó eso con Ahoradespués. ¿Cómo se logra ese grado de intimidad con el espectador? ¿Y cómo te hace sentir que alguien, un desconocido cualquiera en Nueva York, te diga: “Guido, siento que eres mi amigo”?
GZ: Me encanta este sentimiento. Es cierto, a mí me pasa cuando leo o veo algo que me interpela/conmueve mucho, pienso “con esta persona comparto la mirada del mundo, podríamos tomar un mate (como solemos decir en Argentina), ser amigos, etc”. Pero nunca había pensado que eso podría sucederles a otras personas con “Ahoradespués”, es la primera vez que me lo dicen.
Si eso sucede debe ser por el carácter universal que puede tener la obra y esto no lo digo yo, sino que es lo que me han hecho llegar. Lo universal tiene que ver con que todos somos hijos, todos tenemos padre, madre, aunque bien, no todos capaz tenemos un sentimiento amoroso hacia quienes nos criaron o quizás haya personas que por alguna razón, hayan perdido a sus padres a temprana edad y no hayan afianzado ese vínculo. Pero más allá de las particularidades, todos posiblemente acompañemos a nuestros padres en alguna enfermedad, en la muerte, todos hemos estado en una clínica, en una sala de esperas.
Por otra parte, me gusta pensar que esta obra es una declaración de amor hacia quienes consideramos familia, a nuestras amistades y gente querida, todo lo contrario, a mi criterio con lo que está sucediendo en el mundo con las guerras y las extremas derechas, para mí ellos representan lo contrario al amor, por lo cual, deseo que “Ahoradespués” sea un espacio de refugio pese a lo trágico que puede abordar la historia, creo que está contada de una manera -como todo lo que escribo, creo- que pone en valor la vida.
JS: La obra tiene algo muy especial: estamos frente a una situación profundamente trágica, pero al mismo tiempo hay momentos que nos hacen reír o incluso enojarnos. ¿Crees que esa mezcla es parte de la esencia de la tragedia? ¿Que la vida misma nunca es puramente triste o puramente cómica?
GZ: Sí, totalmente.
Creo que el humor tiene el deseo de hacer más livianos o digerir ciertos momentos. Esto me hace pensar en algo que dijo alguna vez Martín Piroyansky (actor, guionista y director argentino) en una entrevista, donde decía que cuando se filma una escena por ejemplo en una sala de esperas, luego que alguien se entera de una muerte, no siempre todo es llanto y drama. En ese contexto la gente también se ríe o pasan cosas absurdas que nos pueden sacar por momentos de ese drama. Y me gustó mucho. Porque a veces queremos contar el drama justamente desde el llanto, la tragedia, y la vida también esa esa mezcla de emociones.
En mi dramaturgia siempre deseo es combinación de drama con algunas cuotas de humor u ironía.
JS: El fútbol está muy presente en la obra. Boca y la Bombonera son símbolos casi universales. ¿Por qué el fútbol aparece como un eje tan importante en la historia? ¿Es principalmente una forma de mostrar el vínculo entre padre e hijo o también hay otras capas que te interesaba explorar?
GZ: En términos realistas y autobiográficos el fútbol y Boca Juniors fue una de las pasiones que compartí durante mucho tiempo con mi padre. Y vinculando con la pregunta de cómo surge la obra, un recuerdo, una imagen muy potente también fue la primera y única vez que fuimos juntos a la cancha, recordar a mi padre subiendo la escalera agitado, no pudiendo más físicamente pero dándolo todo para compartir esa jornada conmigo. Él estaba enfermo pero pese a todo para él era importante ver a Boca conmigo.
También es cierto que en Argentina el fútbol es parte de nuestra cultura popular, algo que nos convoca y en ese sentido, era un lindo recurso para contar un vinculo entre padre e hijo, donde quizás entre hombres suele ser más difícil las expresiones de afecto, decirse te quiero, o como dice la obra “las cosas del corazón”, pero sin decirse nada, pero yendo a la cancha, o compartiendo un choripán en ese contexto, es una forma también de decirse te quiero.
JS: Mi escena favorita es cuando el narrador cuenta el partido de fútbol. No voy a revelar lo que pasa porque creo que el público debería descubrirlo. Pero hay algo interesante: incluso sabiendo lo que ocurre, uno podría volver a ver la obra muchas veces y seguir emocionándose igual. ¿Por qué pasa eso en el teatro? ¿Por qué una historia que ya conocemos nos sigue afectando cada vez que la vemos?
GZ: Algunas de las preguntas que me hacés, quizás me develan cosas que yo desconocía que pasaban con la obra. Sí estoy al tanto de que mucha gente la vio más de una vez, que la recomiendan, que quieren volver a verla. Pero no sabría descifrar el motivo.
Siempre tuve claro que en esta historia me parecía importante anticipar todo el tiempo lo que iba a pasar, quizás para anticipar el golpe, avisar que el final es trágico, que termina con la muerte pero lo que vamos a presenciar es justamente ese desenlace, ese tiempo final de un vínculo. Creo que lo lindo o emotivo es acompañar ese tramo final, las emociones de ese joven que se está convirtiendo en adulto, acompañado también por cosas lindas que suceden creo yo como la presencia de la enredadera que obviamente representa a la vida que sigue su curso. Como esto que a veces pasa que cuando nos enteramos de una muerte, al mismo tiempo alguien a nuestro alrededor se embaraza o nace. Creo que lo triste o dramático del drama está equilibrado con esa enredadera que al final toma por completo la escena como un intento de grito vital y esperanzador.
JS: En Colombia, por ejemplo, también tenemos una relación muy emocional con el fútbol, con los padres y con las historias familiares. ¿Te sorprende que una historia tan argentina pueda sentirse tan universal?
GZ: Sí, la verdad me sorprende y conmueve un montón. Realmente no esperaba todo esto que sucedió. La obra además de Argentina, se montó en Uruguay, Colombia, EEUU y México y está en etapa de preproducción en Perú, Brasil y España. Aunque vale aclarar que en países como México y creo que también sucederá en España, la obra fue adaptada en cuanto algunos espacios, términos y situaciones, pero la esencia es la misma.
JS: El título Ahoradespués parece hablar de esas palabras que se guardan y de los sentimientos que siempre dejamos para después. Pero al mismo tiempo también hay un “ahora”. Y da la impresión de que en la obra las emociones sí se expresan, solo que de otra manera. ¿Crees que esa dificultad para decir lo que sentimos —sobre todo entre hombres— es algo cultural? ¿O piensas que los hombres sí expresamos nuestras emociones en el presente, pero con un lenguaje distinto?
GZ: Justamente algo de eso respondía en una de las preguntas anteriores. Claramente entre hombres, culturalmente al menos en Argentina y en términos generales, es más difícil que podamos expresar lo que sentimos, abrazarnos o el contacto físico, cosa que entre las mujeres está mucho más habilitado. Lo mismo con el llanto. Las mujeres tienen mucho más habilitado el llanto, en cambio en los hombres, desde niños nos dicen que “los hombres no lloran, que llorar es de mujeres” y muchas cosas más que hoy me parecen terribles y que afortunadamente en la obra se ponen en juego. Yo realmente no tengo recuerdos nítidos de ver llorar a mi padre.
De todas formas, como mencioné anteriormente, sí creo que entre hombres, pese a ciertas dificultades, hay otros códigos mediante los cuales también se expresa el cariño, como una parte de la obra donde dice algo así como que “entre chiste y puteada siempre se están diciendo lo mismo: te quiero amigo, no te mueras ahora ni nunca”. Pese a lo torpe que podemos ser, muchas veces detrás del chiste, la ironía, nos demostramos afecto y eso también está bien.
JS: La obra se presenta como un monólogo, con un solo actor en escena. Eso exige muchísimo del intérprete. ¿Qué buscabas en esa decisión? ¿Qué puede hacer un actor solo que quizás no podría lograrse con un elenco más grande?
GZ: Cuando escribí no pensé mucho o casi nada en cómo se podría resolver escénicamente. Mi naturaleza es escribir teatro pero en este caso sentí más la necesidad de generar un registro de esta historia y lo hice tal vez de modo literario, como un cuento. De hecho el texto no tiene ninguna acotación (didascalia), lo tengo publicado y quizás acceden a él personas que no han visto la obra o que no les gusta el teatro pero también puede leerse como una historia.
A mí me parecía interesante que sea unipersonal para que podamos ver toda esa historia puesta en un cuerpo, para poder ver esa soledad ante tremendas emociones que van sucediendo.
JS: Después de tantas funciones y de haber pasado por distintos países,
¿qué es lo que más te sorprende de la reacción del público?
Me alegra y conmueve que la obra se esté haciendo en distintos países con similares reacciones del público, valorando los sentimientos lindos hacia sus personas queridas. Me ha pasado mucho de enterarme que personas al salir del teatro abrazan a su madre, padre, que hacen un llamado para expresar sentimientos. Es ahí donde me respondo que el teatro sirve para algo porque muchas veces nos cuesta encontrarle un sentido a lo que hacemos. Es ahí cuando el teatro se convierte en acción y me encanta se parte de esa producción de emociones, es lo que me motiva a seguir haciendo. Si alguien se sienta en la butaca y se ríe, llora, se va pensando, sintiendo; ya es un montón, un objetivo cumplido.
JS: Y para finalizar, ¿cuáles son tus nuevos proyectos? ¿Y cómo va el teatro en Argentina actualmente?
GZ: En abril se estrena “CURUZA, a flor de piel”, una nueva obra que escribí para una actriz argentina, Marina Casillo, basada en gran parte en su historia relacionada a su alergia de piel. En paralelo, pero un poco más adelante, otra obra que por el momento se llama “Casi lista”, que coescribí con otra actriz, Amarella, tiene fecha de estreno para la segunda mitad del año.
También en cola de estreno una obra mía llamada “Huracán” que ojalá suceda este año con dirección de Lucas Santa Ana.
Mientras tanto, sigo haciendo las obras “La Santa Rita”, escrita en coautoría con Evangelina Ferreira y con dirección mía; “La luciérnaga que iluminó la noche”, también de mi autoría y dirección. Y hoy mismo empiezo a ensayar otra obra mía, que es un reestreno de la obra “el amor, un guiso a fuego lento”.
Y en cuanto al teatro en Argentina, me alegra saber y pensar que, pese a las peores crisis seguiremos haciendo teatro como podamos, inventando con lo que no tenemos, porque esa es una característica creo nuestra, hacer pese a todas las adversidades. Digo esto porque se sabe que el contexto es desolador, esta gestión de gobierno ha venido a romper con todo y eso se nota en las salas aunque también siento decir que, pese a la crisis, las personas tenemos muchas ganas de encontrarnos y valoramos mucho justamente ese encuentro más analógico no mediado por pantallas. Hoy para mí ese es nuestro valor, a donde tenemos que apuntar para para convocar pese a lo adverso del panorama tanto nacional como mundial.
Gracias, amigo…
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/03/conversacion-con-el-guionista-guido-zappacosta-autor-de-ahoradespues/