¿Por qué optar por el diálogo con la FIFA en lugar de un boicot? Podría transformar el papel del deporte a nivel mundial.

El creciente llamado al boicot de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en Estados Unidos representa un momento singular donde el deporte, la geopolítica y la sociedad civil se intersectan de manera palpable. Personalidades como el ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter, junto a políticos y figuras del fútbol europeo, están cuestionando la legitimidad del torneo, transformando lo que comenzó como críticas aisladas en un debate internacional sostenido.

Sin embargo, la dirección que adopte este debate puede ser tan crucial como la presión misma.

Los límites de un boicot

Los boicots han sido históricamente relevantes en distintas luchas políticas, desde la Sudáfrica durante el apartheid hasta las protestas deportivas de la Guerra Fría. No obstante, la historia también revela sus limitaciones. Cuándo se perciben como herramientas contundentes, los boicots pueden fortalecer la postura defensiva de las instituciones, simplificar preocupaciones complejas a consignas divisorias y permitir que los gobiernos desestimen críticas como «interferencia política.»

Para un movimiento que se basa en la no violencia, la eficacia se mide no solo por la alteración del statu quo, sino por la capacidad de fomentar el diálogo, la rendición de cuentas y la transformación.

Por ello, algunos organizadores de la campaña están proponiendo un cambio estratégico: en lugar de un boicot inmediato y absoluto, abogan por un compromiso estructurado con la FIFA.

Un precedente reciente que altera el contexto

En enero de 2026, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, junto al presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, intervinieron para detener la demolición planificada de un campo de fútbol en el campamento de refugiados de Aida, cerca de Belén, en Cisjordania. Esta intervención fue resultado de una campaña internacional que resaltó el derecho de los niños al juego y la importancia simbólica del campo para una comunidad marginada.

La demolición quedó suspendida.

Este episodio es relevante no solo por sus implicaciones humanitarias, sino también por lo que revela sobre la gobernanza del fútbol. La FIFA y la UEFA demostraron estar dispuestas a involucrarse políticamente, a pesar de sus frecuente declaraciones de neutralidad, cuando la presión moral y la visibilidad pública coinciden con el rol social del fútbol.

Para quienes critican la Copa Mundial en EE. UU., este precedente desafía la noción de que la FIFA es impotente o incapaz de tomar acción estructural.

La FIFA como actor moral global

Pocas instituciones tienen el alcance de la FIFA. La Copa Mundial de 2022 en Qatar llegó a aproximadamente cinco mil millones de personas a través de distintos medios. Más de 3.5 mil millones vieron al menos una parte del torneo, y las 211 asociaciones nacionales de la FIFA cubren casi todos los países del mundo.

Esta magnitud convierte a la FIFA no solo en un administrador deportivo, sino en un actor cultural y moral de alcance global.

Cuando la FIFA elige a un país anfitrión, no está tomando una decisión logística neutral. Está otorgando legitimidad, visibilidad y poder simbólico. En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, unilateralismo y desconfianza hacia las instituciones, la elección del país anfitrión de la Copa del Mundo se convierte en una declaración sobre lo que representa el deporte global.

De la presión a la invitación

La campaña emergente sostiene que este momento debe ser utilizado no para presionar a la FIFA, sino para invitarla a una conversación difícil y potencialmente histórica.

En vez de demandar una cancelación inmediata, los activistas sugieren:

  • un aplazamiento de un año,
  • exploración seria sobre la reubicación de partidos fuera de Estados Unidos,
  • y consulta formal con asociaciones nacionales, emisiones, patrocinadores y la sociedad civil.

Tales medidas permitirían a la FIFA mantener la integridad del torneo mientras aborda preocupaciones legítimas a nivel global sobre seguridad, inclusión y tensiones políticas.

Este enfoque también ofrecería a la FIFA una salida digna, un principio que ha sido reconocido como fundamental en acciones no violentas exitosas.

Una oportunidad no violenta única

Lo que hace que esta campaña sea excepcional no es solo su magnitud, sino su naturaleza. No se basa en sanciones económicas, confrontaciones bélicas ni trastornos físicos masivos. Se desarrolla principalmente en los medios, en el discurso público y dentro de las instituciones globales.

En ese sentido, representa una novedosa forma de influencia no violenta: una conversación mundial capaz de impactar en una de las instituciones culturales más poderosas del planeta, sin poner en riesgo vidas ni requerir grandes recursos financieros.

Abrir la discusión sobre la reubicación de un Mundial ya es un avance. Involucrar a la FIFA en el diálogo al respecto podría marcar un cambio fundamental en cómo el deporte global interactúa con el poder, la responsabilidad y la humanidad.

A medida que el debate se agudiza, la pregunta central puede no ser ya si la FIFA puede actuar, sino si decide ver este momento como una amenaza o como una oportunidad para reafirmar el compromiso universal del fútbol.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/por-que-dialogar-con-la-fifa-y-no-un-simple-boicot-podria-redefinir-el-papel-del-deporte-global/

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