Poder real, retórica y su impacto en el Sur Global

En un mundo marcado por conflictos bélicos, crisis climáticas y disparidades económicas, los grandes foros multilaterales continúan llevando a cabo reuniones, aunque su influencia y capacidad de gobernanza son desiguales. En 2026, ciertos espacios mantienen la facultad operativa para el Sur Global, mientras que otros funcionan principalmente como vitrinas políticas sin efectividad real.

El año 2026 comienza con una realidad innegable: la arquitectura multilateral heredada del orden de posguerra ya no opera como un sistema de gobernanza global coherente, sino como un conjunto de foros con capacidades muy diversas. Este cambio no ha sido repentino o circunstancial; es el resultado acumulado de una década caracterizada por el estancamiento del Consejo de Seguridad, la financiarización de la agenda climática, la politización selectiva de los derechos humanos y la emergencia de polos alternativos de poder.

En este contexto, los foros mundiales actúan menos como instancias de coordinación efectiva y más como reflejos del equilibrio de poder internacional.

El G20, que incluye a las mayores economías del mundo y representa la mayor parte del producto global, llega a 2026 con limitaciones en su capacidad de acción. Desde las cumbres de 2024 y 2025, el foro ha enfrentado dificultades persistentes para traducir consensos generales en decisiones operativas. Su agenda formal que abarca la reestructuración de la deuda del Sur Global, la reforma del sistema financiero internacional y la transición energética se ha visto obstaculizada por desacuerdos estructurales entre Estados Unidos, la Unión Europea, China y el bloque ampliado de los BRICS. Para muchos países del Sur, el G20 se ha convertido en un espacio que reconoce los problemas sin proporcionar soluciones efectivas, especialmente en los temas de alivio de deuda y financiamiento climático sin condiciones.

La Organización de las Naciones Unidas enfrenta en 2026 una de las crisis de credibilidad más severas desde la finalización de la Guerra Fría. El Consejo de Seguridad sigue paralizado por el uso recurrente del veto, impidiendo respuestas efectivas a conflictos prolongados en lugares como Gaza, Ucrania y Sudán. Esta parálisis ha debilitado la noción de seguridad colectiva y ha acentuado la percepción de selectividad política. Por otro lado, la Asamblea General ha ganado protagonismo como un espacio de expresión para el Sur Global, aunque carece de capacidad ejecutiva. Sus resoluciones tienen un valor más político y simbólico que vinculante.

En el ámbito climático, la preparación para la COP30, programada para noviembre de 2026 en Belém, Brasil, pone de relieve tensiones que trascienden la ciencia del clima. El debate principal gira en torno al financiamiento; los países desarrollados abogan por esquemas basados en inversión privada y mercados de carbono, mientras que los países del Sur demandan transferencias directas, acceso a fondos sin condicionantes y un reconocimiento claro de la responsabilidad histórica de las economías avanzadas. La COP30 se presenta como un desafío para la credibilidad del régimen climático internacional y su capacidad para abordar asimetrías estructurales.

A diferencia de estos espacios, el bloque ampliado de los BRICS consolida en 2026 una trayectoria distinta. A pesar de su heterogeneidad interna, ha avanzado en la implementación de instrumentos concretos: expansión del uso de monedas locales en el comercio, fortalecimiento de bancos de desarrollo, coordinación en infraestructura, energía y seguridad alimentaria, y una narrativa común en defensa de la soberanía ante sanciones unilaterales. Para muchos países del Sur Global, los BRICS representan un entorno propicio para negociar prioridades de desarrollo y autonomía.

Las instituciones de Bretton Woods, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, siguen siendo centrales en 2026, aunque enfrentan un desgaste considerable en su legitimidad. Aunque se proponen reformas y ajustes en los instrumentos de crédito, no ha habido redistribución significativa del poder de voto ni cambios estructurales en las condiciones. Para los países endeudados, estas instituciones son inevitables, pero su función se percibe más como la gestión de la estabilidad financiera que como un impulso al desarrollo equitativo.

En materia de seguridad y defensa, foros como la Conferencia de Seguridad de Múnich y espacios relacionados con la OTAN refuerzan una narrativa centrada en la seguridad nacional. En 2026, estos espacios priorizan la disuasión, la militarización de fronteras y un uso extensivo de tecnologías de vigilancia, lo que impacta directamente derechos civiles, movilidad humana y protestas sociales, especialmente en las regiones del Sur Global.

Las conclusiones de este panorama son claras. Para el Sur Global, los foros que resultan verdaderamente útiles son aquellos que brindan capacidad de negociación real, financiamiento alternativo o coordinación política sin condiciones estrictas. En este grupo se posicionan los BRICS ampliados y otros mecanismos de cooperación Sur-Sur. La Asamblea General de la ONU, aunque no se trata de un instrumento de ejecución, sigue siendo útil como espacio de visibilización, construcción de legitimidad política y articulación discursiva.

Por el contrario, foros como el G20, el Consejo de Seguridad de la ONU y gran parte de las instituciones de Bretton Woods funcionan cada vez más como herramientas de gestión del orden establecido. No son irrelevantes, pero su contribución al cambio estructural es limitada. Su carácter predominantemente retórico no surge de una falta de poder, sino de su resistencia a redistribuirlo.

En 2026, el multilateralismo no ha desaparecido, pero ha dejado de ser un terreno neutral. Es un campo de disputa donde el Sur Global debe evaluar con pragmatismo dónde invertir su capital político, reconociendo que algunos foros continúan siendo herramientas operativas, aunque imperfectas, mientras que otros se limitan a legitimar el statu quo.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/foros-globales-en-2026-poder-real-retorica-y-utilidad-para-el-sur-global/

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