
A lo largo de la historia, Occidente ha perpetuado la creencia de que los ‘otros’ son los responsables de la violencia y la barbarie. Sin embargo, la reciente invasión militar de Venezuela por parte del Gobierno de Estados Unidos a inicios de 2026, ocurrida en un momento en el que aún estábamos adormecidos, desmorona este mito. Asimismo, la brutal masacre del Pueblo Palestino, que el mundo ha sido testigo de manera impotente en años recientes, a manos del Estado de Israel, cuestiona la idea de un ‘pueblo elegido’. Para afirmar su existencia y superioridad divina, este Estado ha recurrido a la violencia más abominable. De manera similar, los líderes europeos alineados con la OTAN están conduciendo a sus pueblos hacia la guerra, sacrificando recursos que en otro tiempo aseguraron su bienestar.
Al amanecer de lo que parece ser el final de una era, nos encontramos en un duelo de creencias que hasta hoy han dado forma al mundo, basadas en el poder de la razón o el progreso definido por guerras competitivas. Aunque no tenemos claridad sobre la nueva realidad que nos espera, es evidente que, “a pesar de los avances, el poder y la tecnología se utilizan para asesinar, empobrecer y oprimir a vastas regiones, destruyendo el futuro de generaciones y el equilibrio de la vida en el planeta” (Silo, 1994). Esta crisis, como señala el economista Richard Wolff, no es solo geopolítica, sino una crisis de legitimidad del capitalismo global.
El uso ilegal y abusivo de la fuerza por parte del gobierno estadounidense que atacó a Venezuela el 3 de enero ha precipitado un punto de inflexión peligroso en el orden internacional, debilitando la credibilidad del derecho internacional. Como afirma Claudia Aranda (Pressenza, 03-01-2026): “Si un Estado puede bombardear a otro sin consecuencias, el mensaje es devastador: la soberanía se convierte en una concesión revocable. hoy es Venezuela; mañana podría ser cualquier país cuyo territorio o recursos resulten incómodos”. Un sistema internacional basado en reglas se convierte en una farsa, lo que podría llevar a otros países a desconocer esas reglas cuando les convenga. Del conocimiento ancestral del Sahara, se dice: “Quien construye con mentiras verá su casa destruida al llegar la hora de la verdad”.
En medio de la confusión y la indignación que asfixia a muchos, también estamos siendo testigos de la gestación de un nuevo amanecer, que trae consigo intuiciones y esperanzas de cambio. Desde el inicio de su historia, la humanidad ha buscado una vida mejor; se empobrece cuando desaparecen diversas formas de espiritualidad y modos de vida, ya que la armonía se encuentra en la diversidad (Diadié, 2024). Para que nuestras sociedades puedan evolucionar, es crucial garantizar acceso gratuito a salud y educación para todos.
En todas partes, la confianza en las promesas de élites y líderes morales decadentes, como Trump, que utilizan la fuerza para perpetuar un capitalismo parasitario, va en declive. Es urgente avanzar hacia una revolución humana que construya nuevos paradigmas, dejando atrás creencias que ya han fracasado. Como enseña la sabiduría ancestral del Sahara: “nuestra mañana solo comienza cuando nos despertamos”.
Referencias:
- Claudia Aranda. Bombardeos en Venezuela: el clavo en el ataúd del derecho internacional. Montreal, Pressenza international press agency. 03-01-2026
- Ismael Diadé Haïdara. (2024). Sabidurías de Tombuctú. Proverbios, máximas y sentencias Shonghay. Córdoba, España: Almuzara.
- Silo (1994). Cartas a mis Amigos. Sobre la crisis social y personal en el momento actual. Santiago: Virtual ediciones.
- Wolff, Richard. Documentos filtrados revelan el verdadero motivo de Trump para invadir Venezuela. Youtube. 03-01-2026
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/nuestra-manana-solo-empieza-cuando-nos-despertamos/