Estamos en un momento histórico en el que la luz de la Ilustración, que buscaba erradicar el dogma mediante la razón, parece desvanecerse ante el brillo de las pantallas. La cuestión ya no es retórica: ¿asistimos al ocaso del humanismo occidental o a su transformación más drástica?
Por: Guri Salgado
El gran avance de la modernidad consistió en arrebatar el destino a los dioses y entregárselo a la razón humana. Sin embargo, hoy ese principio fundador se encuentra nuevamente en disputa.
Los orígenes del dilema: El mapa fracturado de 1789
Para entender el caos actual, es esencial retornar a la Revolución Francesa. En la Asamblea Nacional no solo surgieron las categorías políticas de Derecha e Izquierda, sino que se estableció el antropocentrismo: el ser humano como centro y juez del universo, recuperando una herencia griega que había sido relegada.
No obstante, ese proyecto quedó incompleto. La razón ilustrada fue comercializada como un bien burgués, pero no se logró universalizar; se encontró con culturas que nunca aceptaron del todo el contrato social ni la secularización. Esta falla inicial es parte de lo que vivimos hoy.
De aquí surge el dilema contemporáneo: una Derecha en ascenso que cuestiona los consensos de la posguerra, retrocediendo hacia el atavismo y reactivando el miedo como herramienta política; y una Izquierda que, perdida en un “buenismo” tolerante y en las derivas del delirio woke, ha cambiado la dialéctica por el sentimentalismo identitario. Entre estos polos, la razón crítica queda desorientada y no puede extinguir los fuegos que ella misma ayudó a avivar.
I. El espejismo del progreso: De la Bastilla al bit
La modernidad prometía un mundo donde la razón sería la brújula y la libertad, el destino. Hoy, ante la expansión de la inteligencia artificial y el Big Data, la pregunta de Adorno y Horkheimer retorna con fuerza: ¿por qué la humanidad, en vez de emanciparse, cae en nuevas formas de barbarie?
El problema no radica en la falta de información, sino en la incapacidad de procesarla. El sujeto ha dejado de ser agente para convertirse en un apéndice del algoritmo. Los principios de 1789 resuenan como ecos lejanos, tras haber atravesado dos advertencias radicales de la razón instrumental: Hiroshima y Auschwitz.
II. La razón instrumental y su mito
En Dialéctica del Iluminismo (1944), Adorno y Horkheimer argumentan que la Ilustración conlleva una deriva totalitaria: su deseo de dominar la naturaleza a través del cálculo y la ciencia termina por dominar al ser humano. La razón, antes emancipadora, se convierte en herramienta de control.
“La tierra del todo ilustrada brilla bajo el signo de una calamidad triunfante”.
Esa calamidad se manifiesta hoy en la forma del capitalismo de vigilancia. La razón ya no busca comprender, sino predecir comportamientos. En este entorno, la defensa de la Ilustración por Steven Pinker resulta seductora pero incompleta: celebra cifras de progreso material mientras ignora la erosión subjetiva y el vaciamiento existencial del individuo digital.
III. La esclavitud voluntaria en la era digital
La paradoja actual no es la imposición autoritaria, sino la entrega voluntaria. La sociedad abierta, defendida por Karl Popper, se ha vuelto tan transparente que el individuo queda expuesto ante el poder.
Los algoritmos funcionan como sistemas de condicionamiento: recompensan, castigan y moldean deseos. No se utiliza el látigo, sino que se ofrece gratificación instantánea. La resistencia institucional al cambio no es simple conservadurismo; es una reacción ante la pérdida de control sobre la propia narrativa vital.
IV. Progreso sin sujeto
La crítica al optimismo basado en datos es profunda: la mejora de indicadores materiales no compensa la pérdida de la dimensión crítica mencionada por Marcuse. Pinker ve progreso donde hay integración y paz donde solo hay anestesia.
Antonio Escohotado nos recuerda que la libertad económica es inseparable de la libertad individual. Sin embargo, el comercio del siglo XXI ya no intercambia bienes, sino identidades. Los nuevos enemigos del comercio no son solo los estatismos tradicionales, sino los monopolios tecnológicos que convierten el mercado en un sistema de vigilancia panóptica.
V. Hacia una razón sustantiva
Frente a la dictadura del algoritmo, la solución no reside en regresar al mito, sino en recuperar una razón sustantiva que someta la técnica a la ética.
- Soberanía cognitiva: legislar el derecho a decidir sin mediación algorítmica.
- Educación en la sospecha: reintroducir la filosofía y la crítica estética como antídotos contra la homogeneización digital.
- Humanismo tecnológico: someter la inteligencia artificial a principios bioéticos que prioricen la dignidad humana por encima de la productividad.
Preguntas abiertas
Para finalizar esta primera entrega, invito al lector a reflexionar sobre las siguientes cuestiones pendientes:
- ¿Puede existir democracia cuando los deseos son diseñados por máquinas?
- ¿Sigue siendo “sociedad abierta” un sistema que castiga la disidencia mediante la cancelación digital?
- ¿Es el bienestar estadístico el precio de nuestra autonomía moral?
Este primer artículo continuará en la Parte II, donde se analizará la metamorfosis del autoritarismo en la era de la inteligencia artificial y el papel del arte como último refugio de la libertad.
Referencias
Adorno, T. W. & Horkheimer, M. (1944). Dialéctica del Iluminismo.
Pinker, S. (2018). En defensa de la Ilustración.
Popper, K. (1945). La sociedad abierta y sus enemigos.
Escohotado, A. (2008). Los enemigos del comercio.
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de vigilancia.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/la-razon-en-la-penumbra-modernidad-asediada-por-el-algoritmo-parte-i/