Michelle Bachelet y la defensa de la civilidad internacional en una época de desmantelamiento del orden global.

Chile, junto a Brasil y México, respalda la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General de Naciones Unidas en un periodo decisivo para el multilateralismo desde la posguerra. No se trata solo de una postulación política, sino de una declaración ética frente al auge del autoritarismo, el desprecio al derecho internacional y el desmantelamiento sistemático del marco que sustentó la convivencia global tras la Segunda Guerra Mundial.

“Hoy, el Estado de Chile, junto a Brasil y México, tiene el honor y el orgullo de formalizar la candidatura de Michelle Bachelet Jeria a la Secretaría General de Naciones Unidas.” Con estas palabras, el presidente chileno Gabriel Boric anunció un apoyo que va más allá de un simple gesto diplomático. Boric destacó que la expresidenta “encarna los valores de la ONU” y que esta candidatura representa una esperanza compartida: “que América Latina y el Caribe puedan hacer escuchar su voz en la búsqueda de soluciones colectivas ante los grandes desafíos de nuestro tiempo.” Además, enfatizó que la región sigue creyendo en un sistema internacional que debe responder con mayor eficacia, legitimidad y humanidad a los problemas globales.

La figura de Michelle Bachelet no se puede considerar desde una perspectiva neutral ni de cálculo de poder. Su trayectoria está marcada por la experiencia de la violencia política en su forma más extrema. Bachelet fue secuestrada junto a su madre por agentes de la dictadura chilena, detenida de manera ilegal y torturada. Su padre, el general Alberto Bachelet, fue arrestado, sistemáticamente torturado y asesinado por el régimen de Augusto Pinochet. Estos hechos están documentados y no son meras interpretaciones simbólicas. Bachelet no construyó su carrera política desde la comodidad de la distancia moral, sino desde la experiencia directa de la represión estatal, el exilio y la fractura de la vida democrática.

Esta biografía explica un estilo de ejercer el poder que ha sido coherente a lo largo de su trayectoria. Como dos veces presidenta de Chile, promovió políticas de protección social, ampliación de derechos, igualdad de género y reparación histórica. Más tarde, como Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, asumió un rol incómodo para gobiernos autoritarios y democracias en deterioro, insistiendo en que los derechos humanos son un límite ineludible al poder.

La candidatura de Bachelet surge en un contexto de extrema vulnerabilidad para la Organización de las Naciones Unidas. El sistema multilateral se encuentra en una crisis estructural sin precedentes. No es solo una crisis de legitimidad, sino también una crisis material y política inducida intencionadamente. Estados Unidos ha condicionado y reducido compromisos financieros esenciales con la ONU, debilitando su capacidad operativa en áreas críticas como la ayuda humanitaria, el mantenimiento de la paz y la protección de derechos humanos. Este recorte presupuestario no es neutro: es una estrategia de control político.

Durante la presidencia de Donald Trump, esta lógica se expresó sin ningún tipo de pudor. Trump afirmó repetidamente no sentirse sujeto a la legislación internacional, ignorando límites jurídicos externos y actuando exclusivamente conforme a sus intereses nacionales. Esta concepción del poder, donde el derecho internacional es considerado una molestia prescindible, ha tenido consecuencias devastadoras para la infraestructura creada tras la Segunda Guerra Mundial para evitar la repetición de los horrores pasados.

Además, gobiernos como el de Benjamin Netanyahu han llevado a cabo acciones sistemáticas que desafían principios del derecho internacional humanitario, contribuyendo a la erosión acelerada de los consensos mínimos que sostienen la legalidad global. El resultado es un mundo donde la fuerza desafía a la norma y donde el multilateralismo es atacado tanto desde el exterior como desde el interior.

Chile, junto a Brasil y México, no solo promueve una candidatura. Está adoptando una postura. Está declarando que América Latina y el Caribe no aceptan pasivamente la disolución del orden internacional y que todavía creen en la posibilidad de reconstruirlo desde la ética, la memoria y la humanidad. En manos de Michelle Bachelet, la Secretaría General de la ONU no sería simplemente un cargo administrativo. Sería, en el momento más oscuro del sistema multilateral, una defensa de la civilización frente a su descomposición.

Foto de presidencia.cl

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/michelle-bachelet-y-la-defensa-de-la-civilidad-internacional-en-tiempos-de-demolicion-del-orden-global/

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