
Esta semana, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ofreció una serie de respuestas a medios internacionales, en las cuales clarificó la postura política y geoestratégica de La Habana frente a los retos mundiales de 2026. Sus declaraciones destacaron la reafirmación de principios históricos en la política exterior, posiciones sobre conflictos regionales y una nueva interpretación del papel de Cuba en el ámbito internacional.
Díaz-Canel situó la política exterior de Cuba en un marco de multilateralismo activo, defensa de la soberanía nacional y apoyo a procesos de autodeterminación, criticando de manera constante las intervenciones extranjeras, que definió como “violaciones del derecho internacional”. Se refirió a diversas situaciones de tensión, abarcando desde Medio Oriente hasta América Latina, y enfatizó la necesidad de reposicionar a Cuba como un interlocutor en el diálogo global, sin apresurarse a alinearse con bloques tradicionales.
Su discurso se estructuró alrededor de tres ejes fundamentales: la reafirmación de la soberanía como un principio innegociable, la crítica a lo que denominó “hegemonías interventoras”, y la propuesta de una diplomacia que dé prioridad a los marcos jurídicos internacionales, en lugar de a intereses particulares de las potencias. Esta retórica fusiona elementos clásicos del discurso exterior cubano, inspirados en Fidel y Raúl Castro, con adaptaciones al actual contexto geopolítico, caracterizado por múltiples frentes de conflicto y una reconfiguración de las alianzas globales.
En lo que respecta a la crisis en Medio Oriente, Díaz-Canel reiteró la condena de Cuba a las acciones militares que, según su interpretación, han causado sufrimiento civil masivo. Subrayó la importancia de las resoluciones de las Naciones Unidas como indicadores de legitimidad y criticó las políticas unilaterales de Estados Unidos y otras potencias, que, a su juicio, han menoscabado el derecho internacional humanitario. Este posicionamiento se alinea con documentos recientes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, que destacan la primacía de la Carta de las Naciones Unidas y la solución pacífica de disputas.
A nivel regional, el presidente cubano dedicó un tiempo considerable a la integración latinoamericana, afirmando que los procesos de cooperación deben basarse en la igualdad, la complementariedad y el respeto mutuo. Criticó abiertamente las condiciones impuestas por instituciones multilaterales dominadas por países del “centro” económico global, argumentando que estas políticas han profundizado las desigualdades estructurales en la región.
El discurso de Díaz-Canel también incluyó menciones al papel de Cuba en organismos internacionales, como la Asamblea General de la ONU y las cumbres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde, según su visión, se puede desarrollar una agenda política que trascienda la lógica de bloques y preserve los principios de independencia, no injerencia y justicia social.
Desde la perspectiva de la política exterior práctica, esta declaración implica varias consecuencias. Primero, reafirma la continuidad de una línea diplomática que, aunque crítica del orden establecido, busca evitar rupturas abiertas con actores globales clave y favorecer el diálogo. Segundo, posiciona a Cuba como un actor que intenta aprovechar su propia historia política para influir en debates contemporáneos sin adoptar posturas acríticas ni subordinadas a potencias específicas. Tercero, su discurso sugiere una interpretación cubana de los conflictos globales, viéndolos no como episodios aislados, sino como parte de una disputa más amplia sobre el respeto al derecho internacional y la distribución de poder en el sistema internacional.
Este posicionamiento se da en un contexto donde las tensiones entre grandes potencias y las crisis humanitarias transnacionales —desde África hasta Oriente Medio y el Caribe— reconfiguran los mapas tradicionales de alianzas. Bajo este discurso, Cuba busca proyectarse no como un actor periférico, sino como un interlocutor cuya experiencia histórica le confiere legitimidad para reclamar espacios de mediación y criticar el statu quo.
En conclusión, las respuestas de Díaz-Canel a los medios reflejan una Cuba que exige coherencia entre sus principios y la práctica diplomática, busca reactivar su presencia internacional y reclama una voz activa en la defensa del derecho internacional y la soberanía de los pueblos. Este posicionamiento, aunque basado en una tradición histórica, se redefine ante las expectativas y tensiones del orden global contemporáneo.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/la-nueva-etapa-de-politica-exterior-cubana-y-su-posicionamiento-frente-a-la-crisis-global/