La mentalidad materialista busca enfrentar una crisis existencial.

Nos encontramos en un momento crítico para la civilización, enfrentando contradicciones que no pueden resolverse con la misma lógica que las generó. Intentamos responder a los desafíos futuros de la humanidad con una mentalidad heredada del pasado.

“La vida es lo que sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes.” – John Lennon

Actualmente, vivimos en la era más materialista de la historia, centrada en la producción y la creación de objetos. Fábricas, urbanizaciones, coches, contenidos digitales y centros de datos dominan nuestro entorno. Incluso las religiones se han convertido en industrias que fabrican fe. Las escuelas han evolucionado en fábricas de futuros trabajadores para satisfacer a sus empleadores.

Los partidos políticos actúan como el brazo de marketing de estas estructuras materialistas. Un vistazo al programa más progresista de la última campaña para la alcaldía de Nueva York ilustra claramente el problema de la “izquierda” contemporánea.

Zohran Mamdani ganó gracias a una plataforma audaz y centrada en la accesibilidad, argumentando que Nueva York se había vuelto inasequible para los residentes comunes. Su propuesta incluía congelamientos de alquileres, construcción de 200,000 viviendas accesibles, transporte urbano gratuito y tiendas de comestibles de propiedad pública, además de un salario mínimo más alto, financiados por un aumento de impuestos a las corporaciones y a los más adinerados. Estas iniciativas buscaban hacer la vida más asequible y sostenible para la clase trabajadora de la ciudad.

Sin embargo, ¿dónde quedan los seres humanos en todo esto? ¿Dónde hay espacio para crecer, florecer y encontrar significado?

No hay planificación centrada en las personas en estas propuestas, solo una planificación urbana. Creamos infraestructuras y luego forzamos a los ciudadanos a integrarse en entornos diseñados, en lugar de moldear estos espacios de acuerdo con el desarrollo humano interno.

La realidad es que, desde Los Ángeles hasta Beijing, se exige a las personas que se adapten a un mundo creado por una mentalidad materialista, producto de la industrialización. Sin embargo, la mayoría de nuestro sufrimiento y desafíos futuros no pueden solucionarse con esta perspectiva. Nuestro futuro no reside en la producción de más y mejores objetos.

Conozco a colegas mayores de 70 años que continúan trabajando, no por necesidad económica, sino porque no encuentran otro propósito. Las tasas de suicidio siguen en aumento, lo que revela una problemática más profunda. Los expertos hablan de “múltiples factores convergentes” que conducen a la desesperanza, considerando la angustia existencial como un asunto de salud mental: si no puedes adaptarte al mundo materialista, entonces hay un problema contigo.

Este análisis no solo es insuficiente, sino equivocado.

Este tema es crucial para el futuro de la humanidad. Imagina a China dentro de dos o tres generaciones de desarrollo técnico y económico constante. ¿Qué ocurre con la vida humana cuando la supervivencia ya no es la preocupación principal? La mentalidad materialista teme a la inteligencia artificial por su amenaza a los empleos, sin darse cuenta de la oportunidad que representa: liberar a las personas de la alienación material y permitirles redirigir su energía hacia el significado y la creatividad.

Nos encantan los perros, pero los humanos no son como ellos. Cuando un perro se ve en un espejo, no se reconoce. Un humano sí. Un ser humano enfrenta su cambio, su envejecimiento, su continuidad. Se pregunta, ¿qué me ha pasado? Frente a un espejo surgen innumerables pensamientos, ya que la conciencia se refleja a sí misma.

Imagina un movimiento político que afirme abiertamente que los humanos no nacen con un propósito predefinido, sino que existimos y creamos significado a través de nuestras decisiones. Imagina a un candidato que declare que la cuestión política más importante es el significado de la vida. Imagina escuelas que diseñen sus currículos en torno a las características y talentos de cada estudiante y cómo pueden transformar el mundo.

Hoy día, la situación es completamente opuesta. Muchas de las empresas más innovadoras son fundadas por personas que dejan atrás instituciones que intentan estandarizar sus vidas.

La debilidad central de la izquierda actual es su incapacidad para evolucionar. Sigue atada a categorías del siglo pasado: lucha de clases, unidad obrera, movilización masiva, y diferenciaciones de clase. Sin embargo, la pregunta que se hacen las personas no es “¿A qué clase pertenezco?” sino “¿Por qué vivo esta vida y cómo puedo mejorar mis días?”

Cuando eres joven, trabajas por dinero. Pero después de veinte años —y dos divorcios— esa razón se desmorona.

No se trata de un antimaterialismo, sino de un humanismo post-material.

Hasta que configuremos nuevas estructuras —partidos políticos, espacios sociales, medios de comunicación, arte y entretenimiento— que hagan del significado existencial su núcleo, nuestra era seguirá repitiendo los conflictos y desastres de la anterior.

Tal vez todo comience de manera sencilla: pasando menos tiempo consumiendo noticias o navegando por eventos lejanos, y más tiempo observando nuestras vidas, reflexionando sobre nuestras rutinas y transformaciones y preguntándonos qué sentido tiene todo esto.

No resolveremos la discriminación solo mediante leyes, sino a través de experiencias compartidas, reconociendo que existimos porque existes. El derecho a existir no es solamente un lema; es una verdad fundamental de la vida.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/la-mente-materialista-esta-tratando-de-resolver-una-crisis-existencial/

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