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Las repercusiones de un gobierno de extrema derecha.
Las ideologías de derecha han alcanzado su mayor triunfo desde la recuperación democrática en 1989, asumiendo el control del gobierno entre 2026 y 2030 con un presidente de un partido de extrema derecha conservadora (Partido Republicano) y un congreso dominado en su mayoría por representantes de esta misma línea política. Esto plantea numerosas dudas sobre lo que acontecerá en los próximos cuatro años.
Las incertidumbres aumentan ante la falta de una propuesta programática sólida, más allá de eslóganes vacíos; la carencia de una estrategia clara en diversas áreas; la amenaza explícita de un recorte de aproximadamente seis mil millones de dólares en el gasto estatal; y los discursos recurrentes que sugieren posibles retrocesos en derechos civiles y sociales para migrantes, opositores políticos, feministas, defensores de derechos humanos y la comunidad LGTBIQ+, así como la anunciada excarcelación de criminales de la dictadura, en línea con la ideología ultraconservadora y el fanatismo religioso del presidente electo, Kast.
La victoria de Kast en la segunda vuelta presidencial representa, sin duda, un cambio significativo en la trayectoria del país. Un gobierno de ultraderecha implica la implementación de políticas conservadoras y liberales en el ámbito económico, como la reducción de impuestos y la promoción de mercados libres. Esto conlleva un menor gasto público, limitando la intervención estatal, y políticas de mano dura en inmigración y seguridad, aumentando los presupuestos para las fuerzas policiales y aplicando penalizaciones más severas. También se priorizarán valores tradicionales y posturas conservadoras en temas éticos como el aborto, el matrimonio igualitario y los derechos de las minorías. Además, se impulsarán leyes que favorezcan la competencia, la propiedad privada y restrinjan el poder sindical, reflejando una perspectiva centrada en el individuo, la propiedad y la libertad económica, en beneficio de la élite, con un Estado con mínima intervención.
Como señala el periodista Daniel Matamala: “La pregunta crucial no es quién es Kast, sino cómo será el presidente Kast. ¿Cuál es el Kast que gobernará Chile a partir de marzo? ¿El que, como candidato, afirmaba que Chile se desmoronaba, o el que, ahora como presidente electo, proclama que ‘somos el mejor país del mundo’? ¿El que hostigaba a los periodistas y movilizaba a sus seguidores en redes sociales, o el que defiende el papel crítico de la prensa ante sus partidarios? ¿El que, en su momento, despectivamente decía que Daniela Vega ‘es un hombre’ o el que hoy acepta que una persona defina su identidad de género? ¿El que condenaba los acuerdos con fuertes críticas morales, o el que, la noche de su elección, convoca a un gran acuerdo nacional? La única respuesta honesta es que no lo sabemos.”
Qué debe hacer la oposición durante el próximo gobierno de La Moneda.
Es imperativo llevar a cabo una profunda reflexión valiente sobre la dirección política, rediseñando las alianzas de poder, y procediendo a la destitución de todas las personas que han dirigido el Estado y los partidos en contra de los intereses de las mayorías trabajadoras, desempleadas, jubiladas y estudiantiles. Este proceso debe dejar atrás la tendencia a favorecer los intereses y privilegios de la élite. Se pueden preguntar, con la mayor sinceridad posible, por qué los votantes optarían por un sucedáneo, una mala copia, cuando pueden contar con los auténticos capitalistas, individualistas y mercaderes, si eso es lo único que se representa en el escenario cultural y político promovido por los comentaristas del poder, difundido incansablemente por los medios de comunicación.
Es fundamental rechazar los partidos con liderazgos personalistas que anteponen su comodidad y altísimos salarios; un sistema político que actúa de espaldas a la ciudadanía; estructuras administrativas sin compromiso social; y la validación de programas engañosos que nunca se cumplirán. Necesitamos erradicar la retórica sobre una democracia representativa y un voto periódico que no tiene poder real.
En este contexto de autoevaluación sincera, se debe trabajar en construir un nuevo paradigma que permita a las colectividades y a la ciudadanía en general avanzar hacia la toma del poder real, en una democracia participativa. Esto implica mantener constantes definiciones sobre asuntos relevantes, en espacios de reflexión y deliberación, decididos en consultas vinculantes, que posibiliten un proyecto país compartido, priorizando temas de salud y educación pública, la recuperación de ingresos generados por proyectos extractivos y la utilización de esas ganancias para edificar una economía real, promoviendo la industrialización de recursos minerales y el avance tecnológico en el desarrollo de energías menos contaminantes. Un proyecto país hecho por y para la gente, y para el bienestar de la sociedad.
Postura de la Federación de PH Internacional (extracto, La pobreza: ignominia de la humanidad).
Desde el inicio de los partidos humanistas, inspirados en el Nuevo Humanismo o Humanismo Universalista, abogamos por la capacidad de la humanidad para resolver, en el corto plazo, los problemas globales de alimentación, salud, vestimenta, vivienda digna y educación. Si el entorno de crueldad y desigualdad no ha sido superado, es simplemente por los antivalores de la cultura materialista emanada desde las cúpulas del poder, centrada en la especulación del gran capital. Es obvio que los actuales poderes opresores no tienen interés en cambiar el estado de las cosas, pues son ellos los que sostienen la relación de opresión entre riqueza y pobreza.
Los humanistas creemos que los pueblos han trabajado lo suficiente para eliminar la pobreza y que el sistema financiero internacional y la cultura materialista impuesta por las élites constituyen los mayores obstáculos para erradicar esta infamia.
Las grandes mayorías oprimidas deben levantarse contra la violencia institucionalizada, cuestionando las bases del capitalismo. Los defensores de este inhumano sistema siempre se preguntan de dónde provendrán los recursos y cómo se incrementará la productividad, sugiriendo que estos recursos surgen de préstamos bancarios, ignorando el esfuerzo de los pueblos.
Superar la pobreza implica profundas transformaciones en el modo de producción, en la reasignación de recursos y en las relaciones sociales. Se requiere también un ajuste en el orden jurídico y el papel del aparato estatal, que debe beneficiar y servir a toda la sociedad.
Los humanistas reafirmamos que para erradicar la pobreza, se necesita lo mismo que para abordar muchas otras manifestaciones de este violento sistema actual. Urge, en el sentido más amplio, la unidad en la acción de todos los humanistas del mundo.
Redacción colaborativa:
M. Angélica Alvear Montecinos, Guillermo Garcés Parada, Sandra Arriola Oporto.
Comisión de Opinión Pública
Partido Humanista
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Esta versión mantiene el significado y los puntos clave del texto original.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/la-caja-de-pandora-del-futuro-gobierno-de-ultraderecha/