La detención del ex teniente del Ejército chileno Armando Fernández Larios, catalogado como uno de los más peligrosos delincuentes, ha generado desconcierto entre algunos periodistas, especialmente en el ámbito televisivo. Esta detención forma parte de una lista de 42 chilenos que están en proceso de expulsión de Estados Unidos.
El golpe de estado de 1973 y la prolongada dictadura de Augusto Pinochet han quedado oscurecidos en la memoria colectiva de un país donde varias generaciones han nacido después de ese evento histórico y muchos nunca han vivido plenamente la posdictadura. Aunque han pasado 50 años desde la insurrección militar, el recuerdo de los sufrimientos y traumas del régimen autoritario aún conmueve a muchos chilenos que vivieron en ese tiempo.
Es comprensible que la prensa haya reaccionado de forma titubeante ante esta decisión estadounidense, dado que Fernández Larios fue parte de la DINA y participó en el atentado que resultó en la muerte del ex Canciller de Allende, Orlando Letelier, y su secretaria Ronnie Moffit. Este crimen fue juzgado en Estados Unidos, donde Fernández Larios recibió una condena mínima y luego se convirtió en “testigo protegido”, lo que le permitió vivir sin problemas en ese país y evadir múltiples solicitudes de extradición por parte de la justicia chilena. También se le requiere por su participación en la Caravana de la Muerte, que eliminó a decenas de presos políticos bajo el mando del dictador.
La incertidumbre persiste sobre cuándo y cómo Estados Unidos repatriará a los detenidos por el cuestionado ICE, creado durante la administración de Trump para reprimir a miles de inmigrantes. La defensa de Fernández Larios argumenta sobre los beneficios otorgados que le permiten residir en EE. UU., lo que podría excluirlo de las inminentes expulsiones. Es vital que desde Chile se exija su comparecencia ante la justicia y que cumpla condena en un centro penitenciario chileno, preferiblemente en Punta Peuco, donde se encuentran otros criminales de la dictadura.
La detención ha traído alegría a las cientos de víctimas que esperan justicia, y es fundamental que sus solicitudes de extradición se procesen pronto. La avanzada edad de Fernández Larios no debería ser un argumento para su impunidad por crímenes de lesa humanidad.
Sin embargo, Chile se enfrenta a la llegada de un nuevo gobierno de derecha, cuyo Presidente electo ha incluido en su equipo a varios pinochetistas que aún se niegan a reconocer los crímenes de la dictadura y que incluso abogan por indultos para los condenados de la DINA y la CNI. Muchos de ellos permanecen en silencio sobre sus crímenes y no han colaborado en esclarecer el destino de los desaparecidos.
Es crucial que el mandatario Gabriel Boric aborde la urgencia de repatriar a Fernández Larios, y que la Corte Suprema agilice los procesos necesarios. No obstante, queda la incertidumbre sobre las decisiones que tomará la Casa Blanca respecto a este “peor de lo peor” una vez descubiertos los beneficios que ha recibido. También hay preocupación por la postura del nuevo gobierno de Kast, un presidente electo por un electorado que muestra una notable amnesia respecto a la dictadura y que se alinea con el pinochetismo, cuyo legado sigue influyendo en nuestras instituciones.
Sería apropiado que Fernández Larios fuera interrogado y condenado en Chile para esclarecer su papel en el asalto a La Moneda y la muerte del Presidente Allende el 11 de septiembre de 1973. Después de su renuncia al Ejército, fue interrogado en EE. UU. por el fiscal Eugene Propper sobre el atentado a Orlando Letelier.
En su libro «Laberinto», el fiscal evidenció que Allende fue asesinado, contrarrestando la versión oficial del suicidio, y mencionó el nombre de René Riveros, el oficial que disparó al mandatario. Riveros se jactó de su hazaña frente a detenidos, mostrando incluso el reloj de Allende. Esta información, recogida por el ingeniero Robinson Guerrero años después, nunca fue investigada judicialmente, a pesar de las documentación existente como «La verdad sobre su muerte» de la periodista Maura Brescia.
Entre las pertenencias de Allende exhibidas tras su muerte, se encontraron sus anteojos rotos, pero no su reloj.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/fernandez-larios-y-la-muerte-de-allende/