
Analizamos la situación de la educación en España, aunque muchos de los puntos expuestos son de aplicación universal. La docencia no es un rol cualquiera; en las manos de los educadores, en la disposición del aula, en su paciencia y en la manera en que miran a sus alumnos, se confía algo más que solo transmisión de conocimientos. Les corresponde la delicada labor de guiar la formación de individuos, ciudadanos y futuros adultos, y aspiramos a que los estudiantes aprendan a estar en paz consigo mismos.
El docente es, después de la familia, la primera figura estable en la vida de un niño. La familia, en un sentido amplio, también educa, pero los docentes y los Centros Educativos, además de enseñar, acompañan el crecimiento en competencias y valores; co-educan. Ellos traducen lo social en experiencias concretas, explicando de manera cercana y cotidiana conceptos como la justicia, la norma, el esfuerzo compartido y el respeto. Además, encarnan la noción misma de lo público en su trato diario.
Para ciertos estudiantes, el tiempo de formación puede sentirse como una gota china. En España, el periodo obligatorio de escolarización dura 16 años, y puede ser mucho más extenso para quienes buscan especialidades como la Formación Profesional o la Universidad. No se puede ignorar que en algunas carreras, como Medicina, se añaden años de formación posterior. La incertidumbre acerca de un futuro laboral, especialmente en un mercado tan complicado, es inquietante. Esta trayectoria va desde la educación preescolar hasta que un médico finalmente realizará una operación complicada. Es un proceso digno de agradecimiento.
Sin embargo, resulta preocupante y éticamente incómodo observar hasta qué punto el sistema educativo, ya sea público, concertado, privado o universitario, ha normalizado la precariedad laboral como una condición estructural del ejercicio docente, especialmente desde las administraciones públicas.
Navarra como ejemplo y síntoma
En Navarra se puede observar un caso representativo. Aquí es donde he tenido contacto con este colectivo. La documentación y las normativas de las últimas décadas muestran un escenario donde la inestabilidad laboral no ha sido una anomalía, sino una parte consolidada del sistema educativo.
Comencemos con datos verificables. En junio de 2012, el entonces consejero de Educación, José Iribas, anunció el despido de más de 500 docentes interinos, sumándose a los 250 despedidos el año anterior (ver Gara). Los representantes sindicales denunciaron lo que calificaron como «el mayor ERE de Navarra», advirtiendo del aumento alarmante de contratos parciales y de una «ingeniería administrativa» destinada a ocultar despidos masivos. UPN, PSN y PP respaldaron estas políticas, las cuales, años después, blindarían por ley a los profesores de religión y del PAI, mientras la mayoría continuaba en una precariedad del 50%, muy por encima del 12,42% que el Gobierno consideraba razonable.
Navarra podría considerarse una de las comunidades con mejores condiciones para que los interinos reciban pago durante el verano, similar a Madrid y Melilla, exigiendo entre 165 y 166 días trabajados (ver El_Independiente). Sin embargo, este avance es, en realidad, un reconocimiento tardío de lo mínimo que se requiere.
El Decreto Foral 42/2016, del 22 de junio, finalmente aseguró que los contratos firmados antes del 1 de octubre se extendieran hasta el 31 de agosto del año siguiente (ver lexNavarra). Hasta 2016, un docente interino de Navarra que comenzaba en septiembre veía su contrato finalizar el 30 de junio, pasando julio y agosto sin salario ni cotización. Años de lucha sindical y decisiones judiciales fueron necesarios para que la administración dejara de enviar a sus docentes al desempleo cada verano.
Este episodio no fue solo un ajuste presupuestario; fue una confirmación de una lógica: usar la interinidad como un colchón de flexibilidad estructural.
Años después, el Decreto Foral 42/2016 corrigió una situación dolorosa: hasta entonces, muchos docentes interinos que comenzaban en septiembre veían extinguirse su contrato el 30 de junio, quedando sin salario y sin estabilidad durante julio y agosto. El decreto garantizó que esos contratos se extendieran hasta final de agosto, lo que representa un reconocimiento tardío de lo mínimo necesario.
Aunque Navarra destaca hoy entre las comunidades donde los interinos pueden recibir remuneración durante el verano, este avance no soluciones el problema principal: una elevada interinidad estructural y un sentimiento crónico de provisionalidad. (1)
Ponerse en el lugar de…
Imaginemos por un momento esa trayectoria laboral. Cada junio culmina el curso escolar. Recogemos materiales, archivamos proyectos y nos despedimos de los estudiantes. Junio es un mes lleno de despedidas, y algunas son definitivas. Sabemos que los adioses pueden dejar huella. Hay alumnos que recordarán a ciertos docentes por siempre. No todos los adioses son momentos alegres; a veces, son un alivio mutuo, y hay una mezcla de emociones en esta experiencia.
Sin embargo, cuando llegan junio y julio, no siempre hay despedidas reales con los compañeros, el Claustro o los colaboradores no docentes. A menudo se escucha: «Nos vemos…», pero sin certeza de un regreso. Después del fin de curso, las evaluaciones, la burocracia y las reuniones, llega un limbo para muchos docentes.
Julio y agosto transcurren en suspenso: ¿continuarán en el mismo centro?, ¿en otro?, ¿habrá vacantes o jornadas completas? ¿Y el tema de la vivienda? Todo esto crea incertidumbre. Los docentes que se encuentran en esta inestabilidad o fase de espera hacia la plaza deseada enfrentan dificultades, al igual que otros colectivos profesionales, como médicos o enfermeros, que también experimentan desarraigo.
En septiembre, mientras las familias organizan la rutina y los alumnos estrenan cuadernos, miles de docentes están pendientes de una adjudicación que no solo decidirá su futuro profesional, sino también su vida cotidiana: la vivienda, los desplazamientos, la conciliación y las redes de apoyo.
No son solo contratos temporales; se trata de biografías temporales.
En comunidades como Navarra, donde hay una sola provincia, el rango geográfico es más acotado y el destino puede parecer más predecible. Pero en regiones más extensas, como Castilla y León, Castilla-La Mancha o Andalucía, la incertidumbre conlleva distancias, mudanzas y desplazamientos, fragmentando vidas entre provincias.
Esto se traduce en una auténtica trashumancia docente.
La continuidad pedagógica frente a la discontinuidad laboral
La educación necesita estabilidad emocional, vínculos duraderos y proyectos a medio plazo. Se espera del docente que conozca a su alumnado y que teja una comunidad educativa, pero el sistema a menudo ofrece discontinuidad.
Cada rotación forzada interrumpe procesos. Cada traslado imprevisto debilita proyectos escolares. Cada curso incierto erosiona la posibilidad de arraigo profesional y personal.
¿Cómo construir un sentido de pertenencia cuando la trayectoria se experimenta en permanente provisionalidad?
La otra precariedad: autoridad y protección
La precariedad no es solo contractual. Muchos docentes sienten un desgaste progresivo de su autoridad simbólica. Esta no se basa en privilegios jerárquicos, sino en el respeto y en la necesidad de un respaldo institucional. La autoridad educativa debe mantenerse dentro de un marco contextualmente seguro.
Es fundamental defender esta autoridad desde lo institucional, al igual que en el sector de la salud, donde los profesionales enfrentan agresiones. Aunque las circunstancias que llegan «de casa» son complejas, los docentes muchas veces suplementan la problemática y amplían el apoyo dentro de la comunidad escolar. Para algunos alumnos, el aula representa un alivio, un refugio por las dificultades en sus hogares, especialmente en un contexto social complicado.
No obstante, no son raros los casos en que los docentes se sienten desprotegidos ante conflictos con alumnado o familias, así como en dinámicas administrativas. La judicialización de disputas y la falta de apoyo deberían ser preocupaciones institucionales.
Es una paradoja delicada: se confía a los docentes la gestión de lo más relevante, la formación de menores, el fomento de su autoestima y la construcción de su identidad, mientras que, al mismo tiempo, se debilitan los marcos que protegen su función educativa.
Más allá de Navarra
El problema es estructural, aunque puede adoptar matices variados según la comunidad autónoma. La elevada interinidad, las asignaciones tardías y la inquietud estival son comunes en gran parte del ámbito educativo en España.
Las iniciativas extraordinarias para estabilizar el empleo público, como la Ley 20/2021, han tratado de reducir la temporalidad, pero sus efectos deben convivir con prácticas organizativas y bolsas de interinidad persistentes.
A su vez, tanto la educación concertada como la privada, influenciada por la matrícula y la sostenibilidad económica, frecuentemente reproducen contextos similares y, a veces, con menos protección laboral.
Una cuestión ética, no solo laboral
Una sociedad que normaliza la inestabilidad entre quienes educan a sus hijos transmite un mensaje inquietante sobre sus valores y prioridades.
No se puede pedir a los docentes que enseñen sobre proyectos de vida, confianza en el futuro o cultura del esfuerzo, mientras que su propia vida laboral está marcada por la incertidumbre.
Esto no involucra solo salarios y contratos; trata de dignidad profesional, estabilidad y coherencia institucional. Porque, al final, no solo se trata de cómo los docentes e integran. La cuestión es: ¿qué tipo de sociedad acepta que quienes moldean el futuro y pasan tantas horas con los jóvenes vivan en la provisionalidad? Otro tema, que merece otro análisis, es qué sucede una vez que un docente alcanza estabilidad: también necesita ser arquitecto de su propia función y encontrar períodos de renovación si es necesario. Eso debería prever y regularse. Animo a otros a considerar esas necesidades futuras en la carrera docente.
Referencias:
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/trashumancia-docente-ensenar-y-co-educar-pero-sin-arraigo-o-certezas-y-cuanto-tiempo/