
En un escenario donde el sistema inmune puede actuar como protector o agresor, tres científicos han trazado el camino para controlar sus desbordes. El 6 de octubre de 2025, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska anunció que Mary E. Brunkow, PhD; Fred Ramsdell, PhD; y Shimon Sakaguchi, MD, PhD, recibirían el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre la «tolerancia inmunitaria periférica». Este hallazgo explica cómo el organismo evita ataques autoinmunes y abre la puerta a tratamientos potenciales para diabetes, artritis y cáncer. Sus investigaciones, surgidas en laboratorios modestos, vislumbran una nueva era de terapias precisas que buscan restaurar el equilibrio inmune en lugar de solo suprimirlo.
Los pioneros: trayectorias y legados
Shimon Sakaguchi, profesor distinguido en la Universidad de Osaka, Japón, dirige el Laboratorio de Inmunología Experimental en su centro de investigación del cáncer. Nacido en 1955, Sakaguchi fusionó inmunología y genética en los años 90. Su interés por los ratones que rechazaban trasplantes lo llevó a desafiar las creencias establecidas: la tolerancia no solo se daba en el timo (el órgano donde maduran las células T), sino también en las zonas periféricas del cuerpo.
Mary E. Brunkow, investigadora principal en el Institute for Systems Biology en Seattle, EE.UU., se centra en la genética de inmunodeficiencias. Con un doctorado en inmunología molecular, Brunkow trabajó previamente en Genentech antes de incorporarse a ISB. Su atención a mutaciones genéticas la ha preparado para resolver enigmas poco comunes.
Fred Ramsdell, actualmente presidente científico en Sonoma Biotherapeutics en Mountain View, California, EE.UU., es un nexo entre la ciencia básica y la clínica. Con un PhD en inmunobiología de la Universidad de Texas, Ramsdell tuvo experiencia en Genentech y el NIAID (Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas). Su visión empresarial avanza las terapias con Treg en ensayos clínicos.
Estos investigadores, juntos, transformaron hipótesis en mecanismos moleculares, como se señala en el comunicado del Nobel: «A través de observaciones perspicaces y experimentos meticulosamente diseñados, los laureados proporcionaron una explicación molecular de la tolerancia periférica activa».
El núcleo científico: de la incógnita a FOXP3
Visualiza el sistema inmune como un ejército dispuesto a defenderse. Las células T (linfocitos T, esenciales en la respuesta inmune) atacan a invasores, pero algunas células «autorreactivas» pueden escapar del timo y causar daño a tejidos sanos. La clave es cómo se frenan estos ataques. La respuesta son las células T reguladoras (Treg), un subgrupo de células CD4+ T helper que expresan CD25 y el factor de transcripción FOXP3.
Sakaguchi publicó en 1995 un trabajo fundamental: «Immunologic self-tolerance maintained by CD25+CD4+ naturally anergic and suppressive T cells: induction of autoimmune disease by breaking their anergic state» (Journal of Immunology, vol. 155, pp. 1151-1164). En este estudio, demostró que la transferencia de Tregs CD25+CD4+ a ratones inducía tolerancia a antígenos propios, revirtiendo la autoinmunidad. Posteriormente, Brunkow y Ramsdell avanzaron con el modelo «scurfy» (ratones con una mutación X que morían jóvenes debido a la autoinmunidad). En 2001, publicaron «Disruption of a novel forkhead/winged-helix protein, scurfin, results in the fatal lymphoproliferative disorder of the scurfy mouse» (Nature Genetics, vol. 27, pp. 68-73), identificando FOXP3 (denominado scurfin) como el gen mutado. En 2002, continuaron con «X-linked neonatal diabetes mellitus, enteropathy and endocrinopathy syndrome is the human equivalent of mouse scurfy» (Nature Genetics, vol. 32, pp. 889-891), vinculando las mutaciones de FOXP3 al síndrome IPEX. En 2003, Sakaguchi ensambló las piezas con su estudio «Foxp3 programs the development and function of CD25+CD4+ regulatory T cells» (Nature Immunology, vol. 4, pp. 337-342), probando que FOXP3 induce un fenotipo supresor en las células T convencionales.
Resumen del trabajo de Sakaguchi (2003), traducido: «Las células T reguladoras CD25+CD4+ naturales son esenciales para mantener la autotolerancia inmunológica. Aquí demostramos que Foxp3, un miembro de la familia Forkhead, actúa como un interruptor maestro que programa su desarrollo y función. La expresión ectópica de Foxp3 convierte células T convencionales en supresoras, mientras que las mutaciones causan autoinmunidad letal».
Explicación sencilla: guardianes del caos interno
Pensando en términos sencillos, el sistema inmune actúa como un perro guardián. Ladra ante invasores (virus), pero no ataca a su dueño (células propias). Las Tregs son el entrenador que calma al perro, como un semáforo en una intersección caótica que evita colisiones inmunes. Sin estas células, el perro ataca a todo: diabetes tipo 1 (páncreas), artritis reumatoide (articulaciones), esclerosis múltiple (nervios), alergias (respuestas exageradas a polen) o cáncer (tumores que reclutan Tregs para ocultarse). Medicamentos como ipilimumab (anti-CTLA-4) los bloquean en melanoma, permitiendo que el sistema inmune ataque. En trasplantes, se inyectan Tregs para prevenir el rechazo en riñones o hígado.
El síndrome IPEX es un ejemplo significativo: niños con un FOXP3 defectuoso sufren diarrea crónica (intestinos dañados), diabetes (páncreas desagregado) y tiroiditis. Sin un trasplante, su pronóstico es negativo. Los ratones scurfy eran la clave del rompecabezas; Brunkow y Ramsdell lo resolvieron a nivel genético.
Hacia un futuro de terapias precisas
Este Nobel no es solo un reconocimiento histórico; representa un guía para futuras terapias. Los ensayos clínicos están expandiendo las Tregs de los pacientes para trasplantes (previniendo el rechazo, en fase III), infundiendo Tregs en diabetes tipo 1 (fase II, protegiendo los islotes pancreáticos), combinando Treg con CAR-T (terapia de células T quiméricas con receptor de antígeno) para cáncer sólido (liderado por Sonoma Biotherapeutics), editando FOXP3 con CRISPR para lupus y enfermedad de Crohn (en fase preclínica), y probando Tregs para COVID prolongado y alergias severas (inflamación crónica). Con 50 millones afectados en EE. UU. (80 % mujeres) y cientos de millones a nivel global, incluido el alto índice de lupus en poblaciones mestizas de Latinoamérica, estas terapias podrían reducir hospitalizaciones en un 30 % para 2030.
En diciembre de 2025, sus conferencias Nobel (Sakaguchi: «Células T reguladoras para la Tolerancia Inmunológica»; Brunkow: «FoxP3/Scurfin: Un Motor Clave»; Ramsdell: «Traduciendo la Ciencia Básica a Oportunidades Terapéuticas») inspiraron a miles. Según una revisión en PubMed Central, «Sus aportes forman un manual transicional para restaurar el balance inmune».
La esperanza resplandece: millones de personas con enfermedades autoinmunes podrían alejarse de inmunosupresores tóxicos gracias a tratamientos que restauran el equilibrio natural. De los ratones scurfy a clínicas en todo el mundo, Brunkow, Ramsdell y Sakaguchi demuestran que la ciencia puede sanar al comprender la paz interna. El futuro no solo suprimirá síntomas; restaurará la armonía.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/guardianes-del-equilibrio-el-nobel-de-medicina-2025-y-la-esperanza-contra-enfermedades-autoinmunes/