
Bad Bunny ha acaparado la atención tras su actuación durante el medio tiempo del Super Bowl de este año. Es justo reconocer su impacto: ofreció lo que muchos esperaban: una representación sincera de la diversidad cultural, la memoria colectiva y la solidaridad con las comunidades latinas y otras voces marginadas.
Sin embargo, se discute menos un asunto más profundo: ¿por qué la NFL le otorgó esa plataforma en primer lugar?
Para cualquier activista o movimiento social, tener acceso a un escenario de tal magnitud es un privilegio. Aunque hay muchas causas y propuestas, la visibilidad es lo que escasea. Históricamente, el desafío ha sido menos la falta de ideas y más la ausencia de espacios donde puedan emerger y ser compartidas colectivamente.
He mencionado anteriormente la necesidad de ir más allá de una visión puramente materialista y la relevancia del significado en nuestras acciones. El sentido proporciona coherencia y dirección a la vida humana; sin él, incluso las acciones más intensas pueden desvanecerse en el agotamiento y la repetición.
Un ejemplo revelador de este principio emerge de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL).
No es la primera vez que la NFL se posiciona, a menudo con notable precisión, en relación con las tensiones culturales y sociales de su tiempo, sin ser abiertamente partidista. Esta capacidad no es fruto del azar; ha sido cultivada a lo largo de los años a través de crisis y adaptaciones.
Un momento crucial ocurrió en 1993, cuando Michael Jackson transformó el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl en un evento más significativo que mero entretenimiento. Al interpretar Heal the World y We Are the World, reconfiguró la actuación como un acto de moralidad global. Desde entonces, el Super Bowl ha trascendido su naturaleza de evento deportivo para convertirse en un ritual cultural que interpela a la humanidad.
Esa lección se hizo evidente nuevamente en 2002, cuando U2 se presentó tras los ataques del 11 de septiembre. En lugar de ofrecer un espectáculo, la NFL optó por el reconocimiento. El país necesitaba un momento de duelo compartido, no distracciones.
Desde entonces, la tendencia ha perdurado. Las actuaciones que abordan la injusticia racial, la borradura histórica y la identidad cultural no evitan las tensiones sociales, sino que las reflejan simbólicamente. Estos momentos no dictan qué pensar o a quién apoyar; crean un espacio donde las emociones pueden ser vistas y entendidas.
Así, el posicionamiento de la NFL se vuelve evidente. En una de las sociedades más polarizadas de la historia reciente, la liga debe atraer a un público diverso en razas, clases y creencias políticas. El partidismo explícito dividiría a esa audiencia, mientras que la neutralidad absoluta vaciaría de sentido el ritual. La NFL ha aprendido a permitir que los artistas reflejen el momento histórico, manteniendo al mismo tiempo el espacio compartido.
De este modo, el Super Bowl se ha convertido en uno de los últimos verdaderos rituales cívicos en Estados Unidos, donde millones se reúnen alrededor de las mismas imágenes y emociones, a pesar de sus diferencias.
Sería deseable que eventos deportivos globales, como la Copa Mundial o los Juegos Olímpicos, aprendieran de este enfoque, asumiendo con responsabilidad su papel histórico en lugar de limitarse a «cobrar el cheque y marcharse».
Esto también trae una lección para los movimientos progresistas. La NFL muestra que es posible lograr comunión sin uniformidad, unidad sin eliminar diferencias, y significado compartido sin dogmas.
La historia señala que el sentido rara vez surge al azar. Durante el Renacimiento en Europa, la familia Médici no solo acumuló riqueza; decidieron financiar a artistas, pensadores y espacios culturales que dieron coherencia a su época. Eran banqueros, no santos, pero la historia los recuerda por la posibilidad que crearon. La lección es clara: el sentido debe ser respaldado, representado y dotado de recursos. Si una liga deportiva comercial puede captar esto intuitivamente hoy, los movimientos comprometidos con la dignidad y la transformación social deberían tenerlo en cuenta.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/el-super-bowl-el-partido-que-la-nfl-cargo-de-sentido/