
Los últimos veinticinco años han evidenciado el progresivo desmoronamiento de un orden global que se fundamenta en el excepcionalismo legal, el poder sin supervisión y la creencia errónea de que la fuerza podría reemplazar la colaboración.
El fenómeno del Trumpismo no comenzó con la llegada de Donald Trump al poder; se gestó a través del creciente autoritarismo del ejecutivo, legitimado por un estado de emergencia constante. Para comprender esta evolución, debemos regresar al 18 de septiembre de 2001, cuando el Congreso americano aprobó la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF), que otorgó al presidente amplios poderes para detener indefinidamente a personas en el marco de la “guerra contra el terrorismo”.
Durante la administración de George W. Bush y Dick Cheney, se estableció el campo de detención en Guantánamo, lo cual puso de manifiesto un régimen sistemático de encarcelamiento ilegal sin el debido proceso. Los detenidos suelen permanecer en esta instalación de manera indefinida, a menudo sin cargos ni juicio, lo cual contraviene flagrantemente el derecho internacional, incluidos los Convenios de Ginebra y la Convención contra la Tortura. El empleo de la tortura y las llamadas “técnicas de interrogatorio mejorado” constituyen crímenes de guerra según el derecho internacional, sin importar las justificaciones legales presentadas posteriormente por los funcionarios estadounidenses. Guantánamo institucionalizó un estado de excepción permanente, normalizando la detención indefinida y la suspensión de derechos fundamentales.
A nivel global, Guantánamo fue objeto de una constante y generalizada condena. Las Naciones Unidas, a través de sus relatores especiales y de los órganos creados por tratados, afirmaron repetidamente que el campo violaba el derecho internacional y demandaron su clausura. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentaron detenciones arbitrarias y torturas, mientras que el Comité Internacional de la Cruz Roja emitió críticas contundentes hacia las prácticas estadounidenses. Si bien en Estados Unidos, los fallos de la Corte Suprema redujeron algunos poderes ejecutivos y afirmaron derechos de los detenidos, ningún alto funcionario civil o militar enfrentó cargos penales. Esto resultó en un legado persistente de impunidad que socavó la credibilidad de Estados Unidos, tensó relaciones con aliados, avivó el antiamericanismo y sigue debilitando tanto el derecho internacional como la democracia en el país.
Lo que una vez se consideró una excepción temporal en la “guerra contra el terrorismo” ahora se ha convertido en una norma en la política global, reconocida incluso por aquellos que antes defendían el sistema establecido.
Casi veinticinco años después, el primer ministro canadiense, Mark Carney, declaró abiertamente el fin del llamado sistema internacional basado en reglas. En un discurso contundente el 20 de enero de 2026 en el Foro Económico Mundial, Carney instó a los estados a formar asociaciones estratégicas en múltiples niveles para contrarrestar la intimidación por parte de “poderes hegemónicos” y proteger a las naciones más pequeñas.
Carney no se posiciona como progresista ni desafía de manera fundamental el capitalismo, el poder estatal o la militarización. Sin embargo, su intervención refleja un cambio significativo: un reconocimiento, incluso entre las élites, de que la interdependencia y los límites de la dominación ahora configuran el panorama global.
Muchos analistas coinciden en que su discurso podría señalar el inicio de un orden internacional más complejo, edificado sobre múltiples capas de relaciones que inciden en la economía, energía, investigación, seguridad y acceso a recursos. Esto representa una transición del poder político jerárquico hacia una cooperación más pragmática basada en la necesidad, el desarrollo y la estabilidad. Es un reconocimiento implícito de que el futuro de la humanidad dependerá de la colaboración, la dependencia mutua y la comprensión de que cada sociedad tiene algo que aportar al mundo en el que estamos actualmente inmersos.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/de-guantanamo-a-davos-2026/