Cuando la desigualdad se transforma en condena.

El 4 de febrero se ha fijado como el Día Mundial contra el Cáncer, una fecha que nos recuerda que, a pesar de los progresos en la ciencia y la terapia, el cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte a nivel global. No obstante, también nos confronta con una dura realidad: en gran parte del Sur Global, el cáncer no solo se cobra vidas por razones biológicas, sino también por desigualdades estructurales, la falta de sistemas de salud robustos y un acceso profundamente desigual a tratamientos esenciales.

El cáncer ha emergido como una de las patologías más devastadoras del siglo XXI, con casi veinte millones de nuevos casos anualmente y alrededor de diez millones de muertes. Aunque la incidencia está en aumento en todas las regiones, cerca del setenta por ciento de las muertes ocurren en países de ingresos bajos y medios. Esta diferencia no se debe a una mayor agresividad del cáncer, sino a diagnósticos tardíos, tratamientos insuficientes o inexistentes y barreras económicas que hacen que la atención oncológica sea, para millones, inalcanzable.

A nivel clínico, el tratamiento del cáncer no se basa en un único enfoque. La atención moderna combina cirugía, terapias sistémicas (como la quimioterapia, hormonoterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia) y radioterapia, dependiendo del tipo de tumor, su estadio y las características del paciente. En muchos casos avanzados, las terapias sistémicas son claves. Sin embargo, en el Sur Global, la cuestión no radica en cuál tratamiento predomina, sino en que vastos sectores de la población no tienen acceso oportuno ni continuo a ninguno de estos.

La quimioterapia, fundamental para numerosos tumores, enfrenta serios obstáculos en países de recursos limitados. La falta de medicamentos esenciales, interrupciones en las cadenas de suministro, escasa cobertura financiera y altos costos para los pacientes resultan en tratamientos incompletos o inalcanzables. Para muchos, recibir quimioterapia significa viajar cientos de kilómetros, renunciar al trabajo y enfrentar gastos catastróficos para familias que ya viven situaciones de pobreza. Esto genera una mortalidad evitable que no aparece en los ensayos clínicos, pero que define la vida diaria en el Sur Global.

Además, existe una gran brecha en infraestructura sanitaria. En diversas naciones de África, Asia y el Caribe, la falta de servicios especializados de diagnóstico y estadificación impide incluso la confirmación oportuna de la enfermedad. Cuando se diagnostica cáncer, a menudo está en estadios avanzados, reduciendo significativamente las posibilidades de curación y complicando el tratamiento. Aunque la radioterapia no es el principal enfoque en todos los casos, es esencial para un número considerable de pacientes. Sin embargo, muchos países carecen de dicha capacidad, transformando tumores controlables en sentencias fatales.

Los factores de riesgo también impactan de manera más severa en el Sur Global. El consumo de tabaco sigue siendo alto en varias regiones, impulsado por mercados menos regulados. Infecciones vinculadas al cáncer, como el virus del papiloma humano y hepatitis, mantienen alta prevalencia debido a coberturas insuficientes en vacunación y tamizaje. La transición alimentaria, urbanización acelerada, aumento del consumo de alcohol, sedentarismo y exposición a contaminación ambiental —incluida la contaminación del aire en interiores por combustibles sólidos— crean un riesgo que se suma a sistemas de salud frágiles.

En este contexto, la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas han reconocido al cáncer como una prioridad en el ámbito de las enfermedades no transmisibles. La ONU ha hecho compromisos políticos para ampliar el acceso a la prevención, diagnóstico temprano, tratamiento y cuidados paliativos, incorporando el cáncer en la agenda de cobertura sanitaria universal. La OMS, por su parte, ha promovido iniciativas específicas, como la eliminación del cáncer cervicouterino mediante vacunación y detección temprana, la Iniciativa Global contra el Cáncer Infantil para mejorar la supervivencia en países de bajos ingresos, y programas destinados a facilitar el acceso a medicamentos oncológicos esenciales y fortalecer los sistemas de salud.

No obstante, el ritmo de estos esfuerzos contrasta con la velocidad de crecimiento de la carga de la enfermedad. Proyecciones indican que, si no se generan cambios estructurales, el número de casos y muertes por cáncer aumentará desproporcionadamente en el Sur Global en las próximas décadas. La brecha entre quienes se benefician de los avances científicos y quienes mueren por falta de atención básica se ampliará aún más.

En este Día Mundial contra el Cáncer, la reflexión es ineludible. El cáncer no es solo una enfermedad física; es también un reflejo del orden global. Donde hay prevención, diagnóstico correcto, tratamientos accesibles y protección financiera, el cáncer se convierte cada vez más en una enfermedad crónica o curable. Donde faltan medicamentos, infraestructura y voluntad política, el cáncer se transforma en una condena silenciosa.

La desigualdad, más que cualquier tipo específico de tumor, es el verdadero «cáncer» que más vidas cobra en la humanidad. No por ser una metáfora poderosa, sino porque determina quién vive y quién muere antes incluso de que el tratamiento comience. Si la lucha global contra el cáncer no incorpora la justicia sanitaria como eje central, los avances científicos seguirán beneficiando a unos pocos, mientras millones en el Sur Global continuarán sucumbiendo ante una enfermedad que, en muchos casos, ya no debería ser mortal.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/el-cancer-en-el-sur-global-cuando-la-desigualdad-se-convierte-en-sentencia/

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