Claro, por favor proporciona el titular que quieres que reescriba.

En el minuto 3:32 del espectáculo del Super Bowl, Bad Bunny, cuyo nombre real es Benito Antonio Martínez Ocasio, realiza un icónico «planchazo» al salir de la casita. Al abrir la puerta, suena la música de los grandes del reguetón: Tego Calderón, Don Omar, Héctor el Father y Daddy Yankee.

Sin embargo, antes de ese momento, hay un par de segundos cruciales: Benito camina por el interior de la casa, mientras se escuchan voces y gestos de sorpresa tras su caída. Con una sonrisa traviesa, se dirige hacia la puerta, ese umbral significativo.

En esos breves instantes, se escucha un fragmento apenas perceptible: “Eh, mamá, eh-eh, mamá…”, de “Quimbara” de Celia Cruz, que dice: “La rumba me está llamando… mientras canto un guaguancó.”

Previo a rendir homenaje a sus referentes, Benito Antonio ya ha subrayado que su historia se remonta a mucho antes. Reconoce una genealogía más amplia: el azúcar, el cañaveral —el primer escenario de su concierto— y la rica historia cultural de la plantación, particularmente el complejo afrocaribeño que, con su mezcla de dolor y belleza, forjó una parte vital de la cultura del continente.

Con su actuación, remarca que viene de un lugar donde se menospreciaron géneros como la rumba, el jazz, y el blues; un legado de música que ha sido condenado al silencio y a la marginalidad. El bolero representa la intimidad del Caribe; la salsa narra la vida en las ciudades latinas; y la rumba, con su herencia africana, el rap como la “CNN de la América negra” y el reggae, todo forma parte de esta historia de resistencia ante el desprecio y la mercantilización.

Bad Bunny está reescribiendo esa narrativa con sus boleros modernos, su reguetón y trap sociales, y su fusión de ritmos como la bomba y la plena, incorporando instrumentos tradicionales y electrónica. Es consciente del significado histórico de este linaje y de cómo lo utiliza a su favor: construye un archivo de lo que se ha intentado borrar, con una visión ambiciosa y trascendental.

Benito reivindica la identidad latinoamericana forjada en el siglo XIX tras las independencias, que dio paso a naciones como la mexicana, argentina y puertorriqueña, con sus raíces en narrativas criollas y mestizas. De esta forma, él resalta su conexión con la identidad puertorriqueña, toda una historia de colonia y resistencia.

Siendo ciudadano estadounidense y parte de la diáspora boricua, Bad Bunny también proviene de una identidad latina, una categoría creada en el siglo XX para agrupar a diversos inmigrantes bajo un mismo término: lo “no blanco” y lo “no negro”, unidos por el idioma. Esta identidad impuesta ha buscado evolucionar hacia una conciencia pan-latina, una historia que él reivindica con intención.

Se enfrenta al excepcionalismo estadounidense, que sostiene que EE.UU. es una nación superior por su origen y valores. Desde el Destino Manifiesto hasta el “líder del mundo libre”, esta narrativa justifica intervenciones y conquistas, enmascarando sus propias violencias. Esta idea ha reaparecido en el discurso actual, promoviendo una noción peligrosa de “pureza” cultural.

Bad Bunny lleva consigo el idioma español, expresándose en su lengua nativa —Super Tazón, música de Puerto Rico—. Continúa una tradición de artistas que encuentran belleza en el habla vernácula, similar a Shakespeare y Twain. Su música, en un español reconocido por la Academia Puertorriqueña de la Lengua como auténtico, desafía las nociones de “vulgaridad”.

Además, Bad Bunny desafía los estereotipos sobre lo latino. Desde el siglo XVI, la visión europea decolonizada ha catalogado a los latinoamericanos como figuras deshumanizadas que validaron la conquista. Esa lógica ha pervivido, transformando al latino en una imagen caricaturesca y limitante. En su show, desafía las limitaciones de cómo se espera que actúe un latino, confrontando estos estigmas con su representación audaz.

Por último, Bad Bunny aboga por un panamericanismo que recuerda que el universalismo no debe imponer una homogenización de las diferencias. Como dijo Aimé Césaire, lo que Europa llamó “universal” excluyó a los pueblos colonizados. En su actuación, Bad Bunny propone un nuevo concepto de “universo”, en el que todas las voces de América son escuchadas e incluidas.

Por Julio César Guanche

También se ha publicado en https://oncubanews.com/ecos/bad-bunny-la-jerga-universal-del-caserio/

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/02/bad-bunny-la-jerga-universal-del-caserio/

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