Capturado por el cabildeo y la corrupción.


En Chile, el mayor impedimento para lograr tarifas eléctricas más accesibles ya no es técnico, sino político y regulatorio. Nuestro mercado eléctrico continúa diseñado para beneficiar a los grandes generadores en lugar de a los consumidores, obstaculizando una transformación energética irreversible.

Durante años, el sistema ha estado dominado por tres grandes empresas generadoras: ENEL, Colbún y AES Andes. Estas compañías han monopolizado la generación convencional con tecnologías muy contaminantes, frenando la entrada de energías renovables no convencionales al alegar riesgos para la seguridad del sistema, una afirmación que ha sido desmentida por la evidencia internacional. En la actualidad, con la energía solar y eólica como las opciones más económicas y Chile teniendo condiciones excepcionales, estos mismos actores se resisten a permitir que los consumidores accedan a un mercado eléctrico más competitivo. Su argumento ha cambiado: antes era “peligroso” introducir renovables; ahora es “riesgoso” permitir la competencia. Temen que esto afecte el empleo y que no se recuperen inversiones, cuando en realidad lo que está en juego son sus ganancias protegidas.

El cierre gradual de las centrales de carbón —inevitable por razones ambientales y económicas— representa el final de una era. Añadido a esto, las centrales de gas, que se presentaron durante años como «energía limpia» o «de transición», también pierden su viabilidad económica y ambiental frente a las renovables más baratas y los sistemas de almacenamiento cada vez más eficientes. Las grandes centrales hidroeléctricas, históricamente el eje del sistema, también están perdiendo relevancia: su alto impacto ambiental, los largos plazos de construcción y la creciente incertidumbre climática las hacen menos atractivas comparadas con soluciones modulares y distribuidas. El abandono de mega proyectos hidroeléctricos evidencia este cambio de paradigma.

A pesar de esta transformación, los consumidores chilenos siguen restringidos. No tienen la opción de elegir quién genera la electricidad que consumen, no pueden optar por energía 100% renovable ni cambiar de proveedor por razones de precio o calidad. Están atrapados en un modelo obsoleto, que pertenece al pasado, cuando la concentración se veía como sinónimo de estabilidad. En contraste, países como Australia y otros mercados desarrollados permiten a los hogares elegir su proveedor de electricidad como actualmente eligen su compañía telefónica. Esta competencia ha reducido precios, promovido la innovación y ampliado las ofertas de energía limpia.

Australia ofrece una señal intrigante del futuro: en horas de alta irradiación solar, algunas comercializadoras ofrecen electricidad gratuita para maximizar el uso de la generación renovable y evitar desperdicios. Cuando la energía es abundante y su costo marginal se aproxima a cero, el sistema eficiente la utiliza. En Chile, en cambio, seguimos debatiendo cómo “contener” a las renovables cuando generan en exceso, protegiendo contratos inflexibles y estructuras obsoletas.

Desde la perspectiva económica y comparando experiencias internacionales, solo hay dos sectores donde el monopolio se justifica: transmisión y distribución, dado que son monopolios naturales que requieren mucha infraestructura. La generación ya no es un monopolio. Hoy en día es diversa, descentralizada y competitiva. Protegerla como si fuera un monopolio natural no garantiza seguridad, sino que asegura concentración.

Un mercado eléctrico abierto y competitivo fomentaría más innovación, reduciría las tarifas y permitiría a Chile atraer inversiones orientadas al uso intensivo de electricidad: centros de datos, hidrógeno verde, electromovilidad e industria digital. La energía limpia y asequible puede ser una ventaja estratégica, pero solo si se deja de gestionar como un privilegio de unos pocos.

La disyuntiva es clara: seguir protegiendo a las generadoras tradicionales o facilitar un futuro centrado en el consumidor. Para quienes creemos en el mercado, el desafío es evidente: enfrentar el cabildeo regulatorio, reducir la captura, combatir la corrupción y devolver el poder de elección a las personas.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2026/01/el-ineficiente-mercado-electrico-chileno-capturado-por-el-lobby-y-la-corrupcion/

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