Una lección antigua que Chile vuelve a escuchar – Noticias de Atacama y Chile.

Dra. Ximena Martínez Oportus, directora de la Comisión Nacional de Equidad y Perspectiva de Género del Colegio Médico Veterinario (Colmevet) y profesora titular en la Universidad de Mayor

Chile es a menudo considerado a través de sus contrastes. El desierto de Atacama y los bosques de La Araucanía pueden parecer opuestos, pero ambos comparten una lección profunda que proviene de sus pueblos originarios. La relación entre humanos, animales y naturaleza forma un tejido en el que el bienestar de uno nunca puede ser separado del bienestar de los otros.

En Atacama, el asentamiento ancestral se desarrolló a partir de una observación meticulosa de un entorno frágil. Los animales, en especial los camélidos, no eran meros recursos económicos, sino compañeros esenciales de subsistencia y movilidad. La historiografía ha revelado que su cuidado estaba vinculado a un orden ecológico y ritual, donde dañar a un animal significaba romper la armonía del territorio y poner en riesgo la salud colectiva. En el desierto, cuidar la vida siempre implicó cuidar de la comunidad.

En La Araucanía, la cosmovisión mapuche refleja esta misma lógica relacional. El itrofill mongen, o la diversidad de la vida, reconoce a los animales como elementos activos de un sistema interdependiente. Cuando se quiebra la relación de reciprocidad entre personas, animales y su entorno, surge la enfermedad, no solo como un fenómeno biológico, sino como un desajuste en la forma de habitar.

Esta comprensión ancestral se alinea hoy con reflexiones filosóficas que cuestionan la división moderna entre sujeto y mundo. Kant planteó que el conocimiento no es un mero espejismo de la realidad; Heidegger conceptualizó la existencia como ser-en-el-mundo; y Merleau-Ponty enfatizó que toda experiencia es corporal y contextual.

La ciencia contemporánea ha llegado a conclusiones similares. Humberto Maturana y Francisco Varela demostraron que lo humano surge de la conexión, no del aislamiento.

Actualmente, conceptos como Una Salud y One Welfare, promovidos por la OMS, la OIE y la FAO, reafirman lo que nuestros pueblos originarios han sabido siempre: que la salud es relacional, territorial y compartida.

Si esta claridad forma parte de la sabiduría ancestral de nuestra nación, ¿no debería entonces la medicina veterinaria, enmarcada en Una Salud y One Welfare, ser reconocida plenamente como una de las profesiones de la salud en Chile?

Con Información de tierramarillano.cl

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